Archivo de la categoría: Grandes disparates

El polvo de la galaxia

desierto

Una confunde términos cuando sueña con situaciones que no tienen relación aparente. De ahí un título confuso que a lo mejor tiene que ver con polvos (entiéndase echar un polvo), o con galaxias (entiéndase la Guerra de las Galaxias).

Pero mi sueño de hoy ha comenzado siendo un viaje nada sideral a un hotel con encanto. Aunque los hoteles de mi subconsciente no entienden de encanto… deciros que las paredes estaban empapeladas con papel para envolver regalos. Se asemejaba el edificio a un molino de viento, y nos han recibido dos resueltos jinetes a caballo. La habitación asignada, con depuradora integrada.

Cuando empiezo a asumir la situación e intento descansar, me doy cuenta que al hotel se lo ha tragado la tierra. Estamos “escondidos” en un desierto al que se accede por una trampilla. Hay que protegerse de los invasores. Aquí comienza “La Guerra de las Galaxias”.

No nos queda otra cosa que hacer, que asistir a una gran sala común para matar el tiempo. Allí me encuentro con mis hermanos. Parece que a ellos todo les parece muy normal, y no están pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo sí, y los personajes que por allí deambulan me dan pistas sobre lo que va a ocurrir en los siguientes episodios de la saga.

– “¡No hagas spoiler!”, me gritan todos.

Al final, no me preguntéis cómo ni porqué, he tenido un “affaire” con Mario Vaquerizo, porque con Mario no se echa un polvo, se tiene un affaire.

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La boda

boda

Tengo una boda mañana, tiene sentido que haya soñado con una boda esta noche. Y tengo que pedir disculpas a los novios reales porque seguro que su boda será preciosa, pero la verdad, con la que he soñado ha sido es-pec-ta-cu-lar. Y rarísima, y disparatada como cabría esperar.

Para empezar el aperitivo, sólo el aperitivo, era en una isla y nos trasladaban a los invitados en veleros. Y no penséis en islas caribeñas y mares pacíficos, hablamos de puro Atlántico, tormentas, olas y chalecos salvavidas. Pero, ¿quién dijo miedo? Nos enseñan al llegar el vídeo sobre la “regata” y es precioso: a cámara lenta la proa de los veleros rompiendo las olas, la espuma blanca y el viento…

Y qué de comida, una ordinariez. Pero yo casi no pruebo bocado porque he tenido un bebé. Lo que oís, yo voy a la boda con un cuarto hijo, una niña de días. Y le doy el pecho. No sé si lo sabéis, pero dar el pecho al principio duele muchísimo, y esa sensación de tirón en el pezón no se olvida. Así que en el sueño, súper arreglada, contraigo el cuerpo esperando el tirón cuando sorprendentemente no noto dolor alguno. Disfrutar de dar el pecho, soñaré con eso mucho tiempo porque con tres hijos que he tenido lamentablemente no he terminado de disfrutar del proceso.

Termina el aperitivo; nos dirigimos a otro lugar para comer. Ahora viajamos en autobús (yo sigo con mi pequeña), y oigo a otros invitados cuchichear: “Éstos nada más que celebran cumpleaños y bodas para evitar el proceso judicial en el que andan inmersos”. Uyuyuy, ¡qué criticones!

Antes de llegar al lugar donde nos sentaremos a comer paso por un apartamento donde se celebra una fiesta de pijamas con mi hija pequeña y sus amigas; aprovecho para dar el pecho otra vez. Las dejo a todas en pijama organizadas y me voy de nuevo… ya tengo hambre, la verdad. Parada de turno en una urbanización de calles laberínticas y casas colgantes cuando me encuentro a mi marido, con una pashmina muy colorida al cuello, que me pregunta: “¿Sabes si he venido a la boda? Me estoy buscando pero no me encuentro”.

Mañana lo pasaré bien, pero me faltará algo, ¿no creéis?


Soñé que volaba

peste_serie

O que lo intentaba. El título de este sueño es poético si queréis, pero la verdad es que no he podido desplegar las alas en toda la noche. Me he convertido en un monstruo esta noche, pero simpático y amable, con unas alas listas para ser estrenadas. Así lo he interpretado yo, emocionada/o (monstruo de sexo indefinido por lo visto) con mis alas y la posibilidad de volar.

Muy tópico todo, ambientado mi sueño en una Edad Media indefinida y semi ficticia, por aquello de los castillos y la indumentaria de las personas que me rodeaban. Una suerte de “Juego de Tronos”, Guerra de los Cien Años y,  qué se yo, Isabel la Católica paseando por allí, quizás dando un paseo con Carlomagno visualizando la ambientación que ha conseguido Alberto Rodríguez con “La Peste”. Por ahí estoy yo, intentando volar.

Imagináos, cada vez que lo intento me tiran de la cola para preguntarme algo. “¿Evacuó usted sus heces en el río?” Síiiiiii. A volar me dispongo cuando el rey Fernando me pregunta por Isabel:

-“La han contratado para supervisar el atrezzo de una serie nueva”, le contesto.

-“Pues si sobrevuelas y la ves, le dices que la estoy buscando”.

Voy a buscar a Isabel, pensando en hacer un triple mortal en el cielo cuando, ya con los pies despegados del suelo, un humilde aldeano me pide que le ayude con un soldado abusón. Después de enseñarle al soldado mis dientes me dispongo a volar cual majestuosa criatura, pero alguien tira de mi: “¡’Güenos’ días, quiero mi biberón!”.

