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Ausente

Cuanto más leo más me ausento. Me gusta esa sensación, aunque mis hijos me reclaman. Yo les digo: “Seguid leyendo”.

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La muerte II

Hay muertes que no terminas de encajar nunca; no saben qué lugar de tu cerebro ocupar y van dando vueltas por tu memoria sin descansar. Hay otras que terminan asentándose, hay muertes que terminan muriendo y te dejan el recuerdo más o menos triste de quien se ha ido. Pero hay otras muertes que siguen vivas, que provocan una ausencia casi tangible, que siguen marcando después de muchos años el carácter y los actos de quiénes se quedaron aquí.

No sé qué ocurrió con las gafas de Diego, no sé si alguien las conserva y las toca de vez en cuando. O puede que se perdieran, o que se rompieran. Nunca me he atrevido a preguntar, en realidad no quiero saberlo. Cuando veo a algún niño pequeño con gafas siento un sentimiento agridulce, mezcla de ternura y rabia; las recuerdo verdes, aunque puede que fueran azules, o rojas. Puede que las siga teniendo él, al fin y al cabo en mis sueños aparece con ellas puestas.

Sueños relacionados:

La muerte.


La ausencia

La ausencia tiene un peso propio difícil de soportar. La ausencia no es el sentimiento de falta; echar de menos a alguien es un sentimiento triste, pero te acompaña de manera pausada, permanente incluso, y es algo triste, pero a lo que te acostumbras.
Pero la ausencia es como una sacudida, un golpe que te coge siempre desprevenido. Es tangible, como el agujero que deja recortar un rostro en una fotografía.
Hoy he soñado con la ausencia, he perdido a uno de mis “olores“. Y he comprobado que echar de menos a alguien es melancólico, es tan triste, pero es un sentimiento que te congela, te anestesia como la nieve, amortigua los sonidos, los llantos y la histeria.
Pero la ausencia, esa sí que es insoportable: te recuerda que tienes que cambiar tus hábitos, y te lo recuerda de manera brusca. Tira de ti, sí, como una sacudida, cuando miras hacia el cuarto de esa persona ausente esperando encontrarla. El vacío es como una cuchillada, y tienes que volver la cabeza con una mueca de dolor… Y aunque tus pasos se dirijan hacia los lugares donde esa persona te esperaba, dar la vuelta y desandar el camino te provoca escalofríos en la espalda. Te flaquean las piernas sólo porque la ausencia te ha cogido desprevenida otra vez.
Joder, menos mal que ha sido un sueño.


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