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Lo que me gusta

derviches

Hay muchas cosas que me gustan, y otras que no. Hay cosas que me gustan y me hacen gracia, me caen bien ciertas personas, me inspiran ciertos paisajes y me animan ciertas cosas que forman parte de un imaginario personal que adopto como “cosas mías”. En la mayoría de los casos son cosas que no he tocado, que no he vivido ni conocido, pero me gustan.

Me gusta la danza de los derviches giradores turcos. Me relaja pensar en esa absorbente danza y meditación de la que no he sido testigo nunca. Y me gusta Arda Turan; me lo imagino no solo haciendo pases imposibles, si no también vestido como un danzarín sufí dando vueltas sobre sí mismo.

Me gustan las cámaras de fotos Polaroid, siempre me han gustado, y no ahora que están de moda recuperadas por los nostálgicos hipster. Tengo una pared en mi casa desnuda, esperando ser vestida por un collage de fotos hechas con una cámara Polaroid. Me encantan los collages, quien me conoce bien sabe que he sido única forrando carpetas con collages, o creando sobres para escribir cartas. Y ahora aprovecho para hacer collages con restos de esas cartas de siempre, con marcos de plata, con espejos, fotos…

Aunque nunca he estado, si me preguntan por mi paisaje favorito, es claramente el de las montañas tibetanas. Cuando me voy a dormir suelo imaginarme volando por allí. Y me gustan los niños pequeños con gafas, me caen muy bien. Y me encanta la textura, que no he tocado, de los muñequitos verdes (Curris) que vivían en las cuevas de Fraggle Rock. Y la voz chillona de la niña de las trenzas de Barrio Sésamo.

Me encantan el frío y la nieve, y el silencio. Y me gusta repetir palabras y frases. Digo varias veces seguidas, en voz alta: “Mi pie izquierdo, mi pie izquierdo, mi pie izquierdo”. Me gustan los osos polares porque fueron proclamados en peligro de extinción el año que yo nací. Me gustan los camaleones, me caen bien. Cuando era pequeña un niño mayor me enseñó uno, luego el niño murió, y sus padres seguramente no saben que yo lo recuerdo enseñándome el camaleón. Su hermana me enseñó a fumar. Me gusta fumar, pero no fumo. Me gusta el color Azul Francia.

Hay muchas cosas que me gustan, y otras que no. Pensar en las cosas que me gustan me divierte y me hace feliz.

Y a ti, ¿qué te gusta?

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Juerga again

Anoche salí con mis amigas. Me lo pasé muy muy bien; tapeamos, bebimos, bailamos. Sobre todo bailamos al son de las versiones del grupo The Discovers. Todo fue por cauces normales, y como madres responsables que somos hemos dormido unas cuatro horas. A volver a casa todo en orden: Niña 1, durmiendo plácidamente; niña 2, respirando profundamente (quedaría muy feo decir que ese cuerpecito tan pequeño emite ronquidos); niño grande 3, ocupando toda la cama. Me hago un hueco y a dormir. Y a soñar con otra juerga, en los mismos escenarios de la real pero mucho más disparatada. Sobre todo porque me comporto como una auténtica loca y esto en el mundo de la noche tiene consecuencias.

Nada más llegar al restaurante donde cenamos me pregunta un amable camarero qué es lo que quiero beber. Y yo le contesto: “Agua, pero en una botella de diseño, porque como me traigas una mini Font Vella voy a creer que estoy en el parque con las niñas”. Todas mis conversaciones de la juerga soñada han ido por ese camino. Para hacerme callar mis amigas me han atiborrado de vino.

Cuando hemos llegado al bar de copas la cosa no ha mejorado. Yo quería demostrar que soy muy enrollada y oigo los 40 principales, por lo que intentaba seguir la letra de todas las canciones añadiendo: “¡Me encanta esta canción!”. No hay nada más patético que en vez de cantar Want you to make me feel like I’m the only girl in the world (Quieres hacerme sentir que soy la única chica del mundo), de Rihanna, cantes Want tutu wari  weee ri remain in the wall (… quédate en la pared, eeeehhhh). El ridículo ha llegado al extremo con el concierto de The Discovers porque he bailado de tal manera que el cantante ha parado la actuación y ha comentado: “O se va la loca esta de aquí o yo no sigo cantando”. Me he escondido en el cuarto de baño y al mirarme al espejo me he dado cuenta de que no era yo sino Prairie Dawn de Barrio Sésamo (en la foto). Al salir del bar gritaba su célebre frase: “¡Un momento, un momento, un momento!”.

Los señores que se encargan de estas cosas me han retirado el carnet de salidas nocturnas. Los muy hijos de p…

Sueños relacionados:

Juergas y sueños.


El coche que te parió

Iba yo tranquilamente conduciendo mi coche… Aquí tengo que hacer un pequeño paréntesis y contaros que sueño muchas veces que tengo problemas con el coche, o dificultades para conducir. Cerrado paréntesis: Iba yo tranquilamente conduciendo mi coche cuando me ha parado la policía. Mentalmente visualizo dónde está el carné de conducir, los papeles del coche, el chaleco reflectante. Todo en orden. Lo que no me esperaba es que la policía me ha parado no por exceso de velocidad, no por tener algún faro roto, sino por el color, el color de mi vehículo perfectamente azul marino. Me han explicado que ese color está prohibido y que he tenido dos meses para cambiarlo. ¿Os creéis que me haya reído, o haya pensado que soy víctima de una broma? No, en el sueño es razonablemente posible que la policía te multe por conducir un coche azul marino. Me he lamentado de haber sido tan despistada, yo, que soy una chica tan organizada y que lo llevo todo al día, ¿cómo se me ha podido pasar algo así?

¡Ay de los que piensen que la multa era una cosita normal! Mi castigo: Vivir un mes en el jardín trasero de mi casa (casa soñada, que yo no tengo tanto jardín). Allí, muy compungida me he instalado, junto a un bohemio pintor que me pide permiso para hacerme retratos. Una tarde me visita un grupo de actores para tomar té: Agustín González, Manuel Alexandre, Fernando Fernán Gómez, José Riesgo (para los de mi generación, era Julián en Barrio Sésamo). Aquí es donde empiezo a sospechar, porque todos han fallecido, y si ninguno está con nosotros en este mundo, debo estar soñando, y si estoy soñando, la policía no era tal, y lo del color del coche es una “trola”. Aliviada busco la manera de salir del jardín de mi no-casa y recuperar mi coche azul marino. Pero, justo cuando consigo subirme en él, los no-policías vienen a mi encuentro. Entonces se produce una persecución que no podría terminar de otra manera: mi coche se cae a pedacitos, y no es la primera vez que esto me ocurre en un sueño.

Esta mañana, cuando me he subido al coche para llevar a mis hijas al colegio, he titubeado a la hora de arrancar.

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