Siete de la mañana, mi hijo me acaba de despertar con hambre y un llanto desconsolado muy propio de él; se acabó el vuelo.

¿Vosotros por qué creéis que sueño estas cosas? ¿Quizás es porque mis hijos me hablan siempre los tres a la vez?


Que vivan los lunes

aznar

Días tranquilos y apacibles donde los haya. Días ordenados que provocan sueños tranquilos y apacibles donde los haya.

Pero ¡ay! del domingo, al que precede a un sábado de cervezas, comida con amigos y cena mexicana en familia, y al que precede a un viernes de día del deporte en el colegio de los niños, cena con amigos y bares. Ese domingo sueñas fragmentos de sueños. Fragmentos muy locos en los que he hecho infinidad de cosas, como irme a Granada a estudiar Farmacia.

-¿Y qué haces con los niños mientras?

-Ah, no sé, sólo sé que me corresponde matricularme.

En esta aventura he dudado entre vivir con un amigo (que terminó Derecho hace siglos pero en mi sueño se anima con lo de Farmacia) o con mi abuela (que resucita en mis sueños de vez en cuando). Pero acabo viviendo sola en un coqueto apartamento.

No sé si he terminado la carrera; me he visto de repente viajando en avión con José María Aznar, casi casi me cae bien en el sueño, pero sólo casi, ni en sueños se muestra simpático. Acaba hablándome de Robespierre, no me preguntéis por qué.

He estado también esta noche en República Dominicana, quizás he llegado hasta allí en el avión junto a Aznar. La idea del viaje es encontrar y zambullirse en la piscina más grande del mundo.

Esta noche también le he dado el pecho a mi hijo de tres años, y he ordenado después una biblioteca. Dadme algo para ordenar, que seré feliz. Lo he ordenado por autores, creo que no es un sistema muy práctico pero es lo que hay. Es una biblioteca muy cálida instalada en mi cerebro, con lo que sólo seré yo, y a lo mejor Mateo, quien la visitará.

El sueño del lunes será diferente, o no… pero, ¡que vivan los lunes, las carreras terminadas hace tiempo, el pecho ya vacío que todo tiene su momento y que Aznar no me cuente cuentos!

 

 


Papelitos

papeles

Probad a ordenar con un hijo adolescente su cuarto. Sus cosas, sus recuerdos, sus juguetes, sus libretitas, sus cables, su diarios, sus agenditas, sus papelitos. No hablo de síndrome de Diógenes porque es algo serio, pero ayer me acordé de esos programas de televisión en los que vacían casas y cargan camiones enteros de basura. Yo sería una muy buena organizadora profesional, por cierto.

Cuál sería el bloqueo con el que terminamos (también alivio), que mi adolescente tardó mucho en dormirse y yo he soñado con papelitos. Papelitos arrugados y rotos sin ton ni son, a través de los cuales me han llegado todo tipo de mensajes.

Imaginaos que los whatsapp y mails, o llamadas de teléfono que recibís cada día os llegaran en forma de papelitos, de bolitas pequeñas y arrugadas que tenéis que abrir con sumo cuidado, ya que sus mensajes son casi ininteligibles.

“Quedamos a tal hora”, “comprar tal cosa”… incluso me han llegado ofertas de trabajo. Ruedas de prensa a las que acudir (hay una parte de mi subconsciente que vive permanentemente en una rueda de prensa), convocatorias escritas a lápiz y emborronadas con rotuladores fluorescentes.

Tengo una agenda en papel, hoy no puedo abrirla, he apuntado lo que tengo que hacer en el móvil.


“Así no”

casablanca

Esta noche se han mezclado dos situaciones en mi sueño. Una real, y otra del todo improbable. Porque me he convertido en candidato a la presidencia de Estados Unidos (candidato, no candidata) con un gran dolor de muelas.

Soy candidato a ser candidato por el partido demócrata, o republicano, la verdad es que no lo sé. Me enfrento con alguien de mi partido, otro señor menos elegante y más joven que yo. Porque en mi sueño de esta noche no salgo de casa sin mi traje hecho a medida y rondo los cincuenta años.

Pero un gran dolor de muelas me acompaña, porque en realidad yo, Cristina, tengo un dolor de muelas impresionante. Y mi alter ego candidato sufre mi dolor. Tengo una conferencia y le comento a mi asistente: “Con este dolor de muelas no”. Mi asistente es una pizpireta y entusiasta chica que me sigue a todas partes. Señor, la cantidad de series americanas que me están friendo el cerebro. No sé si ver el mundo desde la perspectiva de “Scandal” y “House of Cards” o la buenista “Madam Secretary”. Prefiero a los h. de p. de las dos primeras.

Además de la conferencia quieren hacerme una entrevista en televisión y yo pienso: “¿Con este dolor de muelas? Así no”. Que digo yo que mi entusiasta asistente podría pedirme una cita en el dentista en vez de con Oprah (toma cliché, aún así no consigo dilucidar si soy demócrata o republicano).

Después de un largo día tengo que asistir a una cena de compromiso, pero yo no sólo no quiero ir a la cena, me planteo que con un dolor de muelas permanente e incurable no puedo seguir siendo candidato. De manera que me siento en mi despacho, me aflojo el nudo de la corbata y le digo a mi asistente: “Así no”.

Y yo, la que sueña, me voy corriendo al dentista en cuanto termine de escribir.


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