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Gana un cuento personalizado

Participa en el concurso para ganar un cuento personalizado escrito por Cristina G. Montero. Visita la página de La Orquidea Dichosa para ver cómo puedes conseguirlo. Y mientras tanto recuerda y lee otros cuentos infantiles que puedes encontrar en el blog Sueños “disparate”:

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Carta de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente

Estimados lectores:

Nos dirigimos a vosotros en nombre de Cristina porque ella no sabe muy bien cómo expresaros su gratitud. Nos ha pedido como regalo que redactemos una carta de agradecimiento en su nombre. Aquí mi amigo Balta dice que soy muy formal a la hora de intentar explicaros algo, por lo que el siguiente párrafo lo va a escribir él, que siempre ha sido su Rey. Saludos cordiales de parte de Su Majestad el Rey Gaspar (y el próximo año a ver si os portáis mejor).

Hola, soy Baltasar, y lo que Gaspar quería deciros sin tanto preámbulo es: GRACIAS. ¿Para decir “gracias” tanta palabrería? Ala, adiós. Ahora os paso a Melchor. Pero antes un aviso: A ver si nos portamos mejor que vaya tela con las copitas en Navidad, y en verano, y en octubre, y en feria…

Queridos lectores: Yo soy el de la barba blanca. Me consta que Cristina ha tenido que comprobarlo en Google porque a día de hoy todavía no lo sabe bien. Pero no me enfado con ella, es buena. Yo os quería contar las razones de las “gracias” de mi amiga. Quería que supierais lo que le ha cambiado la vida dar con la idea de este blog, en el que se siente de nuevo escritora y periodista, lo que ha sentido desde que tenía uso de razón. Pero ha sido por vuestro apoyo, por lo que se ha convencido de que no lo debe estar haciendo del todo mal. La sensación que le produce saber que estáis ahí leyendo, es la misma que si le dierais vida a sus relatos. Provocar sensaciones con personajes sacados de su cabeza es una de las cosas que mejor le hacen sentir. Vuestros comentarios, vuestra fidelidad y apoyo le quitan inseguridad. Más o menos esa es la idea que nos ha pedido que os transmitamos. Antes de despedirme quería deciros que espero que en el año 2012 os portéis mejor, que vaya quebraderos de cabeza nos habéis dado.

Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.

 


Baltasar, el cangrejo de coral

Del libro LOLA Y EL DRAGÓN, un cuento: 

Lola salía a pasear por la playa todas las mañanas. Antes de ir al colegio, antes de desayunar, justo después del beso de buenos días de mamá, Lola salía a la bajamar. Todas las mañanas, la niña paseaba por la playa, dale que te dale, dando saltos que la salpicaban de mar. Se decía: “Es la única manera en la que me puedo espabilar”.

 

Un día Lola se encontró en la orilla, entre una concha rosa y otra blanca como la cal, a un cangrejo gigante del color del coral. Al principio a la niña le dio miedo acercarse, porque el cangrejo no era precisamente pequeño, y andaba muy quieto, tan sólo mecido por alguna ola que se le pudiera acercar. Pero Lola no ha sido nunca una niña miedosa, y al final se atrevió, agachadita, a hablarle al oído al cangrejo de coral.

 

–                  ¿Tienes oído, cangrejo? ¿Me escuchas si te hablo?

–                  Te escucho.

–                  Entonces estás vivo, ¿qué haces en la orilla, en la bajamar?

–                  Me he perdido, quiero volver mar adentro pero la arena me impide avanzar.

–                  Yo puedo acercarte allí donde los pescadores terminan su faena, si los sabes esquivar. Prométeme que no me vas a picar; tengo tanta fuerza en los brazos que te puedo lanzar.

–                  Hagamos eso entonces, vamos a nadar.

–                  ¿Cómo te llamas cangrejo del color del coral?

–                  Baltasar.

–                  Pues Baltasar, ¡vamos lanzados al mar!

 

Al día siguiente Lola recibió el beso de su madre, y fue corriendo a la bajamar. Chapoteó con sus pies como siempre y salto a salto fue a dar, de nuevo, con el cangrejo de coral. Ella se sintió extrañada pero no intimidada y el cangrejo le comunicó que se había vuelto a perder: Pues Baltasar, ¡vamos lanzados al mar!

 

Al tercer día el cangrejo volvía a estar posado en el mismo lugar. ¿Tantas veces puede perderse un cangrejo para dar con sus ocho patas en la arena blanca de la bajamar? Ya la niña sospechaba de Baltasar.

 

–                  Está bien niña, yo te lo voy a contar.

–                  ¿Qué es lo que hace perder tu sentido de la orientación, cangrejo gigante del color del coral?

–                  Mi amor por ti, niña preciosa. Te veo todas las mañanas con mis ojos saltones bajar a la playa a chapotear.

–                  Ay, Baltasar, entre una niña y un cangrejo no puede existir una historia de amor que no sea una  locura.

–                  Estoy loco y enamorado, si vinieras a visitarme al acantilado al caer la tarde, no pondría mi vida en peligro por verte. Prometo hacerte regalos, niña bonita, como colgantes de caballitos de mar.

 

Y así es como Lola y Baltasar se vieron todos los días en el acantilado después de almorzar. Charlaban de sus cosas: Lola le contaba al cangrejo lo que tenía que estudiar, Baltasar le explicaba cuáles eran las corrientes que le dejaban nadar.

 

Un día Lola no volvió a casa. Su madre preocupada la buscó por todas partes, por la playa y el acantilado durante horas, días y meses. De vez en cuando aparecen a los pies del acantilado colgantes de caballitos de mar, pulseras de perlas y nácar y pendientes hechos de coral. Dicen que el cangrejo raptó a la niña para tenerla siempre a su lado. Su madre guarda estas joyitas como relicarios, en una caja de cristal.

 

Sueños relacionados:

Monstruitos de las faldas escocesas.

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