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Dormir

Si llego a saber el día que iba a tener hoy no me levanto. Mis problemas siguen siendo, gracias a Dios, cotidianos, pero hoy ha sido uno de esos días…

Pero vamos a pensar en positivo, en mi cama. No sabéis lo que me gusta mi cama; bueno, a alguno ya se lo he contado. Estoy enamorada de mi cama. Es como una nube, blanca, con el edredón de plumas, con la funda blanca, sábanas blancas (no creo que pudiera dormir bien en sábanas de color), es amable, gustosa, el lugar donde leo antes de dormir, el lugar donde desconecto porque duermo como un bebé. Y las almohadas que se acoplan perfectamente a mi cabeza, a mi cuello.

Tengo esa suerte, duermo genial. Solo faltaba, si no no podría contaros mis sueños. Hay personas que me preguntan si con los sueños que tengo, y pesadillas, descanso bien. En esa cama que me espera paciente todo el día… duermo y comienzo el viaje.

Hoy he soñado que estaba en este escenario brindando, por cierto. Creo que me voy a acostar en cuanto termine este post. Ciao!


Sueños fluorescentes (Cuentos “disparate”)

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“Sueños fluorescentes” cuenta los trucos que tiene un niño antes de irse a dormir, para pasar noches plácidas sin pesadillas, para tener sueños tranquilos acompañado de los colores del arcoíris. Es ideal para regalar cuando nace un niño. 

Lola tiene todo un ritual para antes de irse a la cama. Duerme con siete muñecos, y mamá los dispone al lado de su almohada de manera particular; porque el oso grande abraza al peluche dragón, y el bebé de trapo se engancha a la bufanda del pingüino de peluche. Su oso de peluche Yoguito le da la mano a la ranita que a su vez pega su carita al mono saltarín.

Lola asimismo tiene un método infalible para conciliar el sueño; además de sentirse acompañada por sus siete muñecos, cierra los ojos y los imagina  volando a su alrededor. Porque si cierras los ojos puedes percibir las últimas siluetas que has visto con los ojos abiertos. Son siluetas fluorescentes, que se mueven por tu mente como un astronauta en órbita, sin gravedad.

Generalmente es Yoguito quien ríe más. Le encanta que Lola le imagine así, dando volteretas por ese espacio de su cerebro al que llama “el espacio de los ojos cerrados”. (…)

Si quieres saber qué más ocurre no dudes en encargar un cuento personalizado visitando CUENTOS “DISPARATE”  o enviando un correo a una de estas dos direcciones: cgm_1999@yahoo.com / cristinagmontero@cuentosdisparate.es


Lo que más me gusta del mundo

Insomnio otra vez. Y para dormir me hago preguntas que lo que me hacen es no dormir. Esta noche, para conciliar el sueño, se me ha ocurrido pensar: ¿Qué contestaría a la pregunta ´qué es lo que más te gusta del mundo´? Dormir. Si tuviera que contestar sin pensar diría “dormir”.

Pero si tuviera más tiempo, si me tomara un par de segundos más creo que cambiaría la respuesta. Lo que más me gusta del mundo es el olor de mis hijas. Me encanta ese olor a pijama limpio, a recién duchaditas. Peinar ese pelo que todavía es una pelusa y que les caigan gotas de agua por el cuello, que huelen a colonia. Pero no sólo me gusta ese olor. Me gusta el olor de las niñas cuando las recojo en el colegio, y traen una mezcla de humanidad (humanidad infantil de todas formas), plastilina, comedor y toallitas húmedas. Sí, me gusta, porque huelen a disfrutar, jugar y dar sus primeros pasos.Y soy capaz de oler el babi sucio antes de echarlo en la lavadora.

Sí, me gusta el olor de su ropa porque le han transmitido el olor de su piel, y cada una tiene un olor diferente. A Lola le huele el pelo, me encanta darle besos en la cabeza; y el cuarto de la pequeña huele de una manera especial, huele a Martina, a camita de madera y a lana.

Me encanta el olor de tener niños pequeños en casa. Mi casa huele a infancia, a sus magdalenas y galletas, a sus osos de peluche, al plástico de los Nenucos, a calcetines, lazos de colores y tizas. Lo que más me gusta del mundo.

Y sí, Mafalda es otra de las cosas que más me gusta del mundo.


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