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La boda

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Tengo una boda mañana, tiene sentido que haya soñado con una boda esta noche. Y tengo que pedir disculpas a los novios reales porque seguro que su boda será preciosa, pero la verdad, con la que he soñado ha sido es-pec-ta-cu-lar. Y rarísima, y disparatada como cabría esperar.

Para empezar el aperitivo, sólo el aperitivo, era en una isla y nos trasladaban a los invitados en veleros. Y no penséis en islas caribeñas y mares pacíficos, hablamos de puro Atlántico, tormentas, olas y chalecos salvavidas. Pero, ¿quién dijo miedo? Nos enseñan al llegar el vídeo sobre la “regata” y es precioso: a cámara lenta la proa de los veleros rompiendo las olas, la espuma blanca y el viento…

Y qué de comida, una ordinariez. Pero yo casi no pruebo bocado porque he tenido un bebé. Lo que oís, yo voy a la boda con un cuarto hijo, una niña de días. Y le doy el pecho. No sé si lo sabéis, pero dar el pecho al principio duele muchísimo, y esa sensación de tirón en el pezón no se olvida. Así que en el sueño, súper arreglada, contraigo el cuerpo esperando el tirón cuando sorprendentemente no noto dolor alguno. Disfrutar de dar el pecho, soñaré con eso mucho tiempo porque con tres hijos que he tenido lamentablemente no he terminado de disfrutar del proceso.

Termina el aperitivo; nos dirigimos a otro lugar para comer. Ahora viajamos en autobús (yo sigo con mi pequeña), y oigo a otros invitados cuchichear: “Éstos nada más que celebran cumpleaños y bodas para evitar el proceso judicial en el que andan inmersos”. Uyuyuy, ¡qué criticones!

Antes de llegar al lugar donde nos sentaremos a comer paso por un apartamento donde se celebra una fiesta de pijamas con mi hija pequeña y sus amigas; aprovecho para dar el pecho otra vez. Las dejo a todas en pijama organizadas y me voy de nuevo… ya tengo hambre, la verdad. Parada de turno en una urbanización de calles laberínticas y casas colgantes cuando me encuentro a mi marido, con una pashmina muy colorida al cuello, que me pregunta: “¿Sabes si he venido a la boda? Me estoy buscando pero no me encuentro”.

Mañana lo pasaré bien, pero me faltará algo, ¿no creéis?

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Que vivan los lunes

aznar

Días tranquilos y apacibles donde los haya. Días ordenados que provocan sueños tranquilos y apacibles donde los haya.

Pero ¡ay! del domingo, al que precede a un sábado de cervezas, comida con amigos y cena mexicana en familia, y al que precede a un viernes de día del deporte en el colegio de los niños, cena con amigos y bares. Ese domingo sueñas fragmentos de sueños. Fragmentos muy locos en los que he hecho infinidad de cosas, como irme a Granada a estudiar Farmacia.

-¿Y qué haces con los niños mientras?

-Ah, no sé, sólo sé que me corresponde matricularme.

En esta aventura he dudado entre vivir con un amigo (que terminó Derecho hace siglos pero en mi sueño se anima con lo de Farmacia) o con mi abuela (que resucita en mis sueños de vez en cuando). Pero acabo viviendo sola en un coqueto apartamento.

No sé si he terminado la carrera; me he visto de repente viajando en avión con José María Aznar, casi casi me cae bien en el sueño, pero sólo casi, ni en sueños se muestra simpático. Acaba hablándome de Robespierre, no me preguntéis por qué.

He estado también esta noche en República Dominicana, quizás he llegado hasta allí en el avión junto a Aznar. La idea del viaje es encontrar y zambullirse en la piscina más grande del mundo.

Esta noche también le he dado el pecho a mi hijo de tres años, y he ordenado después una biblioteca. Dadme algo para ordenar, que seré feliz. Lo he ordenado por autores, creo que no es un sistema muy práctico pero es lo que hay. Es una biblioteca muy cálida instalada en mi cerebro, con lo que sólo seré yo, y a lo mejor Mateo, quien la visitará.

El sueño del lunes será diferente, o no… pero, ¡que vivan los lunes, las carreras terminadas hace tiempo, el pecho ya vacío que todo tiene su momento y que Aznar no me cuente cuentos!

 

 


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