Archivo del Autor: cristina g. montero

Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener.

Infierno

calcetines

Todo el peso del mundo se le posó en un latido, por eso le dolía al respirar.

El infierno me lo imagino doblando calcetines.


Desde las alturas se ve todo mejor II (O Rojo III)

 

rojo3(1)

Soñé con Hugo esta semana y me acordé de que me decía que siempre llevaba algo rojo. Lo he vuelto a soñar porque supongo que ya sólo charlaremos en sueños.

Hemos subido volando a una montaña, porque desde las alturas se ve todo mejor, y le he contado que el dragón de mi hija Lola es rojo. Que me gustan los zapatos rojos, acabo de estrenar una agenda roja y mis nuevas gafas son rojas.

Le contaría que los labios rojos, a veces, pero la funda del móvil es roja.

Desde las alturas le he contado que las carpetas siempre rojas, paspartú rojo si enmarco esa grafía china que significa primavera. Calcetines rojos y botones rojos. Le he contado en secreto que a veces escribo rojo como la nieve blanca.

 


Desde las alturas se ve todo mejor

cuerda

Hoy le he estado contando a Maruja Torres todo lo que escribo… libro, cuentos, blog. La he agobiado un poco porque andábamos en una caseta de feria (perezón, perezón) y ella tenía ganas de juerga.

Me han recomendado cambiar de caseta de una manera diferente, cogiendo un ascensor mágico. Pero el ascensor me llevaba a un pueblo laberíntico del que no era capaz de salir. Cuando volvía a ver la puerta del ascensor, lo intentaba de nuevo, pero cual teleférico, con vértigo incluido, me dejaba en el mismo pueblo. En el pueblo elaboran turrón, pero a mí no me gusta el turrón. Ni las casetas de feria así en frío, sin anestesia.

Pero he conseguido volver, Maruja bien, más amable conmigo; ahora tengo que buscar a Hugo, un buen amigo del que no sé nada desde hace más de diez años. Hoy he estado buscándolo en redes, pero ni rastro. De vez en cuando aparece en mis sueños, esquivo.

Hay confeti por todas partes, porque las ferias son coloridas, o deberían serlo. Yo me subo a los cables del ascensor-teleférico a hacer acrobacias, pero me convierto en bloque de hielo. Desde las alturas se ve todo mejor, aunque sea en proceso de congelación.

 

(Imagen: The Walk).


La infancia

vias_tren

Hoy me he encontrado a un amigo de la infancia; me ha pedido que lo acompañara a dar un paseo. “Hasta Río Seco”, me ha dicho. A saber qué será Río Seco. Le he preguntado cuánto íbamos a tardar, si eran veinte minutos podía, si eran cuarenta tenía que volver con mi familia. Lamentablemente el paseo era de cuarenta minutos, demasiado tiempo.

Me he alejado de él, con nostalgia, lleva una chaqueta verde militar, y me apetece engancharme a su brazo y pasear, pero me doy la vuelta.


Un sueño muy normal

normal

Convencerte en un sueño de que no estás soñando. Esta noche he hablado conmigo misma sobre mi sueño.

Iba paseando por unos pasillos encontrándome personas que conozco: “Nada raro, voy saludando a personas que conozco, entonces no estoy soñando”.

Algo normal, ningún muerto, ningún desconocido, ningún presidente de los Estados Unidos… Hola, hola, qué tal.

  • “¿Te acuerdas de mi hermano?”.
  • “Sí, hola, ¿qué tal?”.

Voy avanzando por el pasillo e intuyo que a alguna parte me dirijo. ¿Vosotros lo sabéis? Porque me he tirado toda la noche pasilleando y saludando a conocidos, “¿cómo estáis?”.

¿Será que tengo que conocer a gente nueva?

Un sueño muy normal.

P.D. El de la foto soy yo en el futuro… caminando por distintos pasillos.

 


No es que se acerque Halloween (Historias para no dormir I)

león

He dormido profundamente, pero el sueño que he tenido esta noche es para haberse despertado sobresaltada y no volver a pegar ojo.

Imaginaos un grupo de “personajes peligrosos” de mediados del siglo XX. En alguna ciudad europea… Si estuviera iniciando el guion de una película, o tuviera que preparar el atrezzo, éstas serían las primeras vagas anotaciones: maleantes peligrosos en una ciudad de Europa del Este. Vivan los clichés.

El escenario que ha creado mi subconsciente es éste. Y yo formo parte del grupo, no digo que tuviera una gabardina y una boina pero me podíais imaginar así. Uno de nuestros amigos vive en un perpetuo desconsuelo porque sabe que le van a matar. Nosotros no le hacemos mucho caso, pero nos advierte que un grupo rival va a por él. Suda, está consumido, mientras los demás bebemos alegremente.

Y de repente… el tiro en la frente, la cara rígida, blanca, la muerte. Tenía razón, querían matarlo. El jefe de nuestro grupo está rabioso, descorazonado, quiere vengarse.

Conseguimos llegar hasta ellos y, en medio de la calle, soltamos un león que destroza y devora a dos de ellos mientras mi rabioso compañero se carga a otro metiéndole una aspiradora por la cabeza y triturándole. Los gritos son espeluznantes.

Esta mañana me he quedado en la cama pensando en las dos opciones. Os pregunto, ¿preferiríais vivir angustiados sabiendo que vais a morir pero que la muerte fuera rápida, indolora, como la bala en la frente? ¿O es mejor la opción de vivir alegremente, sin esperar la muerte, pero cuando llega tenéis que pasar un rato de auténtica tortura?


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