Azul Francia

No debes cantar victoria sólo porque se te haya ocurrido una idea fascinante. Una buena historia no es un momento en el que estás eufórico, tienes un pantalón y un jersey de cuello alto negro, ya sabes, te sientes intelectual, y el ambiente es propicio porque el folio blanco te sugiere poesía y tienes una bonita pluma. Lo que quiero decirte es que no me puedes venir con ese optimismo de dos días y decirme que tienes una idea. No me importan nada tu idea, tus libros o tus cuentos. Yo no tengo nada que ver con eso, a mí me gustan tus ojos.

No te vuelvas loco, ¿vale? No malgastes tu vida en idioteces, ambigüedades, sueños, estupideces y más sueños, y vuelves locos a los que tienes a tu alrededor y música y jerséis de cuello alto negro, libros, tinta verde, viajes, papel reciclado, inspiración, Londres, una historia, mil cuentos.

Intentarlo es como divisar una noria con luces de colores que da vueltas sin parar. Tú la contemplas desde un noveno piso -el nueve es un número que me gusta-, no te tires a por ella, no la vas a alcanzar. ¿Entiendes? Es un espejismo. Yo una vez lo intenté y me quebré los huesos. ¿Sabes? Una persona joven también puede romperse. A mí me ha pasado, yo soy joven y estoy rota. Todo por una absurda noria de colores. Mira, busca tu seguridad. Sé bueno, no hay nada malo en dejar de ser idealista, aunque no hayas cumplido los treinta. Es mejor eso a andar retorciéndose los pies.

No podemos volar, ese es un privilegio que no tenemos. Sólo los chicos de goma consiguen llegar a la noria y entre vueltas y vueltas se mezclan con tus sueños, la tinta verde, el guión, la belleza, dan volteretas como en el circo y te observan burlones, a ti que te encuentras en el noveno piso, y se ríen, a carcajadas. Siguen dando vueltas entre luces, cada vez más rápido. Te están llamando. ¡Tápate los oídos! Es una trampa.

Pero nunca sabrás que existe una noria, porque nunca te lo voy a contar, sé que no tengo la valentía suficiente. Para ti no hay un noveno piso, tú todavía piensas en fabricarte unas alas, fuertes. Vives solo, estás solo, estás conmigo. Rodeado de amigos que no quieren alas. Me gusta tu fragilidad (te imagino escurriéndote por un reloj de arena); inseguro, con la equivocación de mirar siempre hacia abajo. Rasgos perfilados, tu mirada es intensa…

***

No es amor. Me gustaría apenas rozarte con las yemas de los dedos y besarte, pero despacio. Perfilar tus labios con las yemas de los dedos y besarte. Acercar tus manos grandes a mi cara pequeña, me gustaría que me protegieras y me llevaras contigo al mar, allí donde pueda ver a través de tus ojos, azules, y besarlos despacio, despacio.

 

Miro el reloj, es la hora justa para que deje de existir el mar.

 

***

 

AHORA SÉ QUE NO IMPORTAN LAS VECES QUE TE ROMPAS LOS HUESOS, MERECE LA PENA SEGUIR INTENTANDO FABRICAR ALAS DE ÁNGELES… Y VOLAR.

***

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Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener. Ver todas las entradas de cristina g. montero

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