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El artículo del año: Hormigas en la hierba

hierba

He querido recuperar ahora que termina 2015 el artículo que mejor refleja mi sentir de este año. Lo escribí en Neupic para suscriptores y ahora lo publico en abierto para todos vosotros. Con la que está cayendo y yo clasificando hormigas.

Tumbada sobre la hierba noto que es esponjosa, parece una alfombra, fresca. La observo y me pregunto el porqué de ese efecto acolchado. En la superficie se ven las hojas más verdes, la hierba, las hojitas de distintos verdes, color hierba, color verde botella, verde inglés. Y las hojas muertas se quedan bajo esa superficie llena de vida, sosteniendo las hojitas nuevas, alzándolas para que orgullosas sostengan ellas, a su vez, a las hormigas que por allí pasean.

Hundo un dedo sobre la hierba y compruebo que hay un centímetro o más hasta llegar a la tierra. Definitivamente son las hojas muertas las que le dan ese aspecto de alfombra esponjosa y fresca. Hay unas hormigas muy grandes, gigantes, les veo tres cuerpos, patas y antenas, y unas pinzas con las que me muerden. Hay otras minúsculas, casi microscópicas, parecen una mota de polvo que se balancea por la hierba. Después de un rato observando a las hormigas en la hierba me doy cuenta que no hay dos tipos sino cuatro: gigantes, grandes, medianas y pequeñas. O grandes, medianas, pequeñas y microscópicas. No sé, quizás son de dos tipos, y unas son hijas de otras.

Noto un roce en la espalda, será una hormiga que se ha aventurado a tamaña hazaña. Pero no, es mi hija Martina que silenciosa me acaricia. Ahora, ¡oh, sorpresa!, veo una araña. Es grande, pero no parece amenazadora correteando por la hierba. No me muevo, la veo alejarse, torpona. Quizás si la hubiera visto hace un rato, en el techo de mi cuarto, que observaba hipnotizada, hubiera gritado e intentado matarla. Porque en mi cuarto mirando al techo pensaba otras cosas, si lo conseguiré algún día, si publicaré mis cuentos. Y el libro Lola y el Dragón debo maquetarlo, y decidirme por la autopublicación, ¿Seebook o Amazon? Quizás escriba un email a la editorial que acabo de descubrir, o quizás me decida por el crowdfunding.

Observando la hierba cambio de perspectiva, ahora soy una gigante observando a las hormigas gigantes y sé que no debo preguntarme si lo conseguiré, más bien pensar qué es lo que he conseguido.

Ahora nos sobrevuela una avispa, creo que debo darme la vuelta para esquivarla porque va a picar a mi bebé, que quiere alcanzarla.

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De arañas y hombres

araña

Mis tres hijos ocupan distintas partes de mis sentidos y mi cuerpo. Lola es mi cabeza, mis pensamientos. Ella es la que me hace pensar, y pienso si está triste, o contenta, o lo que hablamos lo pienso, y pienso y mi cabeza se despierta con ella y se acuesta con ella. Martina es mi corazón, ella se encarga de su funcionamiento, como un reloj, lo mueve, lo hace palpitar, le hace cosquillas con su risa, su buen humor, sus besos apretados. Javier ocupa mi tiempo, mi piel, es un bebé que me necesita para todo y yo le toco, y él me coge, y llora y ríe y se me ha pegado al cuerpo, y me encanta.

Sueño mucho con ellos, esta noche casi pierdo mi cabeza, y el corazón se me ha parado, y una capa de piel ha desaparecido y mi cuerpo ardía de dolor. Porque una araña gigante se los ha llevado y los ha separado y los ha enredado en su tela de araña. Sin cabeza no se puede pensar en cómo recuperarlos, sin piel no puedo dar un paso, y el corazón se mueve cada vez más lento. Pero me quedaban las manos, las que contienen las palabras con las que escribo, y he cambiado el sueño, y me he convertido en araña, y he tejido una gran tela de araña, y he capturado insectos para mis crías, para mi cabeza, mi corazón y todo mi tiempo.


Ofidiofobia VI (o Aracnofobia I)

Una araña me ha picado esta noche; en mi sueño soñado. Todavía puedo sentir cómo ha recorrido mi brazo y me ha picado en la mano, mientras intentaba quitármela de en medio con una buena sacudida.

Me imagino que estaréis pensando en una araña peluda y grande, pero no os creáis, ha sido una arañita pequeña de patas muy finas. Pero igualmente me ha picado, y he sentido en el dedo índice una presión parecida a cuando tienes la mano dormida.

Si elevaba el dedo (a modo de peineta, dedicada a todas las arañas del mundo) la presión disminuía, pero si lo dejaba suelto, entonces empezaban a salirme unas púas blancas.

¡Ajajá! (supongo que esta es una palabra inventada). Ahora, al verme las púas, las personas que me han acompañado en el sueño comienzan a tomarme en serio. Antes se habían reído de mi miedo a la araña pequeña, pero comienzan a pensar que la picadura tiene unas consecuencias extrañas. Y yo no sé si seguir asustada o asustarlos a ellos lanzándole púas venenosas.

Sí, me estoy convirtiendo en serpiente, al fin.

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Categoría ofidiofobia.


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