Aceptamos barco

-“¿Cómo animal acuático?

– “Siiiiii”.

Siempre me acuerdo del anuncio de Scattergories cuando veo y escucho los discursos de los diferentes partidos políticos después de las elecciones.

Y hoy no ha sido una excepción. Por lo menos me acuerdo del “aceptamos barco” y me río un poco.

Anoche me quedé hasta tarde viendo la tele… y esta noche he soñado con barcos.

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De hospitales y hombres

robert

A veces tengo sueños ciertamente violentos. Lejos de asustarme los disfruto. De esa manera supongo que mantengo la vena psicópata a raya mientras mi subconsciente da rienda suelta a sus necesidades. Que no son las mías, para nada, soy muy pacífica y no me gusta la violencia.

El sueño de esta noche ha tenido lugar en un hospital. Hemos ido (algunas personas que no sé identificar, mis colegas, y yo) a visitar al marido de una amiga. Mi amiga real, ella sabe quién. Su marido, ficticio, una mezcla entre el cantante Javier Álvarez y el actor Robert Sheehan. Ella muy contenta, pizpireta y feliz. Él nos ha intentado envenenar.

¿Qué por qué está ingresado? Ni idea. Pero entre mis colegas y yo le hemos dado una paliza espectacular. Un cuarto vacío, azulejos llenos de agua y sangre, sus manos colgadas del techo… y nosotros dando, dando, dando. A cámara lenta, en gravedad, los puños doloridos.

Segunda visita al hospital; él en la cama amoratado, lleno de cortes… ella parece no enterarse de nada, nos recibe como si tal cosa. Allá vamos.

Segunda paliza, sangre y agua, azulejos. A cámara lenta. Suena de fondo Radiohead.

 

 


Tiempos

Hacía mucho tiempo que no me instalaba en el presente a vivir. No se está mal aquí.


Caricias

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Si sueñas con caricias sientes el resto del día un cosquilleo por todo el cuerpo.

Y ahora, al recordar las caricias, y convertir tus dedos sobre mi piel en palabras, el cosquilleo dirige mi respiración.

Mi piel, que muda como las de las serpientes, recibe las caricias con sorpresa; reacciono de manera arisca recuerdo, pero los dedos van despacio y, acompasado por el ritmo que estás marcando, mi cuerpo se relaja y disfruta las caricias con entusiasmo.

Visítame esta noche si quieres, pero no me despiertes para que no me asuste a tu tacto.


Gravedad

gravedad

Hoy he soñado que recuperaba mi centro de gravedad. Pasaba un día en el que han desaparecido fantasías, dejando paso a la realidad. A cada fantasía que se ha ido esfumando, la realidad se ha hecho más visible. Primero una posibilidad, después una utopía, más tarde una opinión. Conversaciones ficticias, han ido desapareciendo, devolviendo a mi cabeza el descanso perdido, la claridad.

La realidad se ha ido abriendo paso y yo me he ido colocando en el centro, la gravedad y yo nos hemos ensamblado perfectamente y he dejado de sentir vértigo. Poco a poco se deshacen los nudos en el estómago. Los miedos anestesiados y nada de euforia. Sólo realidad.

Ha cesado la necesidad de dar explicaciones y de explicarme. Hoy he hablado mucho menos; descanso a la retórica. Estoy anclada a mi centro de gravedad, pero ando de puntillas.

Al terminar el día, me he acostado y he soñado que os contaba este día.


Propósitos de Año Nuevo II

tilde

El año pasado escribí un artículo llamado “Propósito de Año Nuevo” nada más comenzar enero. Y no es la primera vez que lo hago, también escribí otro titulado “1 de enero de 2014”.

Para no gustarme los propósitos de Año Nuevo y pensar que el 1 de enero es el día más tonto que hay, no cejo en el empeño de hacer algún que otro balance los primeros días del año.

Aquí me tenéis en el recién estrenado 2019 frente al teclado con necesidad de contaros algo, como siempre por si os sentís identificados, sobre esta necesidad de hacer balances.

He releído el artículo del año pasado y terminaba así:

Yo por mi parte voy a seguir siendo feminista (y subiendo). También estoy intentando que se me escuche más, sin dudas ni inseguridades; así parezco un poco más antipática, pero qué más da (…) Soy periodista desde que tengo uso de razón. No renuncio. (…) Y lo que no me gusta no me gusta, y no me esfuerzo porque me guste nunca más, que ya tenemos una edad. Y lloro, lloro sin complejos desde hace muchos años nuevos. Y soy muy fuerte, de eso soy consciente desde hace menos.

El feminismo intacto (y subiendo). Me hago escuchar, y no siempre tiene uno que ser antipático al dar su opinión. Aunque desconcierta a los que te rodean, sobre todo cuando no están acostumbrados. No renuncié y me he vuelto a subir a mi tren favorito, el del periodismo. Ando subiendo peldaños poco a poco y aspiro a acercarme a mis pasiones profesionales, despacito y con buena letra. Ahora casi no lloro, ando anestesiada, nunca pensé que iba a tener tan poca necesidad de llorar, que no motivos.

¿Qué os cuento? Nada que os divierta, como superar varias vicisitudes como madre, haber tenido mis momentos bajos, haberlos superado, hacerme fuerte y más fuerte.

¿Qué os cuento? Que no voy a hacer planes, los planes vienen solos. Os cuento que he hecho otro descubrimiento este año que termina, y es que me he reencontrado con la libertad. A veces siento que no dispongo de mi tiempo, ¿no os ocurre lo mismo? Pero soy totalmente libre cuando leo, mis libros me producen libertad. Soy libre cuando escribo (eso ya lo sabía), y soy libre cuando me siento con mi marido en el sofá y me bebo una cerveza (aunque la tenga que interrumpir varias veces a la llamada de “¡mamáaaaa!”). Soy libre cuando elijo y pienso, y soy más consciente que nunca de que es un privilegio. ¡Qué mundo éste en el que cada vez elegimos menos y pensamos menos!

Bueno, tengo un plan, y es que os voy a dar la lata con las tildes, que no ponéis ni una. Pobrecitas las tildes, abandonaditas. Asumo (de mala gana) lo de las exclamaciones e interrogaciones al principio de las frases, que acabarán desapareciendo. Pero, ¡escribid bien, panda de perezosos!

De política ni hablamos, ¿no?


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