Calmar el dolor

A menudo, en mis sueños, acudo a la orilla del mar. En la orilla me encontré con el cangrejo de coral, y también he jugado con Diego al pilla pilla, los dos descalzos, corriendo por la arena. Acudo al mar y me siento a mirar el horizonte. O cierro los ojos y me convierto en agua.

Necesito el agua en mis sueños para calmar el dolor, y busco la lluvia, y el mar, y la nieve. Necesito convertirme en agua, notar la brisa del mar, anestesiarme con el frío de la nieve para calmar el dolor.

Me ha pasado en ocasiones, en mis sueños, que me he sorprendido metiendo los pies en un charco; necesito el agua para calmar el dolor. También entro en piscinas azules, cojo aire y me sumerjo con los ojos cerrados, apoyo mi espalda en la pared, aguanto todo lo que puedo, salgo entre burbujas, cojo aire, vuelvo a sumergirme en el agua para calmar el dolor.

Y vuelvo a la orilla del mar y entro en el agua, buceo, abro los ojos y noto el escozor del agua salada, y se calma mi dolor.

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Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener. Ver todas las entradas de cristina g. montero

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