Archivo de la categoría: Grandes disparates

Soldi

Barry-Seal

Pues no he visto Barry Seal pero esta noche he soñado que Tom Cruise había montado una fábrica de dinero falso en casa de mi abuela. Ya os he contado que de vez en cuando acudo a esa casa en mis sueños.

Esta noche he vuelto; era consciente de que era un sueño pero aún así no he perdido la oportunidad de hablar con mi abuela, y pedirle que se sentara a descansar porque se le veía muy atareada.

Pero lo que ella quería hacer en realidad era borrar todo rastro del dinero y las máquinas de hacer billetes. Anda que… Difícil teniendo en cuenta que la casa ahora no tiene ni un tabique y todo el operativo se ve desde la entrada.

En fin, allí estaba Tom, vestido de cuero negro (me pregunto por qué) y regalándome dinero. Mi abuela encantada.

Episodio aparte merecen los ascensores. Porque ha comenzado una huida, policía it´s coming, y hemos tenido que salir corriendo. Quien conozca esa casa sabe que los ascensores son de lo más tétricos, como jaulas. A mí siempre me han dado miedo. Encerrada en una jaula he acabado la noche, llena de billetes y con el del cuero negro al lado.

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Hay demasiados mosquitos

mosquitos

Hoy he vivido una aventura muy entretenida. He estado con mi marido matando mosquitos. Aparentemente os puede parecer un rollo, y más si es por la noche y lo que quieres es dormir.

Pero hemos matado mosquitos con unas pistolas especiales con rayos láser y en una nave espacial. Sienta bien pasar tiempo solo con tu marido para variar, aunque sea ataviado como los cazafantansmas y apuntando con el láser a los simpáticos bichitos. También había avispas gigantes; la nave ha acabado repleta de viscosidad amarilla y negra.

Sienta bien pasar tiempo solo con tu marido (y la compañía de los insectos) para variar. Entre disparo y disparo hemos hablado de ciertas cosas que no tenemos tiempo a abordar normalmente. Nuestra vida es una sucesión de conversaciones interrumpidas por nuestros hijos.

Cuando hemos llegado a casa estábamos cansados pero satisfechos, contentos de haber hecho algo divertido juntos. Al momento han aparecido los niños convertidos en mosquitos gigantes.


He matado a Pablo Alborán

pablo

Lo sé, soy lo peor, pero ha sido mi subconsciente. A mí me gusta Pablo Alborán, pero sobre todo a mi hija Martina, que lo escucha a todas horas. Nos ha pedido que le regalemos por su cumpleaños un reproductor de CD (personalidad a tope) y se pone su CD de Pablo cuando hace dibujos, cuando se ducha… all day.

No es que yo sea la fan número 1 de Pablo Alborán, pero a base de escucharlo a través de Martina canturreo varias canciones suyas que me van gustando. Aún así esta noche lo he matado… no literalmente, si no que en mi sueño ha fallecido por sorpresa de un paro cardíaco.

Pablo Alborán a todas horas + electrocardiograma que me tengo que hacer = sueño que muere de un infarto. Me veo en mi sueño, sentada en el suelo al escuchar la noticia, pensando en cómo se lo voy a contar a mi hija.

Peeeeero, como en todo sueño e irrealidad que se precie, hay una solución. Puedo salvarle la vida. Para ello tengo que entrar en un parque de atracciones enorme y realizar varias pruebas tipo gymkana.

Siento animadversión, por ser fina y elegante y no decir otra cosa, por los parques de atracciones, y no os digo nada por los juegos de pruebas y demás. Soy nula. Pero hay que salvarle la vida a Pablo Alborán sí o sí. Para superar las pruebas me acompaña Risto Mejide que se va a convertir en mi mejor amigo.

¿Queréis una explicación de por qué Risto? No la tengo. De verdad que no. Pero como he soñado con él hoy me cae mejor que ayer y peor que mañana. Mejor amigo, casi nada. Menos mal, porque las pruebas son dificilísimas y él me ayuda. El parque está vacío, es algo siniestro, y tengo que manejar yo sola una montaña rusa… eso sí mola.

Al final me dan una entrada para ir al cielo y traerme a Pablo de nuevo a nuestro mundo, sano y salvo.

He matado a Pablo Alborán, pero también lo he salvado.

 

 

 

Fuente de la imagen: PRNoticias

De hospitales y hombres

robert

A veces tengo sueños ciertamente violentos. Lejos de asustarme los disfruto. De esa manera supongo que mantengo la vena psicópata a raya mientras mi subconsciente da rienda suelta a sus necesidades. Que no son las mías, para nada, soy muy pacífica y no me gusta la violencia.

El sueño de esta noche ha tenido lugar en un hospital. Hemos ido (algunas personas que no sé identificar, mis colegas, y yo) a visitar al marido de una amiga. Mi amiga real, ella sabe quién. Su marido, ficticio, una mezcla entre el cantante Javier Álvarez y el actor Robert Sheehan. Ella muy contenta, pizpireta y feliz. Él nos ha intentado envenenar.

¿Qué por qué está ingresado? Ni idea. Pero entre mis colegas y yo le hemos dado una paliza espectacular. Un cuarto vacío, azulejos llenos de agua y sangre, sus manos colgadas del techo… y nosotros dando, dando, dando. A cámara lenta, en gravedad, los puños doloridos.

Segunda visita al hospital; él en la cama amoratado, lleno de cortes… ella parece no enterarse de nada, nos recibe como si tal cosa. Allá vamos.

Segunda paliza, sangre y agua, azulejos. A cámara lenta. Suena de fondo Radiohead.

 

 


Grande

grande

Me gusta Grande Marlaska, iba a decir el juez, ahora tengo que decir el ministro. Me gusta además porque es muy atractivo. Esta noche he soñado con él, en una suerte de idilio del todo imposible por motivos obvios.

Pero en el sueño, aunque tiene un novio muy pesado al principio (que me perdone su verdadero marido, nada más lejos de la realidad), mi subconsciente lo ha hecho desaparecer y se ha enamorado de mí. Y yo en mi sueño ni casada, ni hijos ni ná de ná…

Fernando (hoy lo trato con confianza) ha resultado ser el inquilino actual de mi primera casa, en la que viví cuando era pequeña. Me ha dejado entrar para que la recuerde, aunque ya no se parece mucho a ese recuerdo. Pero le agradezco el tour. Luego hemos intimado… porque hemos construido un iglú con bloques de madera y hemos ayudado a unas amigas a ir a Marruecos en autostop. Mientras tanto intercambio de manitas… mmm, qué ideal.


El polvo de la galaxia

desierto

Una confunde términos cuando sueña con situaciones que no tienen relación aparente. De ahí un título confuso que a lo mejor tiene que ver con polvos (entiéndase echar un polvo), o con galaxias (entiéndase la Guerra de las Galaxias).

Pero mi sueño de hoy ha comenzado siendo un viaje nada sideral a un hotel con encanto. Aunque los hoteles de mi subconsciente no entienden de encanto… deciros que las paredes estaban empapeladas con papel para envolver regalos. Se asemejaba el edificio a un molino de viento, y nos han recibido dos resueltos jinetes a caballo. La habitación asignada, con depuradora integrada.

Cuando empiezo a asumir la situación e intento descansar, me doy cuenta que al hotel se lo ha tragado la tierra. Estamos “escondidos” en un desierto al que se accede por una trampilla. Hay que protegerse de los invasores. Aquí comienza “La Guerra de las Galaxias”.

No nos queda otra cosa que hacer, que asistir a una gran sala común para matar el tiempo. Allí me encuentro con mis hermanos. Parece que a ellos todo les parece muy normal, y no están pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo sí, y los personajes que por allí deambulan me dan pistas sobre lo que va a ocurrir en los siguientes episodios de la saga.

– “¡No hagas spoiler!”, me gritan todos.

Al final, no me preguntéis cómo ni porqué, he tenido un “affaire” con Mario Vaquerizo, porque con Mario no se echa un polvo, se tiene un affaire.


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