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Un regalo para ella

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Mucho se ha escrito sobre la reina Letizia, y no siempre bien. Somos un país criticón, pero con lo que le  ha ocurrido esta noche nos hemos solidarizado con ella.

Se ha hecho vox populi que su rey marido le ha sido infiel. Hasta tal punto que la Casa Real ha tenido que dar una rueda de prensa con ambos como protagonistas. Él reconociendo el affaire, ella a su lado apoyándole. Como Alicia  y Peter Florrick en  “The Good wife”. Un “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” a la americana.

En este momento del sueño entramos mi amiga Carmen y yo; al parecer algún tipo de relación profesional tenemos con la reina. Y tenemos que entrevistarnos con ella. Como nos da mucha pena lo que ha pasado queremos llevarle un regalo. Pero es difícil acertar.

Primero optamos por un foulard de cachemir con conexión wifi (por lo visto es lo más en el planeta sueño, dadle tiempo al real). Pero tengo que conectarlo con mi usuario y clave por lo que hay que advertirle que siempre voy a saber dónde se encuentra. Que a mí me da igual, pero no es plan.

Cuando ya lo vamos a pagar me llama mi madre, que está pasando el fin de semana en Zarzuela con los reyes. Y me cuenta que no le va a hacer nada de ilusión el foulard, que pensemos en otra cosa.

Así que Carmen (¡Ay, Carmela!) y yo nos vamos a una tienda de decoración muy exclusiva pero nos quedamos con unos regalitos nada exclusivos: una cartera de trabajo para ella muy normal, y unas tarteras para el cole para las infantas.

No sé si les han gustado los regalos; mis sueños suelen ser incompletos. Me he quedado observando una puerta secreta en la tienda, la empleada se comporta de manera sospechosa.


El polvo de la galaxia

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Una confunde términos cuando sueña con situaciones que no tienen relación aparente. De ahí un título confuso que a lo mejor tiene que ver con polvos (entiéndase echar un polvo), o con galaxias (entiéndase la Guerra de las Galaxias).

Pero mi sueño de hoy ha comenzado siendo un viaje nada sideral a un hotel con encanto. Aunque los hoteles de mi subconsciente no entienden de encanto… deciros que las paredes estaban empapeladas con papel para envolver regalos. Se asemejaba el edificio a un molino de viento, y nos han recibido dos resueltos jinetes a caballo. La habitación asignada, con depuradora integrada.

Cuando empiezo a asumir la situación e intento descansar, me doy cuenta que al hotel se lo ha tragado la tierra. Estamos “escondidos” en un desierto al que se accede por una trampilla. Hay que protegerse de los invasores. Aquí comienza “La Guerra de las Galaxias”.

No nos queda otra cosa que hacer, que asistir a una gran sala común para matar el tiempo. Allí me encuentro con mis hermanos. Parece que a ellos todo les parece muy normal, y no están pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo sí, y los personajes que por allí deambulan me dan pistas sobre lo que va a ocurrir en los siguientes episodios de la saga.

– “¡No hagas spoiler!”, me gritan todos.

Al final, no me preguntéis cómo ni porqué, he tenido un “affaire” con Mario Vaquerizo, porque con Mario no se echa un polvo, se tiene un affaire.


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