Archivo del Autor: cristina g. montero

Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener.

Cucurrucucu, no llores

Desde que me di cuenta de que lo único que tenemos son la preguntas, ya no me hago demasiadas preguntas. Todas las contesto con la misma respuesta: “No lo sé”. No lo voy a averiguar, no en este mundo.

Ayer estuve en la playa, tenía los pies en alto en un mar verde y estuve pensando en ello. Un buen baño que me recordó varias reflexiones: Quizás (“no lo sé”) somos producto de la educación que recibimos, pero la educación es lo más voluble que tenemos cuando somos adultos, ésa se puede cambiar. Somos producto de la cultura y generación que hemos vivido, ésas son más difíciles de desincrustar. Y somos animales de impulsos, aunque a mí las emociones me gusta canalizarlas y darles un sentido intelectual. Somos seres sociales, y culturales. Pretender algo más es puritita soberbia.

“¿Y ya está?”. Me dio cierto vértigo no sentir vértigo. Y como tal, soñé con el vértigo. Me dio vértigo la nada, y me acordé del paso del tiempo y de ti papá. ¿Cómo se vive sin padres? ¿Y sin hermanos? ¿Y con tanto pasado? Y cogí todo ese pasado y visualicé la imagen de un viejo marinero, con una pulsera de cuerda en la muñeca gastada por el mar. Y se me pasó el vértigo. Te voy a regalar una pulsera con alguna concha de las que rescato en mis mejores baños.

Estoy escribiendo estas palabras y te tengo frente a mí, y escucho la versión de Caetano Veloso de “Cucurrucucú, paloma” para Hable con Ella. A ti que te gusta Almodóvar; te la dedico. No llores.

Vamos a saborear el salitre de la pulsera. Cuando más gastada esté, mejor.

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Me aturde

ojos

Ayer estuve observando a mi hijo pequeño mientras dormía la siesta. Mientras lo acariciaba se me ocurrían algunos encuadres y hashtags para publicar en Instagram. Pero sólo pensarlo (y no es que lo haga de vez en cuando) me provocó cierta punzada en el estómago. Es que coger el móvil me aturde. Y creí que era mejor seguir observándolo, deleitarme en su respiración.

Trabajo con redes sociales para dos agencias de comunicación (me encanta, fomenta mi creatividad, estoy todo el día alerta); el móvil me sirve para estar en permanente contacto con mis clientes y para que no se me escape nada, estar totalmente al día de novedades de cada una de las empresas que llevo. Pero la pantalla del móvil me aturde, se me duerme la mano si estoy más de cinco minutos buscando info.

Utilizo el ordenador, un portátil, pero con el móvil al lado, y muchas veces vuelco publicaciones en Facebook y Twitter desde el móvil, o una Tablet muy mona que me compré hace unos meses. Pero la pantalla de la Tablet me aturde. Nada de Netflix ni Amazon Prime desde la pantalla de mi Tablet; tengo que ver “mis” series desde la tele. Es que me aturde.

Instagram desde luego desde el móvil, ¿cómo si no? Me gusta lo que hago con las empresas que llevo, y me gusta mi perfil de Instagram. Me gustan las fotos que vuelco, pero el móvil me aturde.

Este artículo (y tantos otros), que escribo tranquilamente desde el ordenador, lo voy a compartir con vosotros en Facebook y Twitter, y a muchos os lo envío por whatsapp; es la única manera, me comentáis, de que lo leáis. Pero una vez hecho todo esto, dejo el móvil hasta por la tarde… es que me aturde.

No hablo de comunicar todo por redes o de escribir online, que viene siendo mi trabajo desde hace años, me refiero a la pantalla, que me aturde. Necesito el papel en los libros por ejemplo. No puedo renunciar al papel, no puedo leer ni por EBook. Me aturdo. Pero por supuesto LOLA Y EL DRAGÓN también tiene versión Kindle, que no se trata de ir en contra de los hábitos de lectura de nadie.

No creo que sea una cuestión generacional lo del aturdimiento mío. Mis hijas necesitan una dosis de pantalla diaria que yo intento siempre recortar. Pero lo mismo le ocurre a mi madre, que lee por Ebook y está rejuvenecida con un grupo de whatsapp de sus amigos de infancia.

Y a través de un grupo de whatsapp estoy en contacto con amigas que me dan la vida, repartidas por varios sitios de España y “parte del extranjero”. Otro grupo ha afianzado otra amistad que espero dure mucho tiempo. ¿Cómo renunciar a eso? Pero comenzar el día leyendo mensajes me aturde.

¿Y lo de compartir los momentos de siesta de mi hijo? ¿O una imagen de Martina leyendo el periódico como una persona mayor? ¿Y contároslo? ¿Y este blog? ¿Forma parte de ese ego que hemos sobre-desarrollado al compartirlo todo en redes o mi vocación de CONTAR como periodista? Una mezcla, aunque a veces me acuerdo de esa famosa frase de Umbral: “He venido aquí hablar de mi libro”. Y de mis cuentos, y mis artículos…

Cambiando de tema, ¿me hago un tatuaje en la yema del dedo?


La vida duele

Aunque la dejemos a su aire.


Soldi

Barry-Seal

Pues no he visto Barry Seal pero esta noche he soñado que Tom Cruise había montado una fábrica de dinero falso en casa de mi abuela. Ya os he contado que de vez en cuando acudo a esa casa en mis sueños.

Esta noche he vuelto; era consciente de que era un sueño pero aún así no he perdido la oportunidad de hablar con mi abuela, y pedirle que se sentara a descansar porque se le veía muy atareada.

Pero lo que ella quería hacer en realidad era borrar todo rastro del dinero y las máquinas de hacer billetes. Anda que… Difícil teniendo en cuenta que la casa ahora no tiene ni un tabique y todo el operativo se ve desde la entrada.

En fin, allí estaba Tom, vestido de cuero negro (me pregunto por qué) y regalándome dinero. Mi abuela encantada.

Episodio aparte merecen los ascensores. Porque ha comenzado una huida, policía it´s coming, y hemos tenido que salir corriendo. Quien conozca esa casa sabe que los ascensores son de lo más tétricos, como jaulas. A mí siempre me han dado miedo. Encerrada en una jaula he acabado la noche, llena de billetes y con el del cuero negro al lado.


Querido Dios II

querido Dios

Ya lo sabes, qué te voy a decir, las verdades no existen en este mundo, sólo las creencias. Mientras no quieras regalarme la fe, esa que tiene consistencia de humo y que cada vez veo menos, me siento una intrusa a tu lado.

Nuestra relación debe estar basada en la libertad, en la de elegirte, y siempre ha habido un halo de conveniencia entre nosotros. No es culpa tuya, pero he tenido siempre la sensación de que no me relaciono contigo porque quiero si no por miedo al castigo. Y yo no quiero que nuestra relación sea así. Quiero elegirte porque sí, porque te quiera libremente. Y si no va a ser así, doy un paso atrás, ojalá no sea definitivo, pero me parece muy hipócrita estar contigo por conveniencia, por asegurarme un lado en el cielo.

Necesito saber, no me taches de vanidosa, cómo actuar sin ese condicionante siempre detrás. Premio – Castigo; no está mal para educar a un niño, pero como adulta ya no me vale. No me taches de soberbia, de querer anteponer las necesidades del ser humano, de querer descubrir mi potencial andando sola. Sólo tú sabes que esto no es pasajero, llevo mucho tiempo esforzándome por quererte de verdad, pero hay algo artificial que se interpone entre nosotros.

Me da un poco de vértigo sentir ahora cierto desamparo. No me enfrento a ti, mis hijos espero seguirán a tu lado. Yo voy a dar un paso atrás, ojalá no sea definitivo.

Sueños relacionados:

 


Hay demasiados mosquitos

mosquitos

Hoy he vivido una aventura muy entretenida. He estado con mi marido matando mosquitos. Aparentemente os puede parecer un rollo, y más si es por la noche y lo que quieres es dormir.

Pero hemos matado mosquitos con unas pistolas especiales con rayos láser y en una nave espacial. Sienta bien pasar tiempo solo con tu marido para variar, aunque sea ataviado como los cazafantansmas y apuntando con el láser a los simpáticos bichitos. También había avispas gigantes; la nave ha acabado repleta de viscosidad amarilla y negra.

Sienta bien pasar tiempo solo con tu marido (y la compañía de los insectos) para variar. Entre disparo y disparo hemos hablado de ciertas cosas que no tenemos tiempo a abordar normalmente. Nuestra vida es una sucesión de conversaciones interrumpidas por nuestros hijos.

Cuando hemos llegado a casa estábamos cansados pero satisfechos, contentos de haber hecho algo divertido juntos. Al momento han aparecido los niños convertidos en mosquitos gigantes.


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