Pintar

blanco

Sueño cosas extrañas, como que pinto tu cara de blanco, con un pincel pequeño, demasiado pequeño, es incómodo. Cuando llego al cuello te pones maaalo. No sé si parar o seguir pintando.

 


Combustión espontánea

fuego

¿Os habéis preguntado alguna vez si es real o posible la combustión humana espontánea? Yo tampoco. Pero esta noche he soñado con este fenómeno extraño.

Supongo que si alguien arde por dentro no sobrevive, pero en mi sueño una amiga ha sido objeto de este desagradable suceso, y se recupera de sus heridas en el hospital. Parece muy grave, no obstante.

He estado toda la noche con mis idas y venidas a un hospital ciertamente muy bonito, de los que casi podrían salir en una revista de decoración. Recuerdo mucho blanco y un jarrón de cristal con flores. Y a cada visita la situación era menos traumática; comenzamos con la combustión espontánea para pasar a unas pequeñas quemaduras por tomar el sol.

Y así he terminado mi sueño, con mi amiga en la playa tomando el sol. Y protección solar máxima, por supuesto.

Que mal me sienta el calor.

 

 


Estaba pensando en ti

A ver que soñamos esta noche tú y yo.

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Nostalgia en espiral

Suelo visualizar el trayecto recorrido en mi vida de forma lineal, incluso cuando he cambiado de dirección; si tuviera que trazarlo en un papel lo haría con una regla, línea recta, a la derecha, a la izquierda. Cuestión de orden, como siempre. Pero hay emociones que rodean esas líneas en forma de bucle, como la nostalgia, que podría casi hacer desaparecer la línea recta si pintara encima de ella.

En mis sueños, de vez en cuando, viajo en el tiempo y siento lo que he vivido hace diez, veinte años como si hubiera sucedido ayer. Me imagino dando pasos atrás sobre la línea ya trazada, lápiz en mano y, en según que tramos, voy pintando encima espirales que me producen un nudo en la garganta.

A veces siento nostalgia del futuro. Avanzo, esta vez en línea discontinua con un rotulador negro para volver a pintar en bucle. Lo bueno es que las líneas del futuro, cuando me repongo, las puedo borrar con una goma a prueba de tinta negra.

En mi último sueño he cambiado de ciudad tan sólo abriendo una puerta. No hay líneas, y casi no hay pasos, sólo puertas y una sensación de absoluta ingravidez. En mi cama, esta mañana, un lápiz. Si pudiera romperlo.

 

 


Una historia de terror

sangre

Cuando sueño, las imágenes me cuentan lo que estoy soñando. Pero hay algunos matices, alguna información, que me susurra al oído mi subconsciente. Por eso sé que esta noche el panorama que vislumbraba pertenecía a una sociedad no en descomposición, si no componiéndose de nuevo, y no después de una guerra, o una invasión extraterrestre si no después de una hecatombe que nadie consigue explicar. Eso no lo podía saber sólo con observar sangre y destrucción, eso me lo ha contado mi subconsciente mientras trataba de escapar de una casa donde nos intentan asesinar.

Yo soy un hombre de unos cincuenta años (eso sí lo sé por lo que observo), que formo una pareja necesaria con otro hombre de unos veintitantos. Nos ha unido nuestro intento de salir de la casa con vida, está claro que no tenemos nada más en común y que yo, hombre A, soy la cabeza pensante mientras que mi compañero, hombre B, va a mi zaga.

En esta sociedad extraña hay un grupo de salvajes que matan sin piedad. No son zombis, ni alienígenas ni tienen un virus, son simplemente salvajes que han estado a punto de acabar con nuestro mundo. Ahora, y eso me lo cuenta mi subconsciente también, son un reducto que vive a las afueras de las ciudades; por eso sé que tenemos escapatoria, y que podemos acudir a otro lugar para estar a salvo.

Hombre B es más fuerte que yo, por eso carga con un adolescente herido de muerte mientras corremos por una carretera. El chico sangra mucho, tiene un agujero en el brazo. Cuando llegamos a la ciudad (imágenes con más asfalto y luces de neón) nos encontramos con un grupo de jóvenes que escuchan música ajenos a los peligros. Y ajenos a nosotros; no nos ayudan, eso me sorprende, parece que se han enfrentado con los salvajes en demasiadas ocasiones y ahora sólo quieren escuchar música.

Andamos, corremos, sangramos y nunca estamos a salvo. Cuando los salvajes están a punto de darnos caza, un coche conducido por una mujer sale a nuestro encuentro. Ahora soy hombre B, y consigo entrar con el chico herido de muerte. Hombre A es alcanzado por ellos; mientras nos alejamos en el coche, a salvo, pienso qué le ocurrirá a hombre A, he visto cómo le han quitado sus gafas; jugarán con él y luego lo matarán.


Amores de infancia, Prince

prince

Esta noche he soñado con Prince. Tras conocer su muerte he estado escuchando “Purple Rain” sin parar. Y ha sido inevitable soñar con ese ser raro, de estética imposible y extravagancias varias que sin embargo me gustaba cuando era una niña. Conforme he ido creciendo me ha seguido gustando su música, eso no ha cambiado, pero mis gustos por los hombres sí, claro.

Mi subconsciente esta noche me lo ha recordado, y me ha hecho un regalo; un viaje en el tiempo para vivir las mismas sensaciones que cuando estaba enamorada de Prince. De nuevo el uniforme del colegio, los olores a lápiz y rotuladores, y los vídeos VHS repletos de vídeos musicales (y de “Doctor en Alaska”, ediciones de los Oscar…).

Ahora basta con ir a YouTube o Vimeo para buscar esos vídeos, pero Prince no quería que su música figurase en estas plataformas, así que sólo podemos recuperar algunos de mala calidad. Pensándolo bien, si quisiera visionar las cintas perdidas de VHS tampoco estarían en muy buen estado, por lo que escucharé “Purple Rain” casi como la hacía entonces. Así se activa en nuestro cerebro la nostalgia, porque ahora tendremos que acompañar este sentimiento a su figura.

Supongo que estaba demasiado cansado… Adiós Slave, Nothing compares 2 U.


Pensamientos sin estructura (y canciones en bucle)

Tengo una tendencia agotadora a estructurar y ordenar todo lo que se cruza en mi camino. Cojines, ropa, y muebles por supuesto. Pero también situaciones, personas, pensamientos. Todas y cada una de las cosas que me ocurren tienen que tener un porqué, los sentimientos un sentido, lo que pienso lo entiendo mejor si está ordenado en alguna zona de mi cerebro. Pierdo mucho tiempo en analizar los comportamientos de los demás, por ejemplo, o las consecuencias que pueden tener los míos. Voy aprendiendo a dejarlo estar, pero creo que abarco en mi cabeza demasiados razonamientos innecesarios. Eso, además de distorsionar en ocasiones la realidad, me cansa enormemente.

Por eso dejo escapar esos pensamientos a pasear a su antojo cuando sueño, por eso mi subconsciente tiene tanta autonomía y le dejo de manera descarada que me desnude. Es el lugar al que acudo para dejarme llevar.

Es curioso que sea precisamente esta canción la que he estado escuchando en bucle esta semana, justo cuando ya no encontraba espacio para tantos razonamientos en mi cabeza y se estaban escapando al resto del cuerpo, que me ha pesado más de lo habitual.

Bailad y respirad.


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