Archivo de la categoría: Saudade

Te vas

Te vas y, aupada por tu marido y tus hijos, directamente al cielo. El último paso lo das tú sola, ya estás allí.

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Desnudarme otra vez

Necesito desinformarme, y volver a leer de nuevo.

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Desnuda.


Me perdería en tus ojos

Frase que tenía catalogada como cursi, insertada a fuego dentro del ideario del mal ligón. Pero esta noche he soñado con unos ojos que han dado sentido a esa frase, me perdería del todo en ellos. Se puede tardar en mirar a los ojos un instante o quizás algo más de un segundo. Igual que respiramos de manera inconsciente o nos tomamos nuestro tiempo en inspirar y espirar, y lo saboreamos más.

He mirado a esos ojos del color del azúcar cuando comienza a quemarse. Y me ha dicho que me conoce, que sabe lo que pienso, que no me preocupe, que serán los únicos ojos en los que encontraré complicidad. Me ha contado infinidad de cosas en algo más de un segundo. Ha desaparecido el resto del mundo, se han evaporado las personas que me rodeaban, pero no he perdido el equilibrio, como cuando centras tu mirada en un punto fijo.

Y ahora puedo volver a revivir esa sensación cada vez que quiero, no sin cierta nostalgia, gracias a un subconsciente que me provoca muchas pesadillas, pero que también me regala una mirada en la que perderme.


Navidad en La Antilla (Acabaré sumergiéndome en el mar)

la antilla

 

Allí es donde hemos pasado los días de Navidad. Los paseos siguen siendo los mismos aunque ahora son más concurridos al ir acompañada por los niños. Recuerdo de nuevo un texto que escribí sobre los paseos interminables por esta playa:

ACABARÉ SUMERGIÉNDOME EN EL MAR

Son muchas las tardes en las que mi marido y yo salimos a caminar por la playa. En La Antilla, antes de que anochezca, la bajamar y los kilómetros de arena convierten el paseo en casi una exigencia porque, ¿quién puede resistirse? Al aire impregnado de salitre, a las nubes color fucsia, y al gris plata de la orilla.

Cuando Javier y yo caminamos, con paso firme, hacia esas nubes, el viento frío nos da de cara – los paseos son más intensos en invierno – cuando la playa está casi vacía, entonces al hablar el aire se mete en los pulmones con más dificultad, provocando en ellos un golpe seco. Pero pese a que las palabras salen entrecortadas por el esfuerzo, nuestras conversaciones durante esos paseos son muy francas: ponemos en orden nuestras ideas. Creo recordar que el nombre de nuestra hija, Lola, lo decidimos durante uno de estos paseos.

Siempre nos ponemos una meta, abandonamos el barrio de pescadores, donde siempre vemos peces muertos al lado de las barcas encalladas, y llegamos a las dunas, que comienzan a divisarse por detrás de los grandes hoteles, nuevas construcciones que contrastan con las pequeñas y desconchadas casas de los pescadores.

Al emprender el camino de vuelta ya nos lo hemos dicho todo. Ahora el viento nos empuja más rápido hacia casa. En silencio escuchamos el sonido de las olas, una mezcla entre chapoteo y rugido de tormenta, una mezcla de viento y mar, que ahora es de un color más oscuro, azul marino. Es el único sonido que parecemos escuchar, aunque si nos concentramos un poco también suenan nuestros pasos amortiguados por la arena, y la respiración de ambos: inspiramos fuertemente por la nariz.

Nos sentimos limpios, por ese aire que despeja los pulmones, y por el entorno, que despeja las ideas.

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Inspiración III.


Sueño con fados

En esta época del año vuelvo a los fados, a toda la nostalgia que me inspiran. La nostalgia a la que abro las puertas de vez en cuando para buscar palabras, emociones tan mías. Y conforme voy escribiendo, escuchando fados, voy alejándome de este mundo, me llevo conmigo sólo a lo míos. Tejo una escafandra en la que pocos caben. Me olvido de esas personas que me cansan, que no escuchan, charlan, hacen ademanes pero no dicen nada.

Sólo mi tribu, y mis fados y las palabras conviviendo en la silenciosa escafandra. Y vuelo, soñando, hacia Portugal, otra vez la inmensidad del Océano a sus pies.

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Antojo.

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1 de enero de 2014

Y 2 y 3 y espero que así hasta el 2015, 2016 y me gustaría que hasta el infinito. Que manera de aferrarse este mundo y al tiempo. Escribo hoy para borrar de un plumazo los propósitos del primer día del año, que no son si no una manera más de buscarnos obligaciones y sentirnos frustrados por no poder cumplirlos.

Desde que tengo uso de razón me ha gustado pensar que el primer día del año era una puerta abierta al cambio. Hasta que me he preguntado, ¿cambiar qué? ¿Tener más paciencia? ¿Más empatía? ¿Ser mejor persona? ¿Es que todavía no he aprendido a hacer balance? Este año me voy a proponer ser santa, y cuando no lo consiga (ya os digo yo que es imposible), lloraré hasta quedarme seca, como he hecho hoy, al darme cuenta de que sigo siendo imperfecta. Es que me gusta mucho llorar y el drama…

Esta noche he soñado con Mafalda:

mafalda_blog


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