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Un secreto

Ayer mi hija mayor me contó un secreto:

– Mamá, ¿sabes que cuando sueñas tu alma sale de tu cuerpo?

– No, no lo sabía.

– Sí, y se va a vivir aventuras que son las que recuerdas en tus sueños.

Yo creía que los sueños eran el resultado de mezclar, como en una “batidora”, recuerdos, experiencias visuales, miedos, pensamientos… pero parece ser, y lo que me confiesa mi hija es siempre verdad, que hay algún lugar donde viaja nuestra alma a vivir aventuras disparatadas, sin compañía en absoluto de nuestra mente ordenada.

Debe haber algún lugar, por tanto, en el que esta noche me han suspendido en un examen. Resulta muy difícil aprobar cuando desconoces el temario. La pena es que el premio por sacar una buena puntuación era un apartamento muy mono, con una puerta tan mona como la de la casa de mi amiga Monica Geller. Pero se lo han regalado a otra persona porque yo he sido incapaz de contestar cuánto es tres por siete. Es que así, fuera de contexto… si me hubieran preguntado por el pretérito imperfecto del verbo soñar habría sacado un diez. Debe haber algún lugar, por tanto, en el que sólo he sabido llorar y llorar.

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Sunset Park

Hasta allí me he trasladado esta noche, a la casa que comparten ilegalmente Miles Heller y compañía. Pero si ya de por sí en el libro de Auster la casita de madera tiene aires de utopía, en un sueño de los míos las cosas se “disparatan” sobremanera. En vez de cuatro personas vamos a compartir la casa, que debe ser más grande en mi sueño, dos familias. La primera familia la forma un matrimonio con dos hijos adolescentes que tienen un centro de estética muy peculiar porque, además de manicuras y esas cosas, ofrecen baños en el Océano por cinco euros (no dólares). Y la segunda familia, a la que pertenezco, sólo se que la forman unos japoneses. Yo debo ser japonesa, aunque en ocasiones sólo soy espectadora de todo lo que ocurre, como de los baños en el Océano (no en el mar) junto a los delfines. ¡Qué pena!

En nuestra casa estamos organizando una gran cena de bienvenida para el patriarca de la familia japonesa, el Señor H., que ha estado viajando durante meses con el Movimiento Okupa. Pero no podemos hacer mucho ruido, no se puede llamar la atención de la policía. Y entonces es cuando se produce ese momento divertido y muy gratificante que me ocurre en ocasiones en los sueños, esos momentos imposibles de vivir en otros lugares que no sean los rincones secretos de mi subconsciente. El Señor H. parece ser un personaje creado por los dibujantes de Hora de aventuras, y porque yo lo quiero, se alarga y se contrae a mi antojo, y es muy amable, el Señor H., a veces es mi padre japonés y otras veces el líder del Movimiento Okupa… en versión animada.


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