Archivo de la categoría: Cine, literatura, arte

Script

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Desconozco si Antonio de la Torre ha escrito algún guión, pero esta noche he soñado que me encontraba un guión suyo perdido en la habitación de un viejo hotel. ¿Que qué hacía yo en un viejo hotel? ¿Qué por qué era viejo? Mi subconsciente así me lo ha marcado, qué se yo. El caso es que después de haber intentado comer en un Vips y en un Ginos sin éxito, cocina cerrada, ¿os podéis creer?, he acabado descansando con el estómago vacío en un viejo hotel. En la habitación, debajo de una mesita, me he encontrado dentro de una caja unas anotaciones que han resultado ser un guión de un filme firmado por Antonio de la Torre.

La vieja habitación, el ambiente, la caja misteriosa, las anotaciones a mano… sugieren que yo me haya puesto en contacto con Antonio buscando a su representante, andando kilómetros en busca de una cabina que funcione, o algo por el estilo. Pero no, a través de twitter he contactado directamente con él y hemos quedado para hacerle llegar el tesoro encontrado.

Y sí, la película se ha rodado. Escrita, dirigida y protagonizada por el actor del momento. Y, ¿sabéis? Me ha contratado de script, sin experiencia previa y sin saber exactamente cómo ejecutar bien mi trabajo, pero mi subconsciente, que se divierte conmigo en mis sueños “disparate”, me ha enviado señales, me ha explicado que ser “script” tiene una relación estrecha con la ejecución del guión: “La función de continuista o script es una profesión relacionada con la elaboración de una película de cine o televisión. Corresponde a la persona encargada de supervisar la continuidad de un proyecto audivisual (película cinematográfica o de televisión, serie de televisión, documental etc.) en todos sus aspectos visuales y argumentales, de tal modo que el hilo temporal en el que se narra la historia no experimente ningún salto de continuidad a ojos del espectador”.

¿Que de qué iba la película? Ni idea.

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Las películas que me hicieron llorar

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Soy de lágrima fácil, de hecho esta mañana me he despertado llorando. He soñado con una historia de amor truncada, con ese final no feliz que te hace soltar varias lagrimitas. Este sueño me ha hecho recordar un puñado de películas que me hicieron llorar. Pero no soltar alguna lágrima, sino llorar con hipidos y a moco tendido. Algunas son míticas, forman parte de la historia lacrimal del cine, otras son simplemente sensibleras, otras no las he podido volver a ver:

El Padrino III: Y eso que me hicieron un “spoiler” con el final que le esperaba a Sofía Coppola.

Magnolias de Acero: Ese niño pequeño que no sabe que su mamá (Julia Roberts) acaba de fallecer.

Blade Runner: Menos mal que nos quedará el unicornio de origami.

Campeón: Injusto final.

Cinema Paradiso: Poco que añadir, Cinema Paradiso.

E.T.: Yo tampoco quería que regresara a casa.

No puedes comprar mi amor:  Patrick Dempsey en un cortacésped con su enamorada… lo descubrí mucho antes de que se convirtiera en el “Doctor Macizo”.

Los Amantes del Círculo Polar: Mi preferida entre las preferidas.

El Club de los Poetas Muertos: ¡Oh, Capitán, mi Capitán!

Love Story: Llorando de principio a fin.

¿Y vosotros? ¿Con qué películas habéis tenido que recurrir a los Kleenex? Quizás os inspire esta banda sonora:


¿Se acabó el fútbol?

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Demasiado fútbol este fin de semana; demasiados altercados, lágrimas, demasiadas celebraciones, despedidas. O quizás demasiado consumo futbolístico por mi parte, que me he tragado todos los programas deportivos del fin de semana (consecuencias de tener el brazo en cabestrillo). Obviando Motos y Roland Garros, y la final de balonmano (perdió el Barça), el fin de semana ha estado marcado por el final de la temporada futbolística.

Conclusión: Cristina ha soñado con fútbol. ¿Y qué me ha ocurrido? Lo de siempre, que me he arrimado a Mourinho y he pasado con él sus últimas horas en el Real Madrid. En esta ocasión me he convertido en su agente. “Jajaja”, diréis, pues me he llevado una buena comisión, que lo sepáis y, de paso, porque hablamos de un sueño, me he permitido el lujo de regañar como si fueran niños pequeños a todos los jugadores. Pero no me acuerdo de la razón. Algo que ver con un baúl antiguo que nos tenemos que llevar y han escondido. Luego he perdido bastante tiempo buscando el baúl y discutiendo sobre si es mejor que se quede en la entrada del vestuario o nos lo llevemos en avión, porque pesa mucho…

En fin, que se acabó el fútbol. ¡Ah, no! Que hoy llega Neymar.


La niña más simpática del mundo

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Se llama Ana, y su sonrisa es tan amplia que va desde Taiwán a España, pasando por Estados Unidos. Su sonrisa recorre el mundo como lo recorrieron antes sus padres para conocerse. Y el resultado de este encuentro es la niña más sonriente del mundo.

Se llama Ana y está en clase de mi hija Martina. A la salida del colegio habla con todo el mundo, conoce a todos y les hace muchas preguntas. A mí también me pregunta, me da la mano y me dice: “¿Cómo te llamas? ¿Has venido en coche? ¿Quieres que avise a Martina? ¿Sabes cómo se llama mi hermano?”. Es la niña más simpática del mundo.

Pensando en la suerte que tiene Martina con tener en su clase a los niños más simpáticos del mundo me quedé dormida anoche e, inevitablemente, he soñado con ella, la niña simpática.

Al principio me ha asustado un poco, porque me ha dicho que tenía una herida en el pie y que la llevara rápidamente al hospital. Ha sido tan insistente que le he hecho caso, y cuando hemos llegado el edificio estaba a oscuras. Parece ser que un malvado malvadísimo había hecho de las suyas y quería secuestrarnos. Menos mal que ha aparecido Bruce Willis de repente y no sólo nos ha salvado sino que además le ha curado el piececito a la niña simpática. Es curioso, no ha perdido la sonrisa en ningún momento, con lo asustada que yo estaba. Y es que Ana sabía que todo era una broma, que formaba parte del rodaje de una película, y me ha llevado hasta allí para no perder la oportunidad de entrevistar a Bruce Willis en exclusiva.

Mira tú que simpática.


¿Cómo se llama la película?

Esta noche he soñado algo muy raro, ¿os extraña? Me he convertido en diseñadora amateur, en estudiante de diseño de ropa. Y junto a un grupo de compañeros hemos ganado una beca para estudiar en una prestigiosa escuela de Milán. Todo muy impreciso y tópico. Hasta que, de camino a “la tierra prometida de la moda” nos hemos dado cuenta de que nos han timado y que no hay ni escuela, ni beca, ni Milán.

Entonces lo impreciso se ha convertido en un disparate y el tópico en “topicazo”. Porque mi grupo de amigos y almas inquietas nos hemos quedado sin dinero a mitad de camino, en un pueblecito italiano (acepto vuestras sugerencias). Un pueblo “tipiquísimo” donde los chicos jóvenes son unos gandules mimados por sus madres y las solteras y jovencitas salen fuera a trabajar. “Fuera” sigue siendo impreciso, pero quedémonos con la idea de que no están.

Y nosotros, un grupo de estudiantes de diseño sin dinero pero con un espíritu de superación imparable, decidimos organizar un desfile en el pueblo. Pero como no hay chicas a las que probar nuestros trajes mayoritariamente de mujer, utilizamos como modelos a los gandules, con la consecuente reprimenda de sus mammas que incluso nos acusan de brujería. Pero todo acaba bien y al final son ellas las que nos ayudan a coser y a organizar el desfile.

¡Claro! Es que he soñado con una película. “At the end” dejo de ser diseñadora para convertirme en una actriz que interpreta una película. Si algún guionista o director quiere tomar nota por mí que no se corte.

El sueño termina con una rueda de prensa de presentación del filme. Cuando un periodista me va a hacer una pregunta suena un inoportuno móvil, que en realidad es el despertador. Fin del primer acto.


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