Archivo de la categoría: Grandes disparates

No es política, son más bien ideas

Ayer me acosté pensando en lo indignados que estamos, en las pocas ideas propias que tenemos, en lo manipulables que somos. Bueno, yo indignada no estoy, y soy consciente de que no pienso por mi misma aunque a veces lo crea.

Somos hijos de nuestro tiempo.

Todo este preámbulo para contaros por qué creo que ayer soñé con Felipe González y Eduardo Madina. Porque si no no veo otra explicación; y no es que sean referentes políticos ni nada por el estilo, pero ahí estaban en mi sueño. Más o menos.

A Eduardo Madina le quería pedir trabajo en una revista que edita, pero cada vez que me acercaba a él parecía un chico de unos 20 años. Pensaba, “lo estoy confundiendo, no es”. Estaba tomando una cerveza en una terraza con Felipe González. Me alejaba, era él, me acercaba, no era.

Luego el expresidente se ha venido a mi mesa, y pese a creer que iba a tener una interesante charla (a charla no le gana nadie) he descubierto que estaba borracho como una cuba. Tiraba mi coca cola por la mesa para limpiarla y tenía la lengua rasposa. Como una cuba, vamos.

Mala suerte, ¿no?


Sueños de verano

Creeréis que por el título os voy a contar un bucólico cuento sobre noches de verano y estrellas fugaces.

Nada, lo que quiero deciros es que, aunque no he escrito en un tiempo, sigo soñando todas las noches aventuras que me mantienen igual de entretenida que durante el día.

He conocido este verano a Andreu Buenafuente, que quiso que le colase en la consulta de mi ginecólogo para hacerle una revisión a Silvia Abril. Vaya cara tienen los dos; me quedé sin poder entrar yo y ni me dieron las gracias. Luego se colaron también en una barbacoa que hice en casa. Me robó mis gafas, que son como las suyas.

También he ayudado a rehabilitarse a un antiguo amigo con el que coincidí estudiando el Máster del ABC; borracho perdido me lo he encontrado. Estábamos en un hospital, mira qué bien, pero no encontrábamos Urgencias. Dando tumbos con un tío que me dobla en tamaño he recorrido varios pasillos que me llevaban siempre a la cafetería. Imposible. Tampoco me he atrevido a preguntarle por aquel teléfono.

También me he convertido en traficante de “pastillitas de la felicidad”: Diazepan, Lexatin, Trankimazin… ¿qué queréis? Pastillas de colores súper ordenadas. Mi obsesión más que el negocio era que se mantuvieran en orden por colores. He tenido clientes que no puedo nombrar.

Y hubo una noche que me levanté sin ganas de desayunar (ni de ná) porque me invitaron a un banquete al más puro estilo de Las Mil y una Noches… hasta ahí puedo leer.

¿Estrellas fugaces, buceos interminables, descanso, lectura? La vida real os la dejo para enseñárosla en Instagram. En la foto, las gafas que me ha robado Buenafuente. Si las veis son mías.


En qué momento

En qué momento aparece Alberto de Mónaco en uno de mis sueños hablando perfecto español. Porque hay veces que identifico ciertas apariciones con algo que he visto, leído, con alguna preocupación escondida. Pero, ¿Alberto? Con acento andaluz.

Y en qué momento estoy pilotando un avión acompañada de Francisco Umbral; está fumando a mi lado, de copiloto. Le pido que apague el cigarro y me comenta que él en los sueños de todo el mundo aparece con un cigarro. ¿Y pilotando un avión? Eso, no, es la primera vez.

Me pregunto en qué momento me ha venido la afición por jugar al pádel con una señora disfrazada de vaca. En serio, en qué momento. Prefiero salir de la pista e irme a tomar un té, ahí sí, el subconsciente me ayuda y me dirige a un campo lleno de flores silvestres; el té está listo. Ay gracias serpiente.

Esta mañana había un pitillo aplastado en la puerta de casa.


Alohomora

Baste decir que estoy viendo Harry Potter con mi hijo pequeño para que tenga sentido soñar con hechizos como el de “alohomora”. Sirve para abrir puertas, por cierto.

Y yo esta noche, varita en mano, he abierto varias puertas; cada una me ha llevado a un escenario diferente, distintos sueños.

El primero me ha dado mucho vértigo porque hemos cogido (muchas personas muchas muchas) un ascensor que sobrevolaba un río. Sin ninguna protección, todavía tengo agujetas de apretar las piernas para hacer equilibrio y no caerme.

“¡Alohomora!” Mi médico de cabecera (que siempre digo que se parece a Buenafuente) me ha invitado a la lectura del pregón del Carnaval de Cádiz. No sé si existe tal evento, pero, ¿en serio? Si no tiene nada de gracia (mi médico, no Buenafuente). En fin… “alohomora”.

De compras en un centro comercial, ¡¡¡alohomora!!! Fuera, fuera; abre otra puerta.

Nadar entre orcas también da vértigo, pero me puede la necesidad de sumergirme dentro del agua. Ese silencio que anestesia un poco; los sonidos se amortiguan, como ocurre con la nieve. Cuando buceo ese silencio me quita el miedo, y esa sensación la he tenido soñando. Aquí me quedo, ¿cuál es el hechizo para cerrar la puerta?


Señor profesor

Hoy he soñado que volvía a la facultad, y mi profesor de literatura era Robert Downey Jr. 

Bueno, pues ya no creo que pueda añadir mucho más. Estoy muy cansada, las juergas son lo que tienen.

robert

 


Teatro de mierda

stage

No sé si sabéis que el actor Víctor Clavijo está recitando maravillas desde sus redes durante el confinamiento. Os lo recomiendo. Anoche me quedé pensando que hay personas que han aprovechado muy bien el tiempo durante estos días inciertos y quizás por eso he soñado con él.

En mi sueño me ha decepcionado, pero vamos por partes. Un primo mío me ha conseguido una entrada VIP para ir a casa de Víctor, que ha convertido en un teatro. Es como lo que hacemos de manera virtual, asomarnos a su casa para escucharle a través de las pantallas, pero en mi sueño es presencial. La casa a reventar; los de las entradas VIP podemos acceder también a un lago que hay en la casa y bañarnos. Me encuentro a mucha gente conocida.

Ya fresquita después del baño me dispongo a ver una representación de una obra. Los protagonistas: Víctor, que se dispone a sorprendernos de alguna manera; una chica joven, con cara enfermiza; una señora mayor con mirada sospechosa; y finalmente el demonio, que disimula su aspecto embadurnado de polvos de talco blancos.

Pero los personajes  se salen del guion. La chica se tira del escenario y se rompe el cuello, la señora es una zombie que amenaza con matarnos, y el demonio comienza a soltar mierda (literal) por todo el escenario. Olor a almendra amarga. Y Víctor impávido, no se ha movido. No nos ha protegido.

Menos mal que mi primo me ha sacado de allí volando (también literal).

Siempre me  gustaron las personas  que se ríen con los ojos.

 


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