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Portugal

La paz siempre la encuentro en Portugal. Esta noche he soñado que la casa que habito me hablaba. La madera cruje. 

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Espacios, morfina y muerte

liquido

Los espacios, las casas que no habito y que se expanden, el tiempo y la muerte. Son los temas más recurrentes en mis sueños.

A veces se presentan de manera angustiosa pero, pese a todo, la mayoría de las veces los sueño de manera tranquila, amable, como en esta ocasión. Será la costumbre.

Ha habido un espacio, una casa que me dispongo a alquilar, tiempo, porque doy saltos atrás en el pasado, y muerte, porque vislumbro la muerte de la anterior inquilina con claridad.

Y, desconozco la razón, como casi siempre, pero voy a alquilar una casa en Oporto. Al visitarla noto una actitud inquietante del inquilino, un señor de mediana edad (indeterminada en definitiva) que no quiere que mueva las cosas de su sitio. Y eso es raro si voy a vivir allí. La casa no recuerdo muy bien cómo es, parece un piso; en mi sueño me he movido entre dos habitaciones, un saloncito con muebles apolillados, muy apolillados, y un dormitorio con una cama alta.

Cuando me siento en la cama ya no soy yo si no la mujer que ha muerto. Es sólo un segundo, pero me sirve para averiguar que el inquilino la ha cuidado con amor hasta el último momento y por eso es tan reacio a que yo toque nada. No tiene más remedio que alquilar la casa, pero no quiere hacerlo.

No hablo con él de eso, pero sí de los muebles apolillados y del mejor tratamiento para las dichosas polillas: “Gasoil, masilla para madera y paciencia”. Conversaciones sin sentido de las que se acuerda uno en los sueños.

Entro de nuevo en el dormitorio y siento, porque ahora no soy yo de nuevo, que la morfina son tres botes de cristal bonitos, con líquidos de color amarillo, azul y naranja que se mueven como aceite y me hipnotizan.

“Murió en paz”, le cuento al inquilino.


Sueños sin sentido (y divertidos) XI

rugby

Me gusta mi casa, es bonita, suficientemente espaciosa. Cambiaría cosas, pero imagino que eso es normal; antes de verano hicimos unas pequeñas mejoras; cada año, una cosita. Poco a poco. Digo esto porque, no sé por qué, sueño mucho con que me mudo a otra casa, no con la mudanza en sí, qué cansado, si no con el hecho de vivir en otro lugar.

Y el piso amplísimo al que me he ido a vivir esta noche no lo he podido disfrutar. Qué pena, porque tenía las paredes del salón pintadas de un verde claro y relajante y he podido vislumbrar que la cocina es enorme. Pero poco más. Es curioso, uno se queda con detalles en los sueños que no termina a comprender, paredes verdes. Y miles de niños, no propios, de los que me encargaba para llevarlos de excursión. Por eso no he podido disfrutar del piso nuevo. Que niños más petardos. No hay manera de que terminen de desayunar, solo quieren ver la tele. Y el autobús va a llegar, y los niños a medio terminar, por lo menos son cien.

Menos mal que mi subconsciente me ha enviado a la playa, a relajarme. Y ha encontrado para mí un balón de rugby. Juego a lanzarlo con alguien, no sé quién es. Me acuerdo de que los balones de rugby hay que lanzarlos de lado para que vuelen rectos. Y esa es toda mi preocupación, conseguir el efecto deseado con el balón. Muy entretenido. De vez en cuando me refresco en el mar. Una de las veces me veo envuelta en un remolino, el mar, como siempre, tira de mí y me hace desaparecer.


Ni prestada

dora_casa

He recorrido una casa gigante, con muchos dormitorios, con muchos cuartos de baño, con muchos recovecos, y armarios, pasillos, vestidores, una gran cocina. La he recorrido porque me la han regalado, no prestado, por buena, por ser una estupenda persona merecedora de un regalo como es una gran casa. Casi un palacio, diría yo; el jardín trasero interminable, dos piscinas, la de verano y la de invierno. Qué gran casa he recorrido, toda la noche andando, merodeando por las salas de estar (varias), los salones (varios), merodeando por un trastero interminable, y un garaje con capacidad para aparcar varios coches, qué digo varios coches, varios camiones si te lo propones.

¿Os hablo de las alfombras? Me he ido tropezando con alfombras por doquier, orientales, de cáñamo, de pelo largo y pelo corto, coloridas, lisas y de diferentes formas. Como se nota que estoy pensando en cambiar la alfombra del salón… ¡qué obsesión!

Yo esta casa no la quiero ni prestada, por lo menos eso he pensado en mi sueño, después de recorrerla de cabo a rabo durante toooda una noche. Es una tontería, teniendo en cuenta las prestaciones de la gran casa. Pero algo me ha causado muy mala impresión, es una tontería, teniendo en cuenta que me regalan la casa. Pero de verdad, yo no podría vivir en una casa en la que tengo de vecina a Dora Exploradora.


Una casa

Lo primero con lo que me encuentro es con un pequeño hall, que da directamente al dormitorio principal; recuerdo unas jarras de cristal y plata de la cómoda, que ahora tengo en mi casa. A mano derecha un estrecho y largo pasillo. La primera habitación huele a libros y a toquilla de lana; de la cocina recuerdo una panera y la bechamel. Al final del pasillo una mesita con el teléfono y un tapete extraño con el que me gusta jugar. El salón huele a rosquillas de anís y terciopelo color mostaza. Los cuartos de baño pequeños, la Nivea siempre presente y la cisterna muy ruidosa. Otra pequeña habitación rosa con una casita de madera colgada en la pared. El recorrido termina en una salita de estar donde están nuestras fotos. Me gusta especialmente una silla con los reposabrazos anchos, de madera, que muevo para hacerlos crujir.

Cuando duermo, ¿por qué recorro esta casa una y otra vez?


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