El rey de Holanda

holanda

Esta noche he estado a punto de casarme con el rey de Holanda. No Guillermo, pero sí un rubio con carita colorada parecido. Ya se había casado en dos ocasiones anteriores y en palacio vivían sus ex junto a sus hijos. Su hija mayor era Chabelita (léase la hija díscola de Isabel Pantoja) pero su madre en mi sueño no era Maribel si no una señora muy discreta a la que no he visto casi la cara. Con la segunda mujer el rey había tenido unos tres o cuatro hijos (aparecen también difuminados, rubios y coloraditos) a los que Chabelita cuida sin ganas; no es una buena influencia porque les pasa porros de vez en cuando.

Ése es el panorama que me espera. Pero el amor es ciego y yo estoy dispuesta a casarme con mi rey rubito. La segunda mujer, una mujer muy atractiva que me provoca celos, es la que me da mejores consejos, o lo intenta, porque a veces me dice cosas sin sentido como que me acueste con los tacones puestos.

El rey de Holanda está pluriempleado, y además de ejercer de soberano, acaba de abrir un restaurante. Muy moderno, en pleno centro de no sé muy bien qué ciudad holandesa, con grandes cristaleras. Y yo le ayudo en el negocio. Tanto le ayudo que llega un momento en que me convierto en chica para todo (cocinera, camarera, encargada de atender el teléfono…). Muy lejos queda lo de palacio, donde viven las ex a sus anchas y los hijos díscolos.

El rey ficticio de Holanda es un picaflor y, mientras yo hago despegar el restaurante, él tontea con tacones lejanos. “Ahhh, no, por ahí no paso”.  Las cristaleras hechas añicos han quedado. Ya no me caso.

 


God Save The Girl

Los viernes sueño con música, “en el colegio escribía de derecha a izquierda”.

Sueños relacionados:


Te escondes

pasillos

No he encontrado a mi subconsciente esta noche, y lo he buscado. Porque si hay algo que me gusta de él es que dirige mis pasos. Y a veces necesito dejarme llevar.

Lo he maldecido en innumerables ocasiones porque es atrevido y me hace pasar miedo. Pero me ha producido más miedo no encontrarlo; mis sueños se han convertido en pasillos oscuros por donde andar a tientas, tocando paredes rugosas para no perder el equilibrio.

Mi subconsciente me hace pasar vértigo, pero la falta de vértigo me ha otorgado una pesadez insoportable. Malo, subconsciente, que tomas forma de serpiente y ahora te evaporas.

 


Pesadilla apocalíptica

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Dos cosas recurrentes me ocurren cuando tengo una pesadilla. Siento escalofríos en la espalda y, cuando quiero pedir auxilio, me quedo sin voz. ¿Os suena?

Esta noche he tenido una pesadilla y me han ocurrido las dos cosas. Suerte que no me gustan las películas de terror, porque con lo que sueño tengo suficiente.

La pesadilla ha comenzado cuando ha llamado mi hermano Juan a la puerta y al abrir lo he notado raro. Muy nervioso, riéndose a carcajadas sin venir a cuento y contándome que tiene fiebre, tiene frío, tiene calor y que ha dejado a mis hijos solos en el parque. Cada vez está más excitado hasta que me confiesa que le han contagiado un virus mortal.

Mi subconsciente se ha acordado de la película “28 días después”, maravilloso precedente de “The walkind dead” en el que casi todos los habitantes de Londres se han convertido en zombis. Ahora no hay zombis, hay locos sueltos, y mi hermano cada vez se muestra más agresivo. ¿Qué hacer? Le cierro la puerta en las narices; ¿me escapo por la puerta de atrás para recoger a los niños? ¿Me quedo en casa para estar segura del virus? ¿Me llevo a los niños en coche muy lejos? ¿Paro a repostar gasolina? ¿Estarán contagiados los de la gasolinera? ¿Compro comida y vuelvo a casa? ¿Llamo a la policía? ¿Estarán los niños contagiados ya?

