Por favor

porfavor

No sé la razón de porqué la expresión “por favor” tiene tan poca credibilidad. Cuando a mis hijos les pido las cosas por favor no parece que esta expresión les entre en el oído. “Por favor, ¿podéis recoger la habitación?”, “Me gustaría que terminaseis la comida sin protestar, por favor”, “Por favor, ¿dejas de pelearte con tu hermana?”. El oído ante el “por favor” se vuelve sordo. Eso sí, si levanto el tono, hasta el grito si hace falta, y cambio el “por favor” por alguna palabrota (Dios me perdone), todos obedecen.

Si un asesino está a punto de acabar con tu vida (esto no es algo que haya experimentado en primera persona, basémonos en lo visto en el cine, por ejemplo), basta decir “por favor” para que uno se ensañe más con el puñal. Habría que probar a decir “¡Mátame!”, lo mismo al asesino lo descolocas y te perdona la vida.

Antes de las vacaciones de Semana Santa, “¡por favor, qué cortas!”, le pedí, por favor, a un amable conductor que no aparcara en doble fila, porque estaba obstaculizando mi coche. Reaccionó como un animal de bellota, quizás si yo me hubiera puesto a gritarle habría quitado el coche inmediatamente.

En la consulta del pediatra le pedí en una ocasión, al doctor en cuestión, que me dijera, por favor, cuál era el protocolo a seguir si mi hija volvía a convulsionar por fiebre. Y la respuesta del señor fue, sin anestesia, y sin un amable usted: “No te neurotices”. Quizás si me hubiera puesto neurótica y hecha una energúmena diciendo algo del tipo “de aquí no me muevo hasta que no vean a la niña”, quizás, me hubieran dado una lista con pasos a seguir. Pero yo me fui de la consulta con dos lagrimitas, gracias.

Yo sigo, erre que erre, pidiendo cosas que no vienen al caso “por favor”. Me gustaría que me leyeras, por favor. No me agobies, por favor. Coge el teléfono que ya te he llamado tres veces, por favor. A Dios sin embargo no le pido nada, ni con favor ni sin favor, no depende de Él, ni le doy las gracias, en todo caso le pido perdón, en ocasiones, a veces.

¿Te reúnes conmigo, por favor?

Sea breve, por favor.

No me mienta, haga usted el favor.

Por favor, ¿me deja pasar su frontera?

Por favor, ¿deja de bombardear mi casa?

¿Puede no bajarme los pantalones, por favor? Gracias.

 

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Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener. Ver todas las entradas de cristina g. montero

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