Archivo de la etiqueta: Corazón

De arañas y hombres

araña

Mis tres hijos ocupan distintas partes de mis sentidos y mi cuerpo. Lola es mi cabeza, mis pensamientos. Ella es la que me hace pensar, y pienso si está triste, o contenta, o lo que hablamos lo pienso, y pienso y mi cabeza se despierta con ella y se acuesta con ella. Martina es mi corazón, ella se encarga de su funcionamiento, como un reloj, lo mueve, lo hace palpitar, le hace cosquillas con su risa, su buen humor, sus besos apretados. Javier ocupa mi tiempo, mi piel, es un bebé que me necesita para todo y yo le toco, y él me coge, y llora y ríe y se me ha pegado al cuerpo, y me encanta.

Sueño mucho con ellos, esta noche casi pierdo mi cabeza, y el corazón se me ha parado, y una capa de piel ha desaparecido y mi cuerpo ardía de dolor. Porque una araña gigante se los ha llevado y los ha separado y los ha enredado en su tela de araña. Sin cabeza no se puede pensar en cómo recuperarlos, sin piel no puedo dar un paso, y el corazón se mueve cada vez más lento. Pero me quedaban las manos, las que contienen las palabras con las que escribo, y he cambiado el sueño, y me he convertido en araña, y he tejido una gran tela de araña, y he capturado insectos para mis crías, para mi cabeza, mi corazón y todo mi tiempo.

Anuncios

Tiemblo

Y todavía me estremezco de ese sentir. Del cosquilleo de mis brazos que confundí con una lesión en el cuello. Pero no, es la tristeza pasando por mis venas, haciéndose un hueco imposible entre la sangre, más espesa de lo habitual por el estremecimiento.

Y vivo y siento el cosquilleo, mis manos están frías. Porque todavía no ha llegado ese sentir, que se hace hueco entre las venas de los brazos, por las que corre sangre espesa, y tristeza y un miedo conectado directamente con el corazón.

Me gustan los corazones palpitantes, no los dibujados, me gustan los corazones sangrientos, brillantes y resbaladizos. A veces me olvido de mi corazón a propósito, pero el cosquilleo de los brazos me recuerda que sigue latiendo. Quizás por eso a veces penetraría dentro de mi piel, para ver mis venas y mis órganos sentir.

Tiemblo. Dejo correr el agua de la ducha, que arde, por mi cuello, y noto como se desintegra por fin la piel.


Martina

Mi hija pequeña me ha contado que su corazón le habla bajito: “Shhhh, habla bajito”. Se toca el pecho y lo nota latir y me dice que su corazón le cuenta cosas: “Mamá, mi corazón me habla bajito y me cuenta cosas”.

Le cuenta todas las cosas, las buenas, las que le hacen reír, y suspirar de vez en cuando. Yo a veces la oigo suspirar, sobre todo cuando nos dice que nos quiere, y cuando se mete en la cama con sueño, y cuando abraza a sus amigas.

Y cuando suspira y se ríe se lleva la mano al corazón, que le cuenta todas las cosas buenas.


A %d blogueros les gusta esto: