Archivo de la etiqueta: Dios

Yo, judía

Ocurre a veces que, cuando duermes, sueñas que te caes. Tu cuerpo reacciona y da un vuelco. Una siesta.

Una siesta estaba yo durmiendo cuando me ha ocurrido continuamente. Cada vez que iba conciliando el sueño, perdía el equilibrio y parecía que me caía. Por fin el sueño.

Por fin el sueño, y un paseo en el que me he encontrado a Leonard Cohen. Cuando iba perdiendo de nuevo el equilibrio me he abrazado a él y me ha ayudado a no caerme. Un abrazo protector que he visualizado como un travelling circular. Y mientras, la cámara.

Y mientras la cámara da vueltas yo me voy sintiendo cada vez más tranquila, abrazada a él. Estoy en un almacén de techos altos, la paredes son blancas, parece un set de cine. En el set me han contado que Leonard Cohen era el Dios judío. Parece haber tenido que bajar a la tierra a mediar entre una familia que se está matando a hachazos.

Imagen vía #ElCuadernoDigital


Querido Dios II

querido Dios

Ya lo sabes, qué te voy a decir, las verdades no existen en este mundo, sólo las creencias. Mientras no quieras regalarme la fe, esa que tiene consistencia de humo y que cada vez veo menos, me siento una intrusa a tu lado.

Nuestra relación debe estar basada en la libertad, en la de elegirte, y siempre ha habido un halo de conveniencia entre nosotros. No es culpa tuya, pero he tenido siempre la sensación de que no me relaciono contigo porque quiero si no por miedo al castigo. Y yo no quiero que nuestra relación sea así. Quiero elegirte porque sí, porque te quiera libremente. Y si no va a ser así, doy un paso atrás, ojalá no sea definitivo, pero me parece muy hipócrita estar contigo por conveniencia, por asegurarme un lado en el cielo.

Necesito saber, no me taches de vanidosa, cómo actuar sin ese condicionante siempre detrás. Premio – Castigo; no está mal para educar a un niño, pero como adulta ya no me vale. No me taches de soberbia, de querer anteponer las necesidades del ser humano, de querer descubrir mi potencial andando sola. Sólo tú sabes que esto no es pasajero, llevo mucho tiempo esforzándome por quererte de verdad, pero hay algo artificial que se interpone entre nosotros.

Me da un poco de vértigo sentir ahora cierto desamparo. No me enfrento a ti, mis hijos espero seguirán a tu lado. Yo voy a dar un paso atrás, ojalá no sea definitivo.

Sueños relacionados:

 


Adiós sentimiento de culpa

ventana

Que me provocas pesadillas. Adiós, adiós. Te has convertido en una cadena demasiado pesada de llevar, atada a mis pies. Es que no puedo dar un paso más llevándote a cuestas. Doy pasos, pero en círculo, no avanzo.

Creía que si te abandonaba sería menos empática con el sufrimiento de los demás, pero ya no lo creo. Creía que me descontrolaría, pero ya no lo creo. Tenía miedo a que si te dejaba en el camino iba a sentirme culpable, pero ya no tengo miedo. Creía que iba a ser menos responsable sin ese tirón en los pies, pero ya no lo creo.

Me resisto a dejarte, por si darte la espalda es dar la espalda al orden que tanto me gusta, por si al sentirme ligera me voy a volver más egoísta; pero voy a dar esos pasos, tranquila, despacio… y si cojo carrerilla me haré un salvavidas de palabras, pero no de sentimiento de culpa.

Estás en mi pasado, te huelo en mi futuro, estás en mi ADN pero me voy a rebelar. La atmósfera que me rodea es más pesada de lo normal, y yo estoy acostumbrada a tejer con ese aire plomizo mis relatos y mis cuentos. Me da miedo quedarme sin ese espacio cargado, pero quizás encuentre materia nueva en la ligereza con la que ansío avanzar.

Creía que si te dejaba iba a dedicarme a mirarme el ombligo, incluso_ qué torpe eres a veces, sentimiento de culpa_ que iba a caer en un hedonismo extremo sin importarme en absoluto los problemas de los demás. Pero ya no lo creo. Creía que si te abandonaba iba a perder mi fe, esa que tiene la textura tan fina y con la que hago siempre juegos malabares para que no se me escape de entre los dedos. Ya no lo creo, aunque Dios y yo tenemos una conversación pendiente que ya no te voy a contar.

Te he confundido con un guía que me lleva por el buen camino. Pero has ralentizado mis pasos, y el camino se bloquea. Me voy a asomar a esa otra ventana, no voy a lanzarme al vacío, sólo asomarme y respirar un aire menos pesado.


Tercer embarazo VI (Bienvenido)

Te soñé,  solo Dios sabe lo que te he soñado desde hace tiempo, y aquí estás. Me encanta verte en brazos de tus hermanas.

10

Sueños relacionados:

Categoría TERCER EMBARAZO.


Allegro Non Molto

Sueño mucho con la muerte, y de uno de mis sueños nació este relato escrito ya hace unos años. Os aconsejo que lo leáis escuchando esta música:

Ha llegado el momento, me dirijo a un entierro, con una sensación que lejos de parecerse a la tristeza, me deja confundido. Definitivamente me siento algo vacío, raro, me duele la cabeza y estoy nervioso. No suelo ir a los entierros de mis pacientes, pero han sido tantos los meses que he pasado con Cristina, que siento que me debo despedir de ella como Dios manda. Y parece que Dios “manda” hacerlo en una Iglesia presidida por un ataúd. ¡Qué tradicionales somos, coño! Aparco el coche, y allá voy… espero que la caja no esté abierta.

“Y aquí entra en escena el enfermero que siempre andaba alrededor de la cama de la muerta”, digo yo que así me verán algunas caras conocidas que fueron al hospital y ahora diviso al poner un pie en la puerta (el ataúd está cerrado, menos mal). Me siento, el culo se me queda congelado, uno no se siente confortable ni reconfortado en estos sitios; estoy suspirando Cristina, ¿dónde estás? ¿Aquí con nosotros? Comienza la Misa, la despedida, todos en pie, siento que me mareo más. Espero que no sea ésta una de esas ceremonias en las que un familiar y/o amigo, micrófono en mano, cuenta las bondades de la desaparecida. Desde luego su hija y su marido no creo que puedan: antes he visto al viudo en cuestión y tiene la mirada perdida, le ha costado llegar hasta el banco, el primer banco reservado a los familiares, que digo yo estarían mejor en su casa, tumbados en la cama llorando la pérdida. La ironía me sirve para retrasar la sensación de tristeza que empieza a aflorar.

Una ceremonia corta, ya hemos terminado pero… no puede ser, esas notas las reconozco. Por Dios, (la de veces que me estoy acordado de Dios hoy, ¿me estaré ablandando?) suena el Invierno de Vivaldi, sin duda. Recuerdo las intenciones de Cristina, pero creía que no iba a cumplir su amenaza. Emma se vuelve hacia mí con una sonrisa cómplice; acaba de cumplir dieciséis años y quizás ésta sea la última vez que su madre la haga reír. La noto muy serena. A cada nota – esto va en crescendo – se me va acelerando el corazón.

Hace unas semanas, cuando mi amiga era consciente de que su final era inevitable, me comentó que siempre había fantaseado con la posibilidad de que en su entierro sonara el Invierno de Vivaldi:

“Pero no por esa tontería de hacer un símil entre el invierno y el final de nuestras vidas, no va por ahí la cosa. Lo que yo quiero es provocar una tristeza infinita a los asistentes a mi funeral. ¿Te imaginas? En el Allegro Non Molto, justo en esos momentos en los que parece que los violines van a estallar, todos mis amigos llorando a moco tendido”.

Y utilizó Cristina una expresión muy acertada, “llorar a moco tendido”, porque ahora mismo juro que estoy escuchando hipidos y sollozos; flotan en el aire los kleenex. La señora que tengo a mi lado me mira extrañada, con expresión inquisitoria, porque yo tengo una sonrisa de oreja a oreja. Sus ojos parecen decir: “¡Qué insensible, pero si esto es como una catarsis conjunta, una terapia de grupo barroca!”. Qué quiere que le diga buena mujer, yo sonrío porque acabo de descubrir que los muertos pueden enviar mensajes a los vivos. Suena la apoteosis final, ahora sí, señora, ¿me dejaría usted un pañuelito?

Voy a besar a Emma para despedirme y me da un CD: “Mi madre me tenía reservada una última sorpresa. Me ha grabado una cinta con sus canciones preferidas. Pero la muy bruta me la ha hecho llegar después de su muerte con una carta. Me conocía muy bien y quería que me desahogara pronto. Como sé que hablasteis mucho en los últimos tiempos, y además de música, te he hecho una copia, para que llores tú también”.

Me dirijo al coche y le echo un vistazo rápido al “regalito”, reconozco escritas con letra infantil algunas canciones en parte previsibles, como Hotel California, otras no tanto: aquí hay algo de Aznavour; Numb de U2, recuerdo que no sabía por qué extraña razón esta canción la excitaba; y también está presente la boda de Michael Corleone. Ésta es mi chica.


Espacios como fractales

Dicen, comentan los expertos en sueños que nunca se sueña con espacios desconocidos. Que aunque creamos que visitamos lugares nuevos, son siempre un reflejo de algo que ya hemos visto antes. No podemos crear imágenes nuevas en nuestro cerebro mientras soñamos. Eso se dice y se comenta.

Y es verdad que a veces sueño con lugares que reconozco perfectamente, y a veces vuelvo a adentrarme en casas que ya he visitado antes. Muchas veces sueño con casas en las que he vivido y que voy haciendo más grandes a cada paso que doy. Hoy me ha vuelto a pasar, pero os aseguro que he estado en una casa en la que nunca he estado. Podría ser, eso sí, que la falta de perspectiva me hubiera confundido, que me haya convertido en un ser microscópico y que en vez de habitaciones hubiera estado inspeccionando fractales.

Me contaron una vez que la existencia de Dios se podía demostrar con la definición de los fractales; puede que entonces haya estado buscando a Dios. Pero no lo he encontrado, y eso que he abierto todos los cajones con los que me he topado.

Por cierto, no estaba sola en esta casa pero tampoco he conseguido ver a ninguno de sus habitantes; solo los escuchaba abrir cajones como yo, pero en otras habitaciones. En la cocina he abierto un cajón donde me he encontrado gelatina de pescado resquebrajada. Y en un cajón de un armario de un pasillo he visto tornillos rotos.

Sueños relacionados:

Mi primera vida, mi primera casa.

La pequeña ciudad.

 


A %d blogueros les gusta esto: