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Ponme la mano aquí Macorina

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Mi piel ha vuelto a mudar esta noche, y he sentido ganas de tocarte, de olerte, de sentirte. Quiero volver a verte, a mirarte a los ojos mientras te beso; a mirarte desafiante.

He soñado que era un hombre, he soñado que era varias personas; a las dos de la madrugada un cantante de fados cansado; a las cuatro una mujer desnuda mientras la pintan, a las siete mi piel ha vuelto a mudar, y he sentido ganas de tocarte, de olerte, de sentirte. Quiero volver a verte, a mirarte a los ojos mientras te beso; a mirarte.

Ponme la mano aquí y respira hondo, mírame desafiante.


Caricias

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Si sueñas con caricias sientes el resto del día un cosquilleo por todo el cuerpo.

Y ahora, al recordar las caricias, y convertir tus dedos sobre mi piel en palabras, el cosquilleo dirige mi respiración.

Mi piel, que muda como las de las serpientes, recibe las caricias con sorpresa; reacciono de manera arisca recuerdo, pero los dedos van despacio y, acompasado por el ritmo que estás marcando, mi cuerpo se relaja y disfruta las caricias con entusiasmo.

Visítame esta noche si quieres, pero no me despiertes para que no me asuste a tu tacto.


Pintar

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Sueño cosas extrañas, como pintar tu cara de blanco, con un pincel pequeño, demasiado pequeño, es incómodo. Cuando llego al cuello te pones maaalo. No sé si parar o seguir pintando.

 


Estaba pensando en ti

A ver que soñamos esta noche tú y yo.

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Save the last dance for me

Pese al cansancio, save the last dance. Y pese a los desequilibrios, save it. No sólo el último baile, de tanto bailar ya no sabemos lo que hacemos.

Bailamos juntos cuando nos enamoramos. Y el ritmo torpe dio paso a una coreografía sencilla pero acorde. Ya no nos pisamos. Compenetrados, nos fuimos acercando y atreviéndonos a hacer alguna que otra peripecia, más de dos y tres algunas noches.

Tanto bailar que a veces nos soltamos y paseamos solos dando vueltas por la habitación, eso es necesario, distintos ritmos. A veces a ti te apetece un ritmo más flamenco mientras yo escucho a Aznavour; otras yo busco cantar a gritos (muy mal) a Alanis Morissette mientras tú te relajas con  Bublé.

Pero seguimos buscándonos para reemprender el baile, primero los dedos de las manos. Y pese al cansancio siempre nos ponemos de acuerdo sobre cuándo hay que girar a la izquierda, y cuando hay que dar un paso adelante, no nos pisamos. Subimos montañas bailando, llegamos exhaustos, a veces yo corro hacia abajo sin frenos, y te dejo arriba, mirando.

Incluso con los ojos vendados he aprendido a bailar, soy buena buscando el punto de equilibrio. Te extiendo mi mano y te pido, si quieres con los ojos cerrados: “Save the last dance for me”.


Sentir calor (Morir de amor)

En pleno invierno, en los días más fríos del invierno. Notar un cosquilleo en el pecho; quizás por haberme fumado un cigarro después de mucho tiempo (sólo uno), quizás porque mientras escucho a mi interlocutor también pienso. Pienso que el humo entra por los pulmones a la vez que escucho y pienso que todo está en su sitio, todo _sentimientos, seguridad, postura incluso con la que escucho_, está en su sitio.

Y el calor. Prefiero terminar pronto el cigarro para respirar profundamente, no humo esta vez, quiero respirar ese calor, moverlo, del pecho a la garganta, aspirarlo de nuevo y que se mueva como quiera por mi cuerpo.

Dormir y sentir de nuevo ese calor, recuperarlo, besártelo. Sentir calor y, quién sabe, si nos ponemos dramáticos, morir de amor.

 

 


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