Rayuela

Encontré en “La bendita manía de contar” de García Márquez cierta soberbia, y yo me muevo más entre las medias verdades, que son las verdades verdaderas. Aprendí a vivir con ello y a no justificarme por mi tolerancia mal entendida; lo que Julio Cortázar, o más bien Horacio Oliveira llama “duda inteligente, vaivén sentimental”. Sobre el vaivén construyo yo una casa sólida como una roca, sin vaivenes.

Y mientras leo “Rayuela” siento cierta vergüenza por descubrirte tarde, pero también en que nunca es tarde, y en la frescura que me otorga la falta de soberbia, aunque quede un poco soberbio decirlo. Y ahora directamente te digo: “Vos”, vos estáis en el mismo barco.

Creo que pensar en situar, razonar y justificar cada paso que doy cansa, me hace perder el tiempo; a veces lo pienso. Pero entonces leo libros y me doy cuenta que en cada pensamiento y razonamiento y justificación de mi actuar está el fin al que quiero llegar, del que aprendo; el espacio entre dos partículas de aire que no me pierdo.

A veces huelo los libros que me estoy leyendo. Y pienso que tengo mucha suerte de perder así el tiempo.

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Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener. Ver todas las entradas de cristina g. montero

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