Archivo de la categoría: Grandes disparates

Azul eléctrico

Como no me deis una brocha y pintura hoy no sé que voy a hacer. Mi casa esta noche ha crecido como suele ocurrir en otros sueños. Conforme voy caminando va ganando metros y en esta ocasión una planta entera. Una planta olvidada por lo visto, con recuerdos de las niñas de pequeñas por cada cajón y repisa, y además antigua a más no poder.

Es lo que tiene ver Canal DeCasa, que sueñas con estas cosas. Y la necesidad de cambiar el estilo de la estancia desconocida, u olvidada, ha sido imperiosa. ¿Qué ocurre? Que no hay presupuesto y esas maderas antiguas y muebles demodé los tengo que cambiar con una mano de pintura.

Hay que ser moderno, el color es lo que va a cambiar por completo el espacio y, aunque parece que el verde es mi color por lo último que he publicado en redes, yo he visto un aparador que me pedía a gritos que lo pintara de azul eléctrico. Yo lo veía, pero en las tiendas de pintura no eran capaces de encontrar o realizar la mezcla. Hasta he invitado a unos fabricantes de pintura a casa para que vieran el mueble, a ver si les «hablaba» como a mí.

Cuando ya consigo el color y me voy a poner a pintar tengo muchísimas interrupciones. Vienen los niños, «mamaaaaaaaá», me llaman unos primos míos para hablar de cortinas y me visitan unos amigos de Madrid que además han hecho un obrón en su casa que ríete tú de mi humilde mueble pintado de azul eléctrico. Con brillo, no mate.

Y yo que creía que ver este canal me relajaba.


Espejos

No me obsesiona mi imagen… no al nivel de ser lo prioritario en mi vida, «nivel adolescente» (sé por qué lo digo, maternidad obliga) . No me quita el sueño aunque me gusta cuidarme y ser fiel a mi estilo.

Hasta ahí bien, pero esta noche no he parado de mirarme en varios espejos. He emprendido una caminata enorme de la mano de Antonio Banderas. Sí, en mi sueño es íntimo amigo mío, y me llevaba de la mano por Málaga para enseñarme el Soho y a un cine para ver la presentación de una película. Sigo soñando, después de tantos años, que voy a ruedas de prensa a cubrir algún estreno.

Pero en esta ocasión mi obsesión era mirarme en cada espejo con el que me cruzaba; y algún espejo me devolvía a una Cristina con el pelo largo, otras corto, otras iba vestida de gala, otras con vaqueros y camiseta. Creo que este sueño tiene que ver con que me acosté anoche pensando en qué me iba a poner hoy. He optado por la camiseta.

Buena compañía Antonio en los sueños, muy motivador, no es la primera vez.


El 11 del 11

Tengo un grupo de amigos que son un tesoro. Nos conocemos desde hace más de veinte años y hemos pasado muchos momentos de nuestras vidas juntos. Bodas, niños, enfermedades e incluso divorcios.

Muchas juergas y muchas risas. Los quiero, les tengo absoluta devoción. Una vez al año, el 11 del 11, nos vamos todos juntos de viaje (sin niños), y a finales de febrero nos reunimos con nuestros hijos (una «jartá» de niños y adolescentes).

Pero esta noche nos hemos matado… literalmente. No puedo ver series de asesinatos; nos hemos embarcado en charcos de sangre, golpes, puñaladas. Yo sobre todo he estado limpiando escenas del crimen para no calentar el ambiente, pero ni por esas. En un cuarto de baño, una que no voy a nombrar, ha estampado contra un espejo a su ex. Como una ninja con coreografía y todo, lo ha levantado por los aires y… ¡bimba!

También recuerdo guardar sin descanso sudaderas llenas de sangre, conforme lo estoy escribiendo entiendo lo de las sudaderas… ¿por qué tantas? Eso queda entre nosotros. Recuerdo muchas carreras también, agotador, y esquivar cuchilladas; no me puede dar más grima pensar en cuchillos y rajas en el cuello.

Yo si me dedicara a esto, con pistolas. Y puñetazos.

