Archivo del Autor: cristina g. montero

Acerca de cristina g. montero

Escritora y periodista con ganas de contar pequeñas historias. ¿Mi excusa narrativa? Los sueños que tengo, auténticos cuentos para divertir, hacer pensar, entretener.

La infancia

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Hoy me he encontrado a un amigo de la infancia; me ha pedido que lo acompañara a dar un paseo. “Hasta Río Seco”, me ha dicho. A saber qué será Río Seco. Le he preguntado cuánto íbamos a tardar, si eran veinte minutos podía, si eran cuarenta tenía que volver con mi familia. Lamentablemente el paseo era de cuarenta minutos, demasiado tiempo.

Me he alejado de él, con nostalgia, lleva una chaqueta verde militar, y me apetece engancharme a su brazo y pasear, pero me doy la vuelta.


Un sueño muy normal

normal

Convencerte en un sueño de que no estás soñando. Esta noche he hablado conmigo misma sobre mi sueño.

Iba paseando por unos pasillos encontrándome personas que conozco: “Nada raro, voy saludando a personas que conozco, entonces no estoy soñando”.

Algo normal, ningún muerto, ningún desconocido, ningún presidente de los Estados Unidos… Hola, hola, qué tal.

  • “¿Te acuerdas de mi hermano?”.
  • “Sí, hola, ¿qué tal?”.

Voy avanzando por el pasillo e intuyo que a alguna parte me dirijo. ¿Vosotros lo sabéis? Porque me he tirado toda la noche pasilleando y saludando a conocidos, “¿cómo estáis?”.

¿Será que tengo que conocer a gente nueva?

Un sueño muy normal.

P.D. El de la foto soy yo en el futuro… caminando por distintos pasillos.

 


No es que se acerque Halloween (Historias para no dormir I)

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He dormido profundamente, pero el sueño que he tenido esta noche es para haberse despertado sobresaltada y no volver a pegar ojo.

Imaginaos un grupo de “personajes peligrosos” de mediados del siglo XX. En alguna ciudad europea… Si estuviera iniciando el guion de una película, o tuviera que preparar el atrezzo, éstas serían las primeras vagas anotaciones: maleantes peligrosos en una ciudad de Europa del Este. Vivan los clichés.

El escenario que ha creado mi subconsciente es éste. Y yo formo parte del grupo, no digo que tuviera una gabardina y una boina pero me podíais imaginar así. Uno de nuestros amigos vive en un perpetuo desconsuelo porque sabe que le van a matar. Nosotros no le hacemos mucho caso, pero nos advierte que un grupo rival va a por él. Suda, está consumido, mientras los demás bebemos alegremente.

Y de repente… el tiro en la frente, la cara rígida, blanca, la muerte. Tenía razón, querían matarlo. El jefe de nuestro grupo está rabioso, descorazonado, quiere vengarse.

Conseguimos llegar hasta ellos y, en medio de la calle, soltamos un león que destroza y devora a dos de ellos mientras mi rabioso compañero se carga a otro metiéndole una aspiradora por la cabeza y triturándole. Los gritos son espeluznantes.

Esta mañana me he quedado en la cama pensando en las dos opciones. Os pregunto, ¿preferiríais vivir angustiados sabiendo que vais a morir pero que la muerte fuera rápida, indolora, como la bala en la frente? ¿O es mejor la opción de vivir alegremente, sin esperar la muerte, pero cuando llega tenéis que pasar un rato de auténtica tortura?


Un apartamento ideal

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Hace tiempo que no leo revistas de decoración. No sé si os lo he contado, pero me relajan. Pero últimamente no tengo tiempo. Sin embargo esta noche he soñado que me mudaba a un apartamento ideal, y que participaba activamente en su remodelación.

Tampoco tengo necesidad de escapar, ni de cambiar las cosas de sitio en mi propia casa (algo habitual hace un tiempo, pero ya cada cosa está en su sitio). Sin embargo parece que me he sentido muy a gusto en ese espacio que iba quedando tan acogedor.

Apartamento pequeño, espacios aprovechados, colores vivos pero serenos a la vez y sobretodo unas cristaleras impresionantes, y vistas al mar. Un apartamento ideal.

Poco a poco lo ideal se ha ido desdibujando y es que, cuando he pasado a lo que iba a ser mi dormitorio, me han comentado que mejor ese cuarto lo dejara de almacenaje porque el suelo estaba mal aislado. Y al asomarme a las enormes cristaleras el mar se ha colado entre mis pies. Alguien muy antipático me ha comentado: “¿Qué querías? Si vives cerca del mar tendrás que hacer frente a las humedades”.

El apartamento ideal se ha ido deformando, como un decorado, una proyecto de cartón piedra… ¿qué querías?


Yo, judía

Ocurre a veces que, cuando duermes, sueñas que te caes. Tu cuerpo reacciona y da un vuelco. Una siesta.

Una siesta estaba yo durmiendo cuando me ha ocurrido continuamente. Cada vez que iba conciliando el sueño, perdía el equilibrio y parecía que me caía. Por fin el sueño.

Por fin el sueño, y un paseo en el que me he encontrado a Leonard Cohen. Cuando iba perdiendo de nuevo el equilibrio me he abrazado a él y me ha ayudado a no caerme. Un abrazo protector que he visualizado como un travelling circular. Y mientras, la cámara.

Y mientras la cámara da vueltas yo me voy sintiendo cada vez más tranquila, abrazada a él. Estoy en un almacén de techos altos, la paredes son blancas, parece un set de cine. En el set me han contado que Leonard Cohen era el Dios judío. Parece haber tenido que bajar a la tierra a mediar entre una familia que se está matando a hachazos.

Imagen vía #ElCuadernoDigital


Cucurrucucu, no llores

Desde que me di cuenta de que lo único que tenemos son la preguntas, ya no me hago demasiadas preguntas. Todas las contesto con la misma respuesta: “No lo sé”. No lo voy a averiguar, no en este mundo.

Ayer estuve en la playa, tenía los pies en alto en un mar verde y estuve pensando en ello. Un buen baño que me recordó varias reflexiones: Quizás (“no lo sé”) somos producto de la educación que recibimos, pero la educación es lo más voluble que tenemos cuando somos adultos, ésa se puede cambiar. Somos producto de la cultura y generación que hemos vivido, ésas son más difíciles de desincrustar. Y somos animales de impulsos, aunque a mí las emociones me gusta canalizarlas y darles un sentido intelectual. Somos seres sociales, y culturales. Pretender algo más es puritita soberbia.

“¿Y ya está?”. Me dio cierto vértigo no sentir vértigo. Y como tal, soñé con el vértigo. Me dio vértigo la nada, y me acordé del paso del tiempo y de ti papá. ¿Cómo se vive sin padres? ¿Y sin hermanos? ¿Y con tanto pasado? Y cogí todo ese pasado y visualicé la imagen de un viejo marinero, con una pulsera de cuerda en la muñeca gastada por el mar. Y se me pasó el vértigo. Te voy a regalar una pulsera con alguna concha de las que rescato en mis mejores baños.

Estoy escribiendo estas palabras y te tengo frente a mí, y escucho la versión de Caetano Veloso de “Cucurrucucú, paloma” para Hable con Ella. A ti que te gusta Almodóvar; te la dedico. No llores.

Vamos a saborear el salitre de la pulsera. Cuando más gastada esté, mejor.


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