Mi casa es la tuya

casa

Entre los comentarios sobre las casas de cada uno (la mía tiene patio, yo me puedo salir a la terraza, mi jardín ahora es un tesoro, yo piso, me asomo a la ventana…), y la afición por ver programas de decoración estos días de confiamiento, mucho había tardado yo en soñar con casas.

Esta noche he visitado a unos vecinos (en sueños) y me han contado que van a ver casas porque se van a mudar.

-¡Yo también me mudo!

Como si fuera fácil y agradable. No sabéis la “peoná”. Porque ir a ver casas ha sido agotador. He tenido que andar kilómetros de una a otra, y me perdía y no encontraba la dirección. ¡Qué de vueltas he dado! De hecho estoy escribiendo este sueño desde el sofá, agotada.

Además en los intervalos kilométricos entre una visita y otra me iba encontrando gente que me entretenía: “una profesora del colegio, un compañero de la facultad”.

-Dejadme por favor, que no llego.

Todos me quiere contar su vida. En fin, al final he visto algo; casas con jardín, pero feísimas, todas con paredes desconchadas y cocinas sucias. Creo que tengo que dejar de ver a “Los gemelos decoran dos veces”, “Tú ensucia que yo limpio, “Las casas más lujosas de Estados Unidos”… yo creía que eran programas que me relajaban pero va a ser que no.


Venganza

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Esta noche he soñado con Mark Ruffalo. Oops, mi subconsciente se ha vengado del sueño de ayer… poco más que añadir.

¡Ah, sí! Habla español, aunque hemos  hablado poco.


El matrimonio tiene sus cosas

family

Pues hoy he adoptado un hijo, de una manera muy particular. Porque mi marido me ha contado que tiene un hijo de la edad de Martina. Os cuento para los que no me conocéis: tengo una hija de dieciséis años, Lola; otra de once, Martina; y Javier, que tiene cinco.

Pues esta noche me he encontrado con otro de once, al que su madre no puede cuidar, que se llama Obadiah, y que es de mi marido. Y yo tan contenta. De repente tengo cuatro hijos. Y no termino de caer en la cuenta de las condiciones en las que ha nacido el niño… en la misma época que Martina. Y yo tan contenta.

Porque me centro solo en el hecho de sumar, de tener otro hijo. Así que a quien me voy encontrando le cuento la historia: “Fíjate tú que mi marido tenía otro hijo, qué gracioso, y nació cuando estaba embarazada de Martina”. Mis amigos me miran con recelo, como que les doy pena, pero me ven tan contenta que no me dicen nada.

Que mi marido me los ha puesto bien puestos, pero yo con otro niño, tan contenta. Y me encuentro también a unos primos a los que les cuento lo mismo: “Pues nada, que el niño nació cuando estaba embarazada de Martina. ¡Qué casualidad! ¿Verdad?”. Nada más que recibo caritas de recelo.

¿Por qué la gente no comparte conmigo la alegría de ser uno más en la familia?

De repente caigo en la cuenta: ¡¡¡Javieeeeeeeer, la madre que te parió!!!


Me sigues gustando

Me sigue gustando escribir, me sigue gustando respirar y soñar; contaros mis sueños, ya sabéis, que no anhelos, sino relatos, palabras que se componen primero en mis entrañas y luego salen a través de la yema de los dedos.

Anoche no me podía dormir, demasiada información y poca capacidad de análisis. Y dudas; me quería meter en la cabeza de mis tres hijos para intentar comprender cómo están pasando estos días en los que no salimos de casa. Empeñada yo, en leerles la mente cuando no hay necesidad.

Pero al final me he dormido; y mi subconsciente me ha dado una tregua. A veces se porta mal conmigo, pero hoy ha sido bueno y me ha trasladado de nuevo al concierto de Depedro al que fui en diciembre. Ese concierto, que viví con dos amigos que me alegran la vida, se ha convertido en algo muy simbólico para mí por varios motivos, que se resumen en un “fui porque me dio la gana” que para mí es muy importante.

Todo llegó a través de la canción que comparto con vosotros, de escucharla en bucle y poder tararearla en el concierto y que hoy he cantado también en mi sueño.

Volveremos a irnos de concierto.


El coche que te parió V

taller

Los malos ratos que me hace pasar el coche, con lo que me gusta conducir. Y eso que ahora bien poco.

Pero en mi sueño estaba yo en mi coche tranquilamente cuando me ha pedido una conocida que la lleve a su casa por favor. Me ha extrañado el sitio donde vive; un barrio de los que llamaríamos peligrosos, porque es una pijaza. Aunque su casa es un casoplón, eso sí.

El caso es que he aparcado el coche en un parking y cuando he vuelto a por él no estaba, desaparecido, nada, ni rastro, no hay coche, “cagoentó”. Me lo han robado. Y alguien me ha contado (como un ente* que me susurra cosas mientras sueño) que como no me dé prisa me lo van a desguazar en piezas para venderlas. Como si las piezas de mi coche tuvieran mucho valor…

Me voy encontrando de vez en cuando a la conocida mientras busco el coche a contrarreloj. Y me esquiva, no sé por qué. Y el parking se convierte en un circuito con rampas, y curvas, y varios pisos (claro) y yo sin coche. Con lo que me gusta conducir.

Subiendo una de las cuestas andando me encuentro un taller clandestino y las piezas de mi coche. La conocida es la dueña del taller, ahora lo entiendo todo.

– ¿No te gusta tanto la mecánica? – me vuelve a susurrar el ente.

– ¿Tengo que montar las piezas del coche?

Tengo sí y las manos negras. Pero mi coche montado, oiga.

*Ente: Dícese de mi subconsciente del que hemos hablado en muchas ocasiones y seguiremos hablando en el futuro, largo y tendido.

 

 


La pequeña ciudad VIII

libros

Esta noche me he escapado a la pequeña ciudad; me he vuelto pequeñita y he visitado la casa de Mateo. Juntos nos hemos acomodado en su biblioteca, que está muy avanzada, y nos hemos contado cuentos.

Además de los cuentos me ha contado que los niños están aprendiendo mucho, aunque hay algunos que prefieren colgarse de las lianas y observar desde los tejados como crece la pequeña ciudad.

También me ha prometido que no ha vuelto a escaparse a deambular por mi cerebro, pero como no le visite con más frecuencia lo hará. Tiene razón, tenemos que explorar juntos. Pero hoy no, hoy quiero quedarme en el calor de la biblioteca llena de libros.

Me siento a salvo en la pequeña ciudad; desde aquí se susurran todos los cuentos.

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