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“Así no”

casablanca

Esta noche se han mezclado dos situaciones en mi sueño. Una real, y otra del todo improbable. Porque me he convertido en candidato a la presidencia de Estados Unidos (candidato, no candidata) con un gran dolor de muelas.

Soy candidato a ser candidato por el partido demócrata, o republicano, la verdad es que no lo sé. Me enfrento con alguien de mi partido, otro señor menos elegante y más joven que yo. Porque en mi sueño de esta noche no salgo de casa sin mi traje hecho a medida y rondo los cincuenta años.

Pero un gran dolor de muelas me acompaña, porque en realidad yo, Cristina, tengo un dolor de muelas impresionante. Y mi alter ego candidato sufre mi dolor. Tengo una conferencia y le comento a mi asistente: “Con este dolor de muelas no”. Mi asistente es una pizpireta y entusiasta chica que me sigue a todas partes. Señor, la cantidad de series americanas que me están friendo el cerebro. No sé si ver el mundo desde la perspectiva de “Scandal” y “House of Cards” o la buenista “Madam Secretary”. Prefiero a los h. de p. de las dos primeras.

Además de la conferencia quieren hacerme una entrevista en televisión y yo pienso: “¿Con este dolor de muelas? Así no”. Que digo yo que mi entusiasta asistente podría pedirme una cita en el dentista en vez de con Oprah (toma cliché, aún así no consigo dilucidar si soy demócrata o republicano).

Después de un largo día tengo que asistir a una cena de compromiso, pero yo no sólo no quiero ir a la cena, me planteo que con un dolor de muelas permanente e incurable no puedo seguir siendo candidato. De manera que me siento en mi despacho, me aflojo el nudo de la corbata y le digo a mi asistente: “Así no”.

Y yo, la que sueña, me voy corriendo al dentista en cuanto termine de escribir.

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Sueños sin sentido (y divertidos) II

Esta noche ha sonado la alarma de mi casa, en sueños. Ha sonado sin motivo, porque no estaba encendida y me encontraba yo en casa. Pero del panel de control ha salido una voz en off pidiéndome que me identificara. Y no dando una palabra clave, sino asomando mi carita por dicho panel de control. Dos cosas me han llamado la atención: Primero que dicha voz fuera la del cocinero José Andrés; segundo, que el muy descarado haya comenzado a piropearme.

Me he enfadado muchísimo, y así se lo he hecho saber cuando lo he visitado en su consulta. Porque José Andrés no sólo es un gran chef, sino además operador de un servicio de alarmas en sus ratos libres (muy poco profesional, por cierto), y dentista, mi dentista.


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