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Zinedine Zidane, mi marido

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Que me perdone su verdadera esposa, pero esta noche he soñado que Zizou era mi marido. No está entre los guapos oficiales de mi ideario, pero tengo que confesar que en un principio me ha hecho mucha ilusión. Tan “polite”, tan deportista, tan guapo al fin y al cabo… tan aficionado a los aparatos eléctricos.

No os cuento la noche de bodas porque no ha existido, ni paseos románticos por la playa o, por qué no, la fantasía de que me hable en francés al oído. O la ilusión de acompañarlo a los entrenamientos alguna vez (será porque soy del Barça). Mi matrimonio con Zidane se ha basado en preguntas sobre aparatos electrónicos. “¿Cómo funciona esta radio?”, “¿Puedo desmontar la tostadora?”, “¿El módem tiene adaptadores para otras clavijas?”.

Como yo no le hacía caso se ha aliado con mi padre y juntos han emprendido la noble tarea de arreglar una televisión. Sobre esto Freud tendría una justificación interesante.

Esto es todo amigos, fin del matrimonio.

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¿Se acabó el fútbol?

fútbol

Demasiado fútbol este fin de semana; demasiados altercados, lágrimas, demasiadas celebraciones, despedidas. O quizás demasiado consumo futbolístico por mi parte, que me he tragado todos los programas deportivos del fin de semana (consecuencias de tener el brazo en cabestrillo). Obviando Motos y Roland Garros, y la final de balonmano (perdió el Barça), el fin de semana ha estado marcado por el final de la temporada futbolística.

Conclusión: Cristina ha soñado con fútbol. ¿Y qué me ha ocurrido? Lo de siempre, que me he arrimado a Mourinho y he pasado con él sus últimas horas en el Real Madrid. En esta ocasión me he convertido en su agente. “Jajaja”, diréis, pues me he llevado una buena comisión, que lo sepáis y, de paso, porque hablamos de un sueño, me he permitido el lujo de regañar como si fueran niños pequeños a todos los jugadores. Pero no me acuerdo de la razón. Algo que ver con un baúl antiguo que nos tenemos que llevar y han escondido. Luego he perdido bastante tiempo buscando el baúl y discutiendo sobre si es mejor que se quede en la entrada del vestuario o nos lo llevemos en avión, porque pesa mucho…

En fin, que se acabó el fútbol. ¡Ah, no! Que hoy llega Neymar.


¡Béticos del Universooooo!

Me encanta el fútbol, ya os lo he confesado en alguna ocasión, y soy del Barça, también lo sabéis. Dicho esto, vivo en Sevilla pero no soy de Sevilla. ¿Que qué significa esta apreciación? Relacionada con el mundo del fútbol, se traduce en que vivo con cierto asombro la rivalidad que existe entre el equipo del Betis y el Sevilla. Trasciende al mundo del deporte, es mucho más. La primera vez que me di cuenta de esto fue cuando mi hija, antes casi de saber hablar y mucho antes de saber lo que era el fútbol, vino de la guardería diciendo “beti caca” y “sevilla mielda”. Ella nunca se definió y ahora también es del Barça.
Os he puesto en antecedentes para que entendáis por qué razón he soñado hoy con ambos equipos. Yo tampoco me he definido, soy incapaz; pese a que no me disgusta el himno del Sevilla y me encanta la llamada a filas de los béticos: “¡Béticos del Universoooo!” A veces lo grito yo sola, sin venir a cuento. Hoy los dos equipos han intentado convencerme para que me decante por uno de ellos. Los dos han montado un chiringuito, literalmente, en una playa cualquiera, con una distancia de unos cien metros entre sí.
Y claro, qué chiringuitos más raros. El del Sevilla era la recepción de un hospital, con dos barras en las que en vez de pedirse copas se pedían recetas. Tengo que confesar que me he sentido muy cómoda allí, pasando el rato, charlando con los recepcionistas. Escuchabamos música, bailábamos… Hasta que ha llegado mi amiga Magüi, que es médico, y ha querido operarme de no se qué con no se qué aparato… ¡Me voy de aquí!
El chiringuito del Betis muy original, porque era una página web, y entré en él cual Tron en combate. Pero también se fastidia la idea virtual, ya que me obligan a rellenar una hoja de inscripción con datos interminables. Cuando me preguntan por mis estudios, estoy tan cansada que escribo acordándome del chiringuito anterior: “Medicina a tiempo parcial”.


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