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De romanticismo y portazos

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Esta noche he tenido un sueño divertido, aunque ha habido portazos al final. Al principio me he trasladado a mi edad adolescente y he formado parte de una pandilla en la que se mezclan niños de varias edades. Típico grupo de vacaciones de verano. Intentad visualizar conmigo, ¿os acordáis de ese chico guapo, unos años mayor, que aparece de vez en cuando? Sólo de vez en cuando porque se aburre con los pequeños y tontea también con otro grupo de chicos y chicas que ya fuman, van a discotecas y se meten mano.

Y de repente ese chico te mira, te mira a ti, te dice algo parecido a un torpe piropo y sientes (seguro que habéis vivido alguna vez algo parecido) que todo lo que hay a tu alrededor desaparece, las risitas de tus amigas van perdiendo volumen para dejan paso a violines, sientes que cae del cielo confeti y que las olas del mar rompen cerca de él para llenarle de gotitas de agua salada. Bueno, olvidad lo de las olas, demasiado cursi, ya es suficiente con el confeti y los violines, y esa mirada de adolescente travieso que ha decidido fijarse sólo en ti.

Mi subconsciente me ha sacado de ese momento enviándome al futuro de golpe, creo que me ha metido en un tubo fluorescente por el que me he deslizado rápidamente. Y ya soy una mujer adulta y a mi lado está el chico adolescente que ahora tiene los mismos ojos, pero no la misma mirada. Y es, alucinad, político. Estamos en un colegio electoral, parece que le ha ido bien, yo le acompaño; los violines chirrían, que queréis que os diga. Que pereza, por favor.

De repente le rodean unos tantos, lo llevan en volandas, salen a un pasillo, los pierdo de vista, no los alcanzo. Y me acuerdo, en ese momento, de Kay Adams (Diane Keaton) en El Padrino, cuando le cierran los esbirros de Michael Corleone (Al Pacino) la puerta en las narices.

A mí me vais a cerrar la puerta, ni en sueños.

 

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Nuevas elecciones

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Será porque en televisión (la cual consumo pese a mi rechazo inicial) se llena de programas, de nuevo, que nos quieren borrar la memoria, de nuevo, y darnos una imagen de los políticos impoluta, de nuevo. Será por esa razón que he soñado con las elecciones del 26-J.

Y en mi sueño las elecciones eran una fiesta, todos se reunían a celebrar tan maravilloso acontecimiento como si fueran las elecciones del 77. Nada que ver con la realidad, por lo menos mi realidad, ya que iré a votar, pero casi a rastras.

En mi sueño podías votar en el colegio electoral que quisieras, de manera que muchos grupos de amigos o familiares viajaban hacia donde convenía, quedaban para comer, hacían barbacoas en las plazas de los pueblos para luego ir a votar.

Yo he quedado con unos amigos de la infancia a tomar unas hamburguesas (me acuerdo perfectamente de que eran hamburguesas porque me he levantado con ardor de estómago). Luego vamos a ir a votar a un colegio electoral construido para la ocasión en el patio trasero del Ayuntamiento.

Cuando llega el momento me doy cuenta de que se me ha olvidado mi carné de identidad. No os podéis imaginar lo enfadados que están mis amigos conmigo por mi despiste. Y yo les digo: “Pero esto es un sueño, a lo mejor puedo votar sin carné”. Pero no cuela, soy una irresponsable, una antidemócrata y quién sabe qué cosas más según sus miradas de decepción. Incluso me encuentro con Pablo Iglesias que me echa una monumental bronca por mi imperdonable olvido.

Y yo me acuerdo de un artículo que escribí hace unas semanas, OS VA A CAER UN NULO QUE OS VÁIS A CAGAR.

 


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