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Que vivan los lunes

aznar

Días tranquilos y apacibles donde los haya. Días ordenados que provocan sueños tranquilos y apacibles donde los haya.

Pero ¡ay! del domingo, al que precede a un sábado de cervezas, comida con amigos y cena mexicana en familia, y al que precede a un viernes de día del deporte en el colegio de los niños, cena con amigos y bares. Ese domingo sueñas fragmentos de sueños. Fragmentos muy locos en los que he hecho infinidad de cosas, como irme a Granada a estudiar Farmacia.

-¿Y qué haces con los niños mientras?

-Ah, no sé, sólo sé que me corresponde matricularme.

En esta aventura he dudado entre vivir con un amigo (que terminó Derecho hace siglos pero en mi sueño se anima con lo de Farmacia) o con mi abuela (que resucita en mis sueños de vez en cuando). Pero acabo viviendo sola en un coqueto apartamento.

No sé si he terminado la carrera; me he visto de repente viajando en avión con José María Aznar, casi casi me cae bien en el sueño, pero sólo casi, ni en sueños se muestra simpático. Acaba hablándome de Robespierre, no me preguntéis por qué.

He estado también esta noche en República Dominicana, quizás he llegado hasta allí en el avión junto a Aznar. La idea del viaje es encontrar y zambullirse en la piscina más grande del mundo.

Esta noche también le he dado el pecho a mi hijo de tres años, y he ordenado después una biblioteca. Dadme algo para ordenar, que seré feliz. Lo he ordenado por autores, creo que no es un sistema muy práctico pero es lo que hay. Es una biblioteca muy cálida instalada en mi cerebro, con lo que sólo seré yo, y a lo mejor Mateo, quien la visitará.

El sueño del lunes será diferente, o no… pero, ¡que vivan los lunes, las carreras terminadas hace tiempo, el pecho ya vacío que todo tiene su momento y que Aznar no me cuente cuentos!

 

 

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Papelitos

papeles

Probad a ordenar con un hijo adolescente su cuarto. Sus cosas, sus recuerdos, sus juguetes, sus libretitas, sus cables, su diarios, sus agenditas, sus papelitos. No hablo de síndrome de Diógenes porque es algo serio, pero ayer me acordé de esos programas de televisión en los que vacían casas y cargan camiones enteros de basura. Yo sería una muy buena organizadora profesional, por cierto.

Cuál sería el bloqueo con el que terminamos (también alivio), que mi adolescente tardó mucho en dormirse y yo he soñado con papelitos. Papelitos arrugados y rotos sin ton ni son, a través de los cuales me han llegado todo tipo de mensajes.

Imaginaos que los whatsapp y mails, o llamadas de teléfono que recibís cada día os llegaran en forma de papelitos, de bolitas pequeñas y arrugadas que tenéis que abrir con sumo cuidado, ya que sus mensajes son casi ininteligibles.

“Quedamos a tal hora”, “comprar tal cosa”… incluso me han llegado ofertas de trabajo. Ruedas de prensa a las que acudir (hay una parte de mi subconsciente que vive permanentemente en una rueda de prensa), convocatorias escritas a lápiz y emborronadas con rotuladores fluorescentes.

Tengo una agenda en papel, hoy no puedo abrirla, he apuntado lo que tengo que hacer en el móvil.


“Así no”

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Esta noche se han mezclado dos situaciones en mi sueño. Una real, y otra del todo improbable. Porque me he convertido en candidato a la presidencia de Estados Unidos (candidato, no candidata) con un gran dolor de muelas.

Soy candidato a ser candidato por el partido demócrata, o republicano, la verdad es que no lo sé. Me enfrento con alguien de mi partido, otro señor menos elegante y más joven que yo. Porque en mi sueño de esta noche no salgo de casa sin mi traje hecho a medida y rondo los cincuenta años.

Pero un gran dolor de muelas me acompaña, porque en realidad yo, Cristina, tengo un dolor de muelas impresionante. Y mi alter ego candidato sufre mi dolor. Tengo una conferencia y le comento a mi asistente: “Con este dolor de muelas no”. Mi asistente es una pizpireta y entusiasta chica que me sigue a todas partes. Señor, la cantidad de series americanas que me están friendo el cerebro. No sé si ver el mundo desde la perspectiva de “Scandal” y “House of Cards” o la buenista “Madam Secretary”. Prefiero a los h. de p. de las dos primeras.

Además de la conferencia quieren hacerme una entrevista en televisión y yo pienso: “¿Con este dolor de muelas? Así no”. Que digo yo que mi entusiasta asistente podría pedirme una cita en el dentista en vez de con Oprah (toma cliché, aún así no consigo dilucidar si soy demócrata o republicano).

Después de un largo día tengo que asistir a una cena de compromiso, pero yo no sólo no quiero ir a la cena, me planteo que con un dolor de muelas permanente e incurable no puedo seguir siendo candidato. De manera que me siento en mi despacho, me aflojo el nudo de la corbata y le digo a mi asistente: “Así no”.

Y yo, la que sueña, me voy corriendo al dentista en cuanto termine de escribir.


Cuarto embarazo

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No, no estoy embarazada, pero he soñado que lo estaba. ¡Qué locura! Igual que buscamos en su momento con ilusión tener un tercer hijo, lo del cuarto está más que descartado… Pero esta noche ha sido tan real la impresión, que me que quedado con un buen sabor de boca.

Sobre todo por revivir las sensaciones (las buenas, no “las otras”) de manera tan real. Aunque con un toque disparatado y fuera de toda lógica que te otorgan los sueños. Por ejemplo, sólo me ha chivado el embarazo el predictor, no me ha dado tiempo a ir al ginecólogo para confirmarlo y sin embargo he notado cómo se movía el bebé. Ese recuerdo; cuando se pone dura la barriga sólo por un lado y durante unos segundos no te puedes ni mover.

Sin embargo no he llegado a saber el sexo, aunque he estado pensando en nombres y, he aquí otro disparate, lo he estado dilucidado con dos profesores de la Universidad a los que no veo desde hace años. No los nombro porque voy a tirar su reputación por los suelos. Tendrán quehaceres más serios que quedar con una antigua alumna a decidir el nombre de su futuro hijo imaginario. Al final nos hemos quedado en Mateo si es niño y Julieta si es niña. Ahora despierta no me convencen demasiado, la verdad.

La madrina no la he decidido, me he quedado entre varias posibilidades, pero el padrino, prepárate por si ocurre, va a ser mi amigo Curro y, esta idea, que creeréis consensuada con mi amante marido, me la ha sugerido muy acertadamente Morata. Luego se me ha olvidado lo del embarazo comentando el partido de España-Italia, hasta que mi niño imaginario me ha vuelto a dar pataditas.

Hoy me he levantado con mariposas en el estómago, me voy a tomar un café a ver si se me pasa.

*Ilustración del libro “Hola, estoy aquí” (Willy Breinholst).


La montaña mágica

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Que digo yo que a Thomas Mann desde el otro mundo y a editores varios no les importará que copie el título para este post.

Es que hoy he soñado con una montaña, y era mágica. Se componía de una suerte de pasadizos a modo de parque temático. La montaña-parque temático-hotel. Una pesadilla para mí si estoy despierta porque no soy muy amiga de islas mágicas, warners y eurodisneys o similares.

Pero ser huésped de la montaña mágica ha sido entretenido, chulo, y muy raro. Uno de los pasadizos parecía un arroyo, al salir, una fila de niños te felicitaban por haberlo cruzado; uno de ellos era un dispensador de jabón humano, le tocabas la nariz y salía jabón de manos. Muy práctico para quitarte el lodo del arroyo y pasar a otro pasadizo.

En la montaña mágica hay cielo, aunque estés dentro de ella, y hay sol y pájaros volando. Eso lo he observado mientras me llegaba un sobre de manos de un chico, un botones que se parecía a Zero (“El Gran Hotel Budapest”). En el sobre hay una nota con una invitación fascinante, la posibilidad de acceder a una excursión a cualquier parte del mundo que dura dos días. Aunque elijas un destino lejano te trasladas, mágicamente, en un segundo.

Hay varias opciones para elegir: un recorrido en barco por el canal de Panamá, un viaje en globo por alguna parte de Irlanda (visualizo verde y costa), incluso visitar la Atlántida como lo hicieran Pierre Aronnax y el capitán Nemo en “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

Yo quiero consultar con mi marido la mejor opción, pero no lo encuentro y, mientras lo busco, me voy quedando sin opciones porque otros huéspedes reservan su excursión. Al final sólo puedo acceder a un tour por una caseta de feria typical spanish. ¿En serio?

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