Mi hermano se da cabezazos contra la puerta, y yo quiero pedir ayuda; pedir ayuda a alguien que me rescate de mi propia pesadilla. Pero no consigo articular palabra, no tengo voz. Intento gritar pero no puedo.

De todas formas he conseguido despertar a toda la casa; sí que estaba gritando, menos mal que me han despertado. Aunque no he podido evitar sentir el escalofrío en la espalda, mi hija pequeña ha aparecido por detrás.

 


Lola dice

Lola dice que el arte es una palabra sin letras.

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Adiós sentimiento de culpa

ventana

Que me provocas pesadillas. Adiós, adiós. Te has convertido en una cadena demasiado pesada de llevar, atada a mis pies. Es que no puedo dar un paso más llevándote a cuestas. Doy pasos, pero en círculo, no avanzo.

Creía que si te abandonaba sería menos empática con el sufrimiento de los demás, pero ya no lo creo. Creía que me descontrolaría, pero ya no lo creo. Tenía miedo a que si te dejaba en el camino iba a sentirme culpable, pero ya no tengo miedo. Creía que iba a ser menos responsable sin ese tirón en los pies, pero ya no lo creo.

Me resisto a dejarte, por si darte la espalda es dar la espalda al orden que tanto me gusta, por si al sentirme ligera me voy a volver más egoísta; pero voy a dar esos pasos, tranquila, despacio… y si cojo carrerilla me haré un salvavidas de palabras, pero no de sentimiento de culpa.

Estás en mi pasado, te huelo en mi futuro, estás en mi ADN pero me voy a rebelar. La atmósfera que me rodea es más pesada de lo normal, y yo estoy acostumbrada a tejer con ese aire plomizo mis relatos y mis cuentos. Me da miedo quedarme sin ese espacio cargado, pero quizás encuentre materia nueva en la ligereza con la que ansío avanzar.

Creía que si te dejaba iba a dedicarme a mirarme el ombligo, incluso_ qué torpe eres a veces, sentimiento de culpa_ que iba a caer en un hedonismo extremo sin importarme en absoluto los problemas de los demás. Pero ya no lo creo. Creía que si te abandonaba iba a perder mi fe, esa que tiene la textura tan fina y con la que hago siempre juegos malabares para que no se me escape de entre los dedos. Ya no lo creo, aunque Dios y yo tenemos una conversación pendiente que ya no te voy a contar.

Te he confundido con un guía que me lleva por el buen camino. Pero has ralentizado mis pasos, y el camino se bloquea. Me voy a asomar a esa otra ventana, no voy a lanzarme al vacío, sólo asomarme y respirar un aire menos pesado.


Aparcar

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No me suele ocurrir, pero esta mañana me he levantado sin acordarme de lo que había soñado. No importa, os confieso que ha sido un pequeño descanso amanecer si tantas imágenes intentando hacerse un hueco en mi memoria.

Después del consabido desayuno, ducha, y puesta en marcha general me disponía a conducir cuaaaando, al darle la vuelta a la llave para arrancar me he acordado de inmediato de lo que he soñado. A mi memoria en blanco (bendito color) han aparecido un flash de luces de neon, una sucesión de imágenes, fotografías pasadas muy rápido. Mi sueño: he estado toda la noche subida a un coche, aparcando.

Si hoy me examinaran del carné de conducir no sólo me aprobarían, si no que me darían un diploma como la persona que mejor aparca del mundo. Y es que he aparcado cuesta arriba, cuesta abajo, en batería, con poco espacio, con espejo retrovisor, sin él, con tráfico, entre pivotes móviles, de emergencia, grandes, pequeños.

No dista este sueño mucho de la realidad, tengo que conducir todos los días. Ya os he comentado en alguna ocasión que además me encanta. Incluso presumo con mi marido de que aparco mejor que él, porque la dirección de mi coche deja mucho que desear, pero esa cámara trasera me vuelve loca.


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