Desnuda

desnuda

Me presento ante vosotros desnuda, que es como me siento en mis sueños. Comprenderéis que hablo en el sentido figurado, pese a que cuando hace calor también sueño desnuda, hablando de piel. Pero la desnudez de mi sueños, sea desnuda o tapada con una manta que me protege, es la de mi subconsciente. Debe estar en paz conmigo, él, porque le doy más voz de la que ningún subconsciente pudiera imaginar. Le doy identidad, casi le falta un nombre. Le cuido y a veces se porta mal conmigo, enviándome pesadillas.

Pero claro, como soy yo, soy benévola con él, y me dejo desnudar. Y me dejo acariciar mi piel que se compone de capas muy finas, sólo por él. Dar autonomía a tu subconsciente supone no tener nada que esconder, es un ejercicio de libertad inimaginable.

Se activa con la música, y se mueve por mi cuerpo como una serpiente.


Claustrofobia

claustrofobia

Allí me encontraba yo, encerrada en un saloncito sin ventanas, por tanto sin luz y casi sin aire. Alrededor de una mesa de camilla, ellas y yo, viejas glorias fallecidas, muy pintadas para quitarse el rictus de muertas, rociadas de laca. La mesa de camilla la recuerdo perfectamente, ha aparecido en mi sueño menos difuminada que las muertas, porque yo miraba hacia abajo para no encontrarme la mirada de ninguna de ellas. Terciopelo color albero y un mantoncillo de croché amarillo también.

No sé si vamos a jugar a las cartas o hacer una sesión de espiritismo, pero me cuentan bajito que ellas ya saben cuándo van a morir, cuando han muerto, y esperan sentadas y muy arregladas a que alguien se las lleve de allí. Yo miro el mantoncillo y me masajeo el cuello con mi mano izquierda.


La memoria

Tengo una memoria privilegiada, salvo por algunas cosas.

No se me olvida nada, salvo algunas cosas.

Regálame ese libro, por favor.


Un viaje

Recorrí el Reino de Aladino y me dejé olvidado mi brazo derecho.


Desayunos robados

desayunos

Mato por un desayuno, y anoche me acosté sin cenar. No digo más.

Esta noche he soñado con mi vecino y sin embargo amigo JAs (José Ángel Silva para los profanos) con el que de hecho tengo que quedar para ver un nevo proyecto en el que andamos trabajando. En el sueño me ha citado para desayunar y ver algunos dibujos en su ordenador. Supongo que esta noche he pasado mucha hambre, de otra manera no se explica las gamberradas en las que nos hemos embarcado.

Cuando llego a su casa veo que me espera fuera, sentado en su coche, listo para salir a alguna parte:

- “He pensado que podemos desayunar fuera”.

Me ha parecido una buena idea, aunque tenía un poco de prisa por ver los bocetos de lo que espero sea una preciosa página web. Pero el hambre me ha podido. Visualizaba croissants calentitos con mermelada de fresa, Mmmmm.

Me subo en el coche y lejos de aparcar en una cafetería observo que nos hemos plantado delante de una casa cercana a la nuestra.

- “¿Y ésto? – pregunto.

- Vamos a saltar la valla. De esta casa sale una pareja todos los días con una gran sonrisa, deben de desayunar súper bien. Veamos su despensa.

JAs tiene razón, el desayuno que nos hemos “pimplado” ha sido espectacular. Café recién molido y bollitos suizos con mantequilla. La experiencia ha sido tan positiva que nos hemos aficionado a repetirla. Asaltamos jardines, entramos en portales y tenemos el vicio cogido a forzar cerraduras. Vaya desayunos, en alguna ocasión incluso dejo notas del tipo: “Gracias, la próxima vez las galletas de esta marca mejor integrales”. Llega ya a tal punto nuestro sibaritismo con los desayunos que estudiamos previamente a nuestras “víctimas”; si compran el pan en tal o cual panadería, si tienen niños o no (porque una Pantera Rosa de vez en cuando apetece), si son felices en definitiva. Y nosotros, felicíiiiisimos con los desayunos robados.

Sueños relacionados:

- “¡Qué hambre!”


Soñar contigo

Soñar contigo es perderme en las tinieblas.


Hijos de puta

Le he sacado por la nariz a mi hija los malos pensamientos, con la precisión de un cirujano, provista de  bisturí y un aspirador pequeño fabricado por monstruos amables.

Pero alguno siempre queda, algún pensamiento malo. Hijos de puta, que se pegan al cerebro con sus tentáculos.


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