Allegro Non Molto

Sueño mucho con la muerte, y de uno de mis sueños nació este relato escrito ya hace unos años. Os aconsejo que lo leáis escuchando esta música:

Ha llegado el momento, me dirijo a un entierro, con una sensación que lejos de parecerse a la tristeza, me deja confundido. Definitivamente me siento algo vacío, raro, me duele la cabeza y estoy nervioso. No suelo ir a los entierros de mis pacientes, pero han sido tantos los meses que he pasado con Cristina, que siento que me debo despedir de ella como Dios manda. Y parece que Dios “manda” hacerlo en una Iglesia presidida por un ataúd. ¡Qué tradicionales somos, coño! Aparco el coche, y allá voy… espero que la caja no esté abierta.

“Y aquí entra en escena el enfermero que siempre andaba alrededor de la cama de la muerta”, digo yo que así me verán algunas caras conocidas que fueron al hospital y ahora diviso al poner un pie en la puerta (el ataúd está cerrado, menos mal). Me siento, el culo se me queda congelado, uno no se siente confortable ni reconfortado en estos sitios; estoy suspirando Cristina, ¿dónde estás? ¿Aquí con nosotros? Comienza la Misa, la despedida, todos en pie, siento que me mareo más. Espero que no sea ésta una de esas ceremonias en las que un familiar y/o amigo, micrófono en mano, cuenta las bondades de la desaparecida. Desde luego su hija y su marido no creo que puedan: antes he visto al viudo en cuestión y tiene la mirada perdida, le ha costado llegar hasta el banco, el primer banco reservado a los familiares, que digo yo estarían mejor en su casa, tumbados en la cama llorando la pérdida. La ironía me sirve para retrasar la sensación de tristeza que empieza a aflorar.

Una ceremonia corta, ya hemos terminado pero… no puede ser, esas notas las reconozco. Por Dios, (la de veces que me estoy acordado de Dios hoy, ¿me estaré ablandando?) suena el Invierno de Vivaldi, sin duda. Recuerdo las intenciones de Cristina, pero creía que no iba a cumplir su amenaza. Emma se vuelve hacia mí con una sonrisa cómplice; acaba de cumplir dieciséis años y quizás ésta sea la última vez que su madre la haga reír. La noto muy serena. A cada nota – esto va en crescendo – se me va acelerando el corazón.

Hace unas semanas, cuando mi amiga era consciente de que su final era inevitable, me comentó que siempre había fantaseado con la posibilidad de que en su entierro sonara el Invierno de Vivaldi:

“Pero no por esa tontería de hacer un símil entre el invierno y el final de nuestras vidas, no va por ahí la cosa. Lo que yo quiero es provocar una tristeza infinita a los asistentes a mi funeral. ¿Te imaginas? En el Allegro Non Molto, justo en esos momentos en los que parece que los violines van a estallar, todos mis amigos llorando a moco tendido”.

Y utilizó Cristina una expresión muy acertada, “llorar a moco tendido”, porque ahora mismo juro que estoy escuchando hipidos y sollozos; flotan en el aire los kleenex. La señora que tengo a mi lado me mira extrañada, con expresión inquisitoria, porque yo tengo una sonrisa de oreja a oreja. Sus ojos parecen decir: “¡Qué insensible, pero si esto es como una catarsis conjunta, una terapia de grupo barroca!”. Qué quiere que le diga buena mujer, yo sonrío porque acabo de descubrir que los muertos pueden enviar mensajes a los vivos. Suena la apoteosis final, ahora sí, señora, ¿me dejaría usted un pañuelito?

Voy a besar a Emma para despedirme y me da un CD: “Mi madre me tenía reservada una última sorpresa. Me ha grabado una cinta con sus canciones preferidas. Pero la muy bruta me la ha hecho llegar después de su muerte con una carta. Me conocía muy bien y quería que me desahogara pronto. Como sé que hablasteis mucho en los últimos tiempos, y además de música, te he hecho una copia, para que llores tú también”.

Me dirijo al coche y le echo un vistazo rápido al “regalito”, reconozco escritas con letra infantil algunas canciones en parte previsibles, como Hotel California, otras no tanto: aquí hay algo de Aznavour; Numb de U2, recuerdo que no sabía por qué extraña razón esta canción la excitaba; y también está presente la boda de Michael Corleone. Ésta es mi chica.

Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener. Ver todas las entradas de cristina g. montero

5 responses to “Allegro Non Molto

  • fergp

    Uff… yo para escribir necesito silencio absoluto. O un jaleo tremendo alrededor (que es lo más frecuente).

  • cristina g. montero

    sí, la música a mí me ayuda a escribir, por ejemplo.

  • fergp

    Música más allá de la muerte… no estaría mal.
    Mientras, vivamos la música :))

  • María Luz Martínez Barañano

    Muy bueno! ” Espero que no sea ésta una de esas ceremonias en las que un familiar y/o un amigo,micrófono en mano, lea las bondades de la desaparecida”.

  • Bitacoras.com

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Sueño mucho con la muerte, y de uno de mis sueños nació este relato escrito ya hace unos años. Os aconsejo que lo leáis escuchando esta música: Ha llegado el momento, me dirijo a un entierro, con una sensación que lejos de pa…..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: