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El polvo de la galaxia

desierto

Una confunde términos cuando sueña con situaciones que no tienen relación aparente. De ahí un título confuso que a lo mejor tiene que ver con polvos (entiéndase echar un polvo), o con galaxias (entiéndase la Guerra de las Galaxias).

Pero mi sueño de hoy ha comenzado siendo un viaje nada sideral a un hotel con encanto. Aunque los hoteles de mi subconsciente no entienden de encanto… deciros que las paredes estaban empapeladas con papel para envolver regalos. Se asemejaba el edificio a un molino de viento, y nos han recibido dos resueltos jinetes a caballo. La habitación asignada, con depuradora integrada.

Cuando empiezo a asumir la situación e intento descansar, me doy cuenta que al hotel se lo ha tragado la tierra. Estamos “escondidos” en un desierto al que se accede por una trampilla. Hay que protegerse de los invasores. Aquí comienza “La Guerra de las Galaxias”.

No nos queda otra cosa que hacer, que asistir a una gran sala común para matar el tiempo. Allí me encuentro con mis hermanos. Parece que a ellos todo les parece muy normal, y no están pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo sí, y los personajes que por allí deambulan me dan pistas sobre lo que va a ocurrir en los siguientes episodios de la saga.

– “¡No hagas spoiler!”, me gritan todos.

Al final, no me preguntéis cómo ni porqué, he tenido un “affaire” con Mario Vaquerizo, porque con Mario no se echa un polvo, se tiene un affaire.

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La expedición más absurda del mundo

 

 

 

 

 

 

 

Imaginaos un país en el que las condiciones climáticas son las peores, la situación política insostenible es poco, y los planetas se han aliado para situarlo fuera de toda ruta, brújula y transporte posible. Esto es un sueño, de manera que no penséis en ningún país real. Porque en todo país existente, por muy complicadas que sean sus condiciones de vida, hay algún oasis que merece la pena visitar, con personas encantadoras que te hacen la estancia encantadora. Pero en el país soñado por no ir, no van ni sus habitantes.

Pero como el ser humano es “la cosa” más contradictoria que hay, se ha puesto de moda hacer expediciones al país inexpugnable. Y mi vecino, un chico aparentemente sensato que se llama Luis, ha convencido a todos sus amigos para hacer la expedición más absurda del mundo. Al menos eso pienso yo; me parece absurdo y temerario poner en peligro nuestras vidas, recorrer el desierto, para luego perdernos en la nieve, para luego superar un tornado permanente, para luego esquivar una guerrilla, para luego quién sabe qué más… Pero yo soy la única que piensa así, todos mis vecinos, hipnotizados por Luis el temerario, me miran con desconfianza, como una corta rollos.

Pasan los meses y voy a una boda en la que me reencuentro con amigos de mi infancia, pero no me reciben con alegría. Susurran a mi espalda: “¿No es esa la antipática que se oponía al viaje organizado por Luis el aventurero?”.

– ¡Sí, soy yo! Y sigo pensando que era la expedición más absurda del mundo.


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