La niña sin nombre

¿Cuánto dura un sueño? Poco tiempo si lo comparamos con nuestro día a día, nuestros meses y años. Una noche como máximo, y supongo que minutos en ocasiones. A mí me sorprende que en ese poco espacio de tiempo se condensen sentimientos que en nuestra vida normal tardas días, meses y años en componer.

Eso me ha pasado hace poco con un sueño que he tenido y me ha dejado muy impresionada. Porque he vivido una aventura con una sobrina que no existe en realidad. Tengo tres sobrinos de mis hermanos; el mayor tiene dos hijas y el pequeño un hijo. Pero en mi sueño tenía dos. Una hija de mi hermano pequeño que en realidad no tiene.

Y en ese rato que ha durado el sueño se ha condensado el cariño, ternura y amor que puedo sentir por mis otros sobrinos a los que he ido tratando varios años, seis, cinco y tres. Una niña pequeña, rubia con los ojos negros, pizpireta y muy atrevida. Se ha metido conmigo en una piscina para aprender a nadar, y a veces se ha lanzado sin flotador la muy loquilla.

Después nos hemos secado con albornoces cantando canciones y la he invitado a merendar.

¿Os podéis imaginar la pena con la que me he levantado cuando he descubierto que esa niña no existe? Como una pérdida. Pero aquí queda su recuerdo, quién sabe por dónde andará. No me he atrevido a ponerle nombre.


Azul eléctrico

Como no me deis una brocha y pintura hoy no sé que voy a hacer. Mi casa esta noche ha crecido como suele ocurrir en otros sueños. Conforme voy caminando va ganando metros y en esta ocasión una planta entera. Una planta olvidada por lo visto, con recuerdos de las niñas de pequeñas por cada cajón y repisa, y además antigua a más no poder.

Es lo que tiene ver Canal DeCasa, que sueñas con estas cosas. Y la necesidad de cambiar el estilo de la estancia desconocida, u olvidada, ha sido imperiosa. ¿Qué ocurre? Que no hay presupuesto y esas maderas antiguas y muebles demodé los tengo que cambiar con una mano de pintura.

Hay que ser moderno, el color es lo que va a cambiar por completo el espacio y, aunque parece que el verde es mi color por lo último que he publicado en redes, yo he visto un aparador que me pedía a gritos que lo pintara de azul eléctrico. Yo lo veía, pero en las tiendas de pintura no eran capaces de encontrar o realizar la mezcla. Hasta he invitado a unos fabricantes de pintura a casa para que vieran el mueble, a ver si les «hablaba» como a mí.

Cuando ya consigo el color y me voy a poner a pintar tengo muchísimas interrupciones. Vienen los niños, «mamaaaaaaaá», me llaman unos primos míos para hablar de cortinas y me visitan unos amigos de Madrid que además han hecho un obrón en su casa que ríete tú de mi humilde mueble pintado de azul eléctrico. Con brillo, no mate.

Y yo que creía que ver este canal me relajaba.


Calma

Hoy mi calma ha llegado en forma de camiseta blanca.

Mi marido, que padece insomnio, me pregunta últimamente cómo es mi proceso de sueño. Porque yo duermo taaan bien. ¿No te desvelas? ¿No tienes conversaciones en bucle? Pocas veces, porque mi serpiente va en busca de la calma allá donde sueñe. Y pese a tener pesadillas o presenciar asesinatos, la sangre que aparece en mis sueños es densa, es calma.

Y hoy he sido muy consciente de esa paz. Hoy me encontraba entre un grupo de personas algo nerviosa hasta que ha aparecido alguien con una camiseta blanca. Me ha cogido la mano, me he acomodado en su pecho y me he relajado como si estuviera apoyada en una almohada. Entonces me ha dicho una frase preciosa sobre el amor; tenía que ver con el vértigo que produce confiar en alguien ciegamente, pero no consigo acordarme de las palabras exactas. El resto de la noche he estado intentando recordar. Nada. Por lo menos me queda el recuerdo de la calma.

Los viernes suelo trabajar escuchando música. Cuando he descubierto esta canción me ha parecido que podría haber sonado en mi sueño de hoy. Siempre hay una canción para explicar algo.


Tantos detalles

Me ocurre cuando sueño que los detalles más concretos me mantienen afianzada en la escena. Porque cuando sueño, aunque forme parte de lo que ocurre, siempre noto la perspectiva de estar observando. Y es mi subconsciente el que se mueve por allí mostrándome esos detalles que aparentemente no son relevantes para la historia.

Como un atrezo necesario. Un descampado por el que paseaba en uno de mis sueños se convirtió en una feria descomunal y recuerdo perfectamente las luces, que eran de color violeta de uno de los puestos, las tazas de porcelana y la carpa que había encima de mi cabeza, porque la tela estaba un poco ajada. Y yo me pregunto qué importa si la tela está ajada teniendo en cuenta que el sueño iba por otros derroteros.

El atrezo de mis sueños es siempre impecable. Otro día, cuando me entrevisté con el Papa, al escritorio que se encontraba detrás nuestra no le faltaba nada; recuerdo unos sobres verdes y un marco con una foto de una pareja en blanco y negro. Nada que ver con el sueño, que lo que tenía que absurdo es que estuviera con el Papa y lo dejara plantado para trabajar con James Franco.

Y así ha sido siempre, los escenarios de mis sueños, por muy surrealistas que sean, están perfectamente «creados», «pintados». Hace poco que soy consciente de ello y creo que eso me hace sentirme casi siempre muy segura dentro de ellos. La serpiente sabe lo que hace.


Silencio

¿Cómo se compagina el amor por las palabras con la necesidad de silencio? Hablo moviendo mucho las manos, me doy cuenta. Alzo mucho la voz, pero necesito silencio.

Necesito escribir, en silencio, escribir y callar. Pero volveré a estar ausente. Me lees y me dejas. Y te lo cuento por aquí, y busco mis palabras favoritas, ¿te acuerdas? «Estremecerse», «retrotopía»…

Shhhh calla, estoy escuchando música. Estoy escribiendo.


¿Misterio resuelto?

Esta noche he hablado con el espíritu de Marilyn Monroe, que me ha pedido que resuelva su asesinato. Porque fue un asesinato (u homicidio) su muerte, me ha confesado. La clave, por lo que estamos muy contentas, es que hemos descifrado el misterio de su fallecimiento. Pero no me preguntéis, que no me acuerdo qué paso. Pero estamos muy contentas.

Hemos ido a un pueblo dedicado a ella y el encargado del museo nos ha ayudado. Entre papeles y fotos estaba la clave. Y lo hemos celebrado en una caseta de feria (tipo caseta de Sevilla). Nadie la veía, porque iba yo acompañada de su espíritu. Allí nos hemos encontrado con unos amigos míos que han tenido un niño; un Playmobil. En serio, un Playmobil. Y se les ha perdido entre tanto jaleo, y búscalo tú entre tanta gente. Un poco triste todo porque seguro que lo han pisoteado.

Al final la Monroe, su espíritu y yo, nos hemos vuelto con el del museo, un señor mayor que nos ha invitado a algodón de azúcar.


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