Bueno, ya me podéis dar por loca, gracias: «Porque tengo la culpaaaa, porque la culpa es mía, porque la fatiguita que tú has pasao no la merecías».


No es política, son más bien ideas

Ayer me acosté pensando en lo indignados que estamos, en las pocas ideas propias que tenemos, en lo manipulables que somos. Bueno, yo indignada no estoy, y soy consciente de que no pienso por mi misma aunque a veces lo crea.

Somos hijos de nuestro tiempo.

Todo este preámbulo para contaros por qué creo que ayer soñé con Felipe González y Eduardo Madina. Porque si no no veo otra explicación; y no es que sean referentes políticos ni nada por el estilo, pero ahí estaban en mi sueño. Más o menos.

A Eduardo Madina le quería pedir trabajo en una revista que edita, pero cada vez que me acercaba a él parecía un chico de unos 20 años. Pensaba, «lo estoy confundiendo, no es». Estaba tomando una cerveza en una terraza con Felipe González. Me alejaba, era él, me acercaba, no era.

Luego el expresidente se ha venido a mi mesa, y pese a creer que iba a tener una interesante charla (a charla no le gana nadie) he descubierto que estaba borracho como una cuba. Tiraba mi coca cola por la mesa para limpiarla y tenía la lengua rasposa. Como una cuba, vamos.

Mala suerte, ¿no?


Sueños de verano

Creeréis que por el título os voy a contar un bucólico cuento sobre noches de verano y estrellas fugaces.

Nada, lo que quiero deciros es que, aunque no he escrito en un tiempo, sigo soñando todas las noches aventuras que me mantienen igual de entretenida que durante el día.

He conocido este verano a Andreu Buenafuente, que quiso que le colase en la consulta de mi ginecólogo para hacerle una revisión a Silvia Abril. Vaya cara tienen los dos; me quedé sin poder entrar yo y ni me dieron las gracias. Luego se colaron también en una barbacoa que hice en casa. Me robó mis gafas, que son como las suyas.

También he ayudado a rehabilitarse a un antiguo amigo con el que coincidí estudiando el Máster del ABC; borracho perdido me lo he encontrado. Estábamos en un hospital, mira qué bien, pero no encontrábamos Urgencias. Dando tumbos con un tío que me dobla en tamaño he recorrido varios pasillos que me llevaban siempre a la cafetería. Imposible. Tampoco me he atrevido a preguntarle por aquel teléfono.

También me he convertido en traficante de «pastillitas de la felicidad»: Diazepan, Lexatin, Trankimazin… ¿qué queréis? Pastillas de colores súper ordenadas. Mi obsesión más que el negocio era que se mantuvieran en orden por colores. He tenido clientes que no puedo nombrar.

Y hubo una noche que me levanté sin ganas de desayunar (ni de ná) porque me invitaron a un banquete al más puro estilo de Las Mil y una Noches… hasta ahí puedo leer.

¿Estrellas fugaces, buceos interminables, descanso, lectura? La vida real os la dejo para enseñárosla en Instagram. En la foto, las gafas que me ha robado Buenafuente. Si las veis son mías.


En qué momento

En qué momento aparece Alberto de Mónaco en uno de mis sueños hablando perfecto español. Porque hay veces que identifico ciertas apariciones con algo que he visto, leído, con alguna preocupación escondida. Pero, ¿Alberto? Con acento andaluz.

Y en qué momento estoy pilotando un avión acompañada de Francisco Umbral; está fumando a mi lado, de copiloto. Le pido que apague el cigarro y me comenta que él en los sueños de todo el mundo aparece con un cigarro. ¿Y pilotando un avión? Eso, no, es la primera vez.

Me pregunto en qué momento me ha venido la afición por jugar al pádel con una señora disfrazada de vaca. En serio, en qué momento. Prefiero salir de la pista e irme a tomar un té, ahí sí, el subconsciente me ayuda y me dirige a un campo lleno de flores silvestres; el té está listo. Ay gracias serpiente.

Esta mañana había un pitillo aplastado en la puerta de casa.


A %d blogueros les gusta esto: