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El de la juerga, el coche, las monjas

sorcitroen

He vuelto a salir de juerga… en sueños, claro está. Pero de lo que he hecho desde las doce hasta las ocho de la mañana no me acuerdo de nada. He soñado con la vuelta, con mirar el reloj, ver que es muy tarde y sentir que me van a regañar.

Porque aunque voy a cumplir cuarenta años en pocos días, tengo siempre miedo de que me regañen como una niña, desde el médico si llego cinco minutos tarde a una cita, hasta mi santo padre, que no sólo no hace años que no me regaña, sino que ni siquiera me lleva la contraria. Y es algo con lo que nací, ese miedo a fallar a los demás, no tiene nada que ver con haber tenido padres autoritarios ni nada por el estilo. Lo intento superar, pero de vez en cuando el subconsciente me recuerda ese miedo.

Así que son las ocho y media de la mañana, estoy en un coche con mi marido, hemos bebido mucho, alguien que no somos nosotros conduce (vaya a ser que me regañe un policía de tráfico) y vemos a tres monjas haciendo autostop. Yyyyyy, paramos. Tres monjas mayores, perdidas, a las que vamos a dejar en alguna parte de camino a mi casa. A casa de mis padres; voy a volver de día y con copas de más a-ca-sa-de-mis-pa-dres.

Las monjas no caben bien en el coche que tiene silla Grupo I, Grupo II y alzador. Así que se tiran por el suelo. Muy bien, como nos pille la policía no sé qué les vamos a explicar.

Dejamos a las monjas sanas y salvas en algún lugar, alguien, no me preguntéis quién, aparca sin hacer ruido en el ga-ra-je-de-mis-pa-dres, y terminamos en el que fue el dormitorio de mis hermanos, dos camitas bien separadas para dormir la mona como merece la ocasión.

Esta mañana me ha llegado un whastapp de una amiga que quiere que salgamos a cenar…

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El coche que te parió IV

Limpia que te limpia el coche, con aspiradora, con un trapo húmedo, hasta inundándolo. Claro, cuando intento que se vaya el agua se queda el coche estropeado, vamos, un coche inundado, y no sé por qué, intento arreglarlo con una fregona, e incluso me ha dado tiempo, esta noche, soñando, a inventar la súper fregona a motor, con varios cabezales, y el coche, después de tal limpieza, se llena de arena, hay una tormenta de arena dentro del coche, y yo cojo la súper fregona a motor y la pisoteo, salto sobre ella y sobre sus cabezales, y me tropiezo con el coche, un coche que a veces tiene arena y otras chicles pegados en su flamante tapicería, flamante no, porque ha sufrido una inundación, y una tormenta de arena; me subo en el techo del coche, le ato una pompa de chicle gigante y vuela, y se va volando pero aún así me deja un regalito, va soltando aceite y me embadurna entera, la madre que lo trajo al mundo al coche.

Sueños relacionados:

El coche que te parió.

El coche… II.

El coche… III.


El coche que te parió

Iba yo tranquilamente conduciendo mi coche… Aquí tengo que hacer un pequeño paréntesis y contaros que sueño muchas veces que tengo problemas con el coche, o dificultades para conducir. Cerrado paréntesis: Iba yo tranquilamente conduciendo mi coche cuando me ha parado la policía. Mentalmente visualizo dónde está el carné de conducir, los papeles del coche, el chaleco reflectante. Todo en orden. Lo que no me esperaba es que la policía me ha parado no por exceso de velocidad, no por tener algún faro roto, sino por el color, el color de mi vehículo perfectamente azul marino. Me han explicado que ese color está prohibido y que he tenido dos meses para cambiarlo. ¿Os creéis que me haya reído, o haya pensado que soy víctima de una broma? No, en el sueño es razonablemente posible que la policía te multe por conducir un coche azul marino. Me he lamentado de haber sido tan despistada, yo, que soy una chica tan organizada y que lo llevo todo al día, ¿cómo se me ha podido pasar algo así?

¡Ay de los que piensen que la multa era una cosita normal! Mi castigo: Vivir un mes en el jardín trasero de mi casa (casa soñada, que yo no tengo tanto jardín). Allí, muy compungida me he instalado, junto a un bohemio pintor que me pide permiso para hacerme retratos. Una tarde me visita un grupo de actores para tomar té: Agustín González, Manuel Alexandre, Fernando Fernán Gómez, José Riesgo (para los de mi generación, era Julián en Barrio Sésamo). Aquí es donde empiezo a sospechar, porque todos han fallecido, y si ninguno está con nosotros en este mundo, debo estar soñando, y si estoy soñando, la policía no era tal, y lo del color del coche es una “trola”. Aliviada busco la manera de salir del jardín de mi no-casa y recuperar mi coche azul marino. Pero, justo cuando consigo subirme en él, los no-policías vienen a mi encuentro. Entonces se produce una persecución que no podría terminar de otra manera: mi coche se cae a pedacitos, y no es la primera vez que esto me ocurre en un sueño.

Esta mañana, cuando me he subido al coche para llevar a mis hijas al colegio, he titubeado a la hora de arrancar.

Sueños relacionados: Y llorar, llorar, llorar.


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