Aparcar

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No me suele ocurrir, pero esta mañana me he levantado sin acordarme de lo que había soñado. No importa, os confieso que ha sido un pequeño descanso amanecer si tantas imágenes intentando hacerse un hueco en mi memoria.

Después del consabido desayuno, ducha, y puesta en marcha general me disponía a conducir cuaaaando, al darle la vuelta a la llave para arrancar me he acordado de inmediato de lo que he soñado. A mi memoria en blanco (bendito color) han aparecido un flash de luces de neon, una sucesión de imágenes, fotografías pasadas muy rápido. Mi sueño: he estado toda la noche subida a un coche, aparcando.

Si hoy me examinaran del carné de conducir no sólo me aprobarían, si no que me darían un diploma como la persona que mejor aparca del mundo. Y es que he aparcado cuesta arriba, cuesta abajo, en batería, con poco espacio, con espejo retrovisor, sin él, con tráfico, entre pivotes móviles, de emergencia, grandes, pequeños.

No dista este sueño mucho de la realidad, tengo que conducir todos los días. Ya os he comentado en alguna ocasión que además me encanta. Incluso presumo con mi marido de que aparco mejor que él, porque la dirección de mi coche deja mucho que desear, pero esa cámara trasera me vuelve loca.


Portugal

La paz siempre la encuentro en Portugal. Esta noche he soñado que la casa que habito me hablaba. La madera cruje. 


Ha vuelto

La estrella de mi ventana. 


La casa del árbol

arbolLa casa del árbol con la que he soñado esta noche es una casa construida en un árbol, pero tan grandes, la casa y el árbol, que hay pasillos incrustados en la roca, estancias suspendidas en el cielo.

En la casa del árbol viven dos niños gemelos, niño y niña, y yo a veces soy el niño y otras la niña. En otras ocasiones soy la testigo soñadora que los ayuda. En la casa del árbol viven también los padres de los gemelos. Mamá es una princesa, papá un malvado príncipe al que todos tememos.

Después de que el malvado príncipe mate a su esposa, los niños tienen que escapar montados en un globo. El globo está hecho de hojas y ramajes, y gracias a que yo soplo con la fuerza de un gigante, se eleva por el árbol, por la roca, por los pasillos y estancias que suben al cielo.

Mi subconsciente ha dado un salto en el tiempo; unos treinta años después hemos visitado la casa del árbol, justo después de que el malvado padre haya muerto viejo y decrépito. Soy uno de los gemelos. Estamos recorriendo las habitaciones cuando un escalofrío en forma de mujer roza mi espalda. He podido ver a la princesa, cambiada, más mayor. No he podido averiguar si es un fantasma, un espejismo o es que ella ha vuelto a la casa del árbol porque nunca murió. El escalofrío me ha despertado antes de descubrir qué ocurrió.

 


Me ahogaba

rio-revuelto

Pero no me ha dado tiempo a sentir la sensación de ahogo, sino el esfuerzo previo a no decaer. No me ahogaba en el mar, ni me ha revolcado una ola. He vivido como real el remar por un rio salvaje (ni que yo nunca…) y no poder con la fuerza de la corriente. Vértigo y fuerza en los brazos, para luego, ploc, y me he despertado.


En mi ventana

Hay una estrella. 


Agosto

julia-roberts-agosto

En la película “Agosto”, basada en la obra homónima de Tracy Letts, el personaje de Julia Roberts le comenta a su hija adolescente: “Si conociéramos nuestro futuro, no nos levantaríamos del sofá”. Viaje en carretera, camino del entierro de su padre.

Desconozco si en la obra de teatro en la que se basa la película (duelo magistral entre Roberts y Meryl Streep, aunque me quedo con Chris Cooper), existe esta conversación o esta frase; la he recordado en numerosas ocasiones. Vivimos tranquilos, ajenos a ciertas cosas: “Si conociéramos nuestro futuro, no nos levantaríamos del sofá”.

Esta noche he soñado que tapizaba varios sofás, me he despertado agotada. Todavía tengo las manos dormidas de utilizar la grapadora, estirar telas.

Comienza agosto.

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