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Las películas que me hicieron llorar

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Soy de lágrima fácil, de hecho esta mañana me he despertado llorando. He soñado con una historia de amor truncada, con ese final no feliz que te hace soltar varias lagrimitas. Este sueño me ha hecho recordar un puñado de películas que me hicieron llorar. Pero no soltar alguna lágrima, sino llorar con hipidos y a moco tendido. Algunas son míticas, forman parte de la historia lacrimal del cine, otras son simplemente sensibleras, otras no las he podido volver a ver:

El Padrino III: Y eso que me hicieron un “spoiler” con el final que le esperaba a Sofía Coppola.

Magnolias de Acero: Ese niño pequeño que no sabe que su mamá (Julia Roberts) acaba de fallecer.

Blade Runner: Menos mal que nos quedará el unicornio de origami.

Campeón: Injusto final.

Cinema Paradiso: Poco que añadir, Cinema Paradiso.

E.T.: Yo tampoco quería que regresara a casa.

No puedes comprar mi amor:  Patrick Dempsey en un cortacésped con su enamorada… lo descubrí mucho antes de que se convirtiera en el “Doctor Macizo”.

Los Amantes del Círculo Polar: Mi preferida entre las preferidas.

El Club de los Poetas Muertos: ¡Oh, Capitán, mi Capitán!

Love Story: Llorando de principio a fin.

¿Y vosotros? ¿Con qué películas habéis tenido que recurrir a los Kleenex? Quizás os inspire esta banda sonora:


La avaricia rompe el saco

Es mi refrán favorito; siempre he fantaseado con la posibilidad de triunfar como escritora, que me hicieran una entrevista y me preguntaran por mi refrán favorito. Entonces yo contestaría: “La avaricia rompe el saco. Hay un gran número de situaciones en las que se puede utilizar”. Hoy no os voy a contar un sueño sino la razón por la que he tardado en conciliar el sueño.

Me he ido a la cama pensado por alguna razón que “la avaricia rompe el saco”. A continuación me he acordado de esa entrevista ficticia en la que me hacen el típico cuestionario de “libro favorito, comida preferida, un lugar para perderse, una ciudad para vivir…”. ¿Qué contestaríais vosotros? ¿Que vuestro libro de cabecera es El guardián entre el centeno, o El libro de arena? ¿Y sobre autores, Borges o Murakami? ¿Me pongo en plan interesante contando que a mi hija de siete años ya le he leído El principito y Donde viven los monstruos? En realidad es verdad… ¿Y se sale de la línea “voy de intelectual – me encanta leer” decir que lloré como una magdalena con El Médico, pero que nunca he podido terminar Los pilares de la Tierra? Lecturas de la infancia: El club de los cinco de Enid Blyton. Durante un tiempo tuve como libro “superpreferido” Retorno a Brideshead, de hecho conservo un oso de peluche al que llamé Aloysius. Pero ahora diría que Las aventuras de Huckleberry Finn. Y si la entrevista se fuera a publicar  en una revista especializada, de literatura, las preguntas sobre lectura serían más numerosas, podría comentar que me encanta releer libros, como Seda: “Y ya sabéis, de adulto los libros adquieren otros matices, bla, bla, bla…”. Fantaseando de esa manera no hay quien duerma y podría decir que estoy siendo avariciosa, y ya sabemos que “la avaricia rompe el saco”.

No os creáis que me he dormido pronto, con el cine he hecho el mismo razonamiento que con los libros, y me debato entre confesar que soy una friki obsesiva de El padrino o hacer un análisis filosófico de Blade Runner. Pero la verdad es lloré a moco tendido con Magnolias de acero y que la película que me encanta volver a ver una y otra vez es Hechizo de Luna: “¡Johnny tiene novia, yo no tengo novia, Jhonny tiene mano, yo no tengo mano!”. Pero claro, no puedo seguir nombrando películas en mi entrevista ficticia porque no voy a conseguir dormir y “quien mucho abarca poco aprieta”, “más vale pájaro en mano que ciento volando” y además “la avaricia rompe el saco”.

¡Ay!, pero no me puedo resistir:

-Comida favorita: ¿Contesto pasta o “japo”?

-Color: Azul Francia.

-Una ciudad para vivir: Madrid.

Esta noche he soñado que iba con un saco roto dando vueltas por ahí.

 


Más cerca de Orión de lo que creemos

No me interesa especialmente la ciencia ficción; aunque hay excepciones que no sólo me llaman la atención sino que me emocionan. Que contradicción. Por ejemplo algunos textos de Isaac Asimov o la película Blade Runner, que en realidad creo que tiene más que ver con La Ilíada que con la búsqueda de planetas lejanos. Acordáos: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión…“. Dicho esto: hoy he disfrutado de lo lindo conduciendo una nave espacial. Dirigiéndome a través de las estrellas a planetas desconocidos, a lugares oscuros y otros de luz cegadora.

A medida que mi nave avanzaba, y me acomodaba en lugares nunca vistos, me he dado cuenta de que todos los espacios en los que he aterrizado estaban comunicados entre sí por unos tubos transparentes. He interpretado que volaba por distintas partes de mi cerebro y, poco a poco, he pasado de estar en un lugar desconocido a reconocer cada rincón de un espacio aparentemente ilimitado. He aterrizado en un lugar desierto, con una calma tensa que me susurraba amenaza; también he visitado las nubes, siempre de color azul Francia, y en un campo rodeado de flores rojas he sentido que sus seres me trataban como a su Reina. Tampoco me he sentido cómoda allí; he preferido seguir conduciendo mi nave hacia algún lugar donde poder descansar y soñar que estoy soñando.

No sé si creéis que ha sido un sueño angustioso; quería trasladaros una idea de enorme libertad, pese a que me encontraba en un lugar cerrado, con planetas interconectados por tubos transparentes. Podría parecer que mis viajes en la nave han sido guiados, pero yo no tengo esa sensación. Cuando recuerdo este sueño siento que he disfrutado mucho, siento que me voy haciendo dueña de mis viajes y que son ilimitados.


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