Soñé… y lo convertí en cuento

Os voy a contar una historia de amor no imposible, no improbable, pero que perdería toda su magia de hacerse realidad. Porque las historias de amor imaginadas, los amores platónicos, son perfectos, responden a nuestra imaginación cuando queremos, y se van respetuosos cuando no es el momento. Y siempre, siempre, satisfacen nuestras expectativas.

Pablo es un niño de once años enamorado secretamente de su vecina, tal es su timidez que incluso se muestra antipático con ella cuando juegan en pandilla. Pero en su casa, repasa cada movimiento de esa niña pizpireta y algo repelente, delgada como un suspiro, que Pablo alimenta a base de suspiros de amor. Y repasa cada movimiento, cada palabra de la niña pizpireta, y por supuesto se recrea con cada roce, cada acercamiento casual. Y ella, Amelia, se convierte en el centro de sus pensamientos, a los once años. Tanto tiempo piensa en ella que confunde la intensidad de sus suspiros con devoción y, con el paso del tiempo, rebautiza a Amelia como su primer gran amor.

Los once años dan paso a los doce, y a los trece, y a la separación necesaria de la pandilla de niños que toman caminos muy diferentes. Y Amelia desaparece de la vida de Pablo y Pablo de la vida de Amelia. Transición necesaria, caminos distintos.

Y los caminos que andan dan paso a la madurez, a los matrimonios, los hijos… y a la noticia de que Pablo ha vuelto de su viaje guapísimo, ¿lo sabías? Ah! Siempre se pareció a aquel actor, ¿cómo se llamaba? Fuiste su primer amor, ¿en serio? No sabía nada… A Amelia le parece halagador, es bonito ser el primer amor de la infancia de alguien. Y se queda pensando en que cuando evoca  la imagen de Pablo siempre recuerda lo mismo: A él cazando para ella una libélula, entregándosela a continuación dentro de un tarro de cristal. Así que ahora Amelia cree encontrar en ese gesto la mayor demostración de amor de la que un niño tímido fue capaz.

Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener. Ver todas las entradas de cristina g. montero

4 responses to “Soñé… y lo convertí en cuento

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