Archivo de la categoría: Filosofía como eterna pregunta

Un eco (Libertad V)

Hoy he soñado con ese ECO en el que llevo pensando un tiempo. Comienza un nuevo año y lo estreno con una conversación con mi hija mayor. Es adolescente y se hace muchas preguntas. Se hace preguntas desde que sabe hablar. Me pregunta de qué sirve vivir si luego seremos nada, ni recuerdo. Y de qué sirve luchar si luego seremos nada, ni un recuerdo. Le preocupa además el rumbo que toma este mundo y yo le he dicho que el rumbo ha sido siempre nefasto, pero prevalece lo bueno sobre lo malo, con lo que conseguimos restaurar el rumbo.

Como católicas ambas dos deberíamos confiar en lo que seremos después, pero mi fe a veces tiene la consistencia del humo y ahora se está convirtiendo en un ECO. Pero el ECO es suficiente, me sirve, comienza a ser válido en mi raciocinio y mi sentir.

Quizás somos demasiado soberbios pensando que debemos permanecer, si acaso sólo en el recuerdo. Y nos preguntamos, creyentes o no, ¿de qué sirve vivir si luego nada? Sirve, vivir con una misión aunque nos cueste saber cuál es, vivir para mantener el rumbo, para poder virar en el último momento, cuando parezca que nos damos de bruces. Y si nos chocamos, si alguna vez nos extinguimos, acabamos, si acaso que quede un ECO. Nadie nos recordará, pero habrá un ECO que si no desaparece también puede transformarse en vida de nuevo.

Esta noche he soñado con ese ECO. Esa palabra, por eso la escribo en mayúsculas, me viene a la cabeza continuamente. Salgo yo a pasear con mi ECO. Y la he soñado con forma, con boca y ojos, se mueve con lentitud y se escapa de la Tierra, vuela lejos. Si acaso dibujo el ECO, y el humo de mi fe lo dejo revoloteando alrededor, entiendo que no es incompatible con mi ECO. El ECO contiene tantas cosas, yo he podido vislumbrar dos: una caricia en la mejilla y el movimiento gracioso de mi nariz durante una siesta.

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SUEÑOS RELACIONADOS:

 

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Esas almas ahí, donde los libros se venden

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Hace unas semanas pasé una larga noche llorando (insomnio, a veces) por todas esas personas olvidadas que nacen casi sin testigos, que sin testigos pasan los pocos años que viven y que mueren a veces dolorosamente sin apenas testigos. Las lágrimas eran más gruesas cuando pensaba en niños que lloraban todavía sin conciencia y nadie los podía escuchar. Yo no los escuchaba porque no había acaso nacido.

Y hace dos noches, leyendo a Javier Marías descubrí un párrafo en el que definía a la perfección el tránsito de esas almas por este mundo, me sentí un poco reconfortada quizás por la empatía:

“(…) Y qué, si no hubiera nacido, eso dije antes. Hay demasiados que nacen y es como si no hubieran alcanzado ni atravesado jamás el mundo; son tan pocos de los que queda memoria o registro y hay tantos que se difuminan y despiden pronto como si la tierra careciera de tiempo para asistir a sus afanes y a sus fracasos o logros o hubiera urgencia por deshacerse de sus alientos y de sus voluntades aún incipientes, el esfuerzo baldío y los pasos diminutos sin huella o sólo para el recuerdo hiriente de quien se molestó en enseñarlos y cometió el error o el atrevimiento y realizó el esfuerzo de gestar y de imaginar un rostro y de tener esperanza, y así son como un lujo costoso y superfluo que se expulsa de la vida en seguida como si fuera humo y ni siquiera se deja poner a prueba porque ni la historia ni el tiempo los reclaman ni los solicitan. Y qué, si no hubiera nacido nunca nadie. Tampoco habría muerto nunca nadie y no estarían los cuentos que incesantemente se cuentan llenos de horrores y azares y agravios, y de salvaciones temporales y definitivas condenas”.

Fragmento de “Negra espalda del tiempo”, Ed. Alfaguara.


Que se vaya el verano

Nubes de levante

Para mantenerme a salvo. Que el viento se lleve sus falsas rutinas, pero que mantenga intacta la terraza donde escribo estas palabras. Que el viento me empuje suavemente, que me adentre en el invierno y me susurre palabras nuevas. Que termine el verano amable, pero irreal, que el viento me mantenga a salvo.

Sueños relacionados:

– La playa.

– Verano.


Traveler

Larga charla con Traveler sobre la locura. Hablando de los sueños, nos dimos cuenta casi al mismo tiempo que ciertas estructuras soñadas serían formas corrientes de locura a poco que continuaran en la vigilia. Soñando nos es dado ejercitar gratis nuestra aptitud para la locura. Sospechamos al mismo tiempo que toda locura es un sueño que se fija.

Sabiduría del pueblo: “Es un pobre loco, un soñador…”.

Rayuela. Del capítulo 80. Julio Cortázar.

Sueños relacionados:

Rayuela.


La muerte IV

Ya lo sé, si me quedo sola leeré todos los libros mientras espero a la muerte.

Sueños relacionados:

Hambre de lectura.


Rayuela

Encontré en “La bendita manía de contar” de García Márquez cierta soberbia, y yo me muevo más entre las medias verdades, que son las verdades verdaderas. Aprendí a vivir con ello y a no justificarme por mi tolerancia mal entendida; lo que Julio Cortázar, o más bien Horacio Oliveira llama “duda inteligente, vaivén sentimental”. Sobre el vaivén construyo yo una casa sólida como una roca, sin vaivenes.

Y mientras leo “Rayuela” siento cierta vergüenza por descubrirte tarde, pero también en que nunca es tarde, y en la frescura que me otorga la falta de soberbia, aunque quede un poco soberbio decirlo. Y ahora directamente te digo: “Vos”, vos estáis en el mismo barco.

Creo que pensar en situar, razonar y justificar cada paso que doy cansa, me hace perder el tiempo; a veces lo pienso. Pero entonces leo libros y me doy cuenta que en cada pensamiento y razonamiento y justificación de mi actuar está el fin al que quiero llegar, del que aprendo; el espacio entre dos partículas de aire que no me pierdo.

A veces huelo los libros que me estoy leyendo. Y pienso que tengo mucha suerte de perder así el tiempo.


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