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Te busco

Te busco y alzo mis manos para encontrarte. Pero me doy cuenta de que no he movido ni un músculo, no puedo. Entonces te respiro para que te acerques a mi lado y me protejas.

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Antojo

Eres como arroz con leche, con mucha canela. Llévame a un concierto de fados.


Las cuerdas

cuerdas

Cuerdas que te atan o que te llevan. No necesariamente las cuerdas tiran de ti para hacerte llegar adonde no quieres. A veces sirven de liana para balancearte en un mundo desconocido, en el que no te atreves a asomarte sin protección, sin asegurarte el camino de vuelta. Sólo asomarte, sin dejarte llevar del todo, cómo sería, y eso me ocurre en mis sueños, si un hombre desconocido te acaricia la mano y tú tiras de la cuerda y te asomas, porque las caricias ya te transportan a otra parte. Pero el subconsciente no quiere perderte de vista a ti, que eres con quien me siento más desinhibida, segura, relajada, así que no me suelto de la cuerda.

Y el sueño me lleva a una mano que no esperaba, y sólo percibo, imagino qué ocurriría si me soltara de la cuerda; sólo lo perciben mis sentidos, ni siquiera soy capaz de visualizarlo. Y de repente, alguien más joven, otra mano, atrevida, tira de mí hacia otra parte más salvaje. La cuerda se tensa, pero aún así me asomo, sólo un segundo, y vuelvo mis pasos hacia ti, que apareces a lo lejos diferente, con otro tacto, y otra mirada, pero eres tú y hacemos el amor.


¡Mmm, qué beso!

El uno frente al otro, como si no nos hubiéramos visto en mucho tiempo. Observándonos por tanto con curiosidad y sorpresa. El beso, primero rozando los labios contra los tuyos, luego apretando los labios contra los tuyos. Te beso, y me da la sensación de que no me queda tiempo, te beso con prisa, con pasión, succiono tu labio superior y tú estás más entretenido en palpar mi cuerpo; tus manos descansan en mis caderas, que han ensanchado porque ahora soy madre. Y te gusta eso, porque sabes que soy más sabia, que te arranco los labios con mis dientes, mientras perfilas mis caderas con tus manos.

Y cuando sueño con ese beso me sonrojo, y me río y me emociono. Luego te lo cuento y te beso.


Un acto de amor III

Después de hacer el amor ella sintió frio. Entonces él la abrazó apoyando su cabeza contra su pecho; sólo llevaba puesta una rebeca. Se quedaron dormidos.

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Un acto de amor II

Porque la noche anterior ella se hizo una herida en la mano; él le chupó el dedo para cortarle la pequeña hemorragia. Y de esa manera comenzó su particular baile de seducción.

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