Archivo de la etiqueta: El Padrino

De romanticismo y portazos

the-godfather-door-shut

Esta noche he tenido un sueño divertido, aunque ha habido portazos al final. Al principio me he trasladado a mi edad adolescente y he formado parte de una pandilla en la que se mezclan niños de varias edades. Típico grupo de vacaciones de verano. Intentad visualizar conmigo, ¿os acordáis de ese chico guapo, unos años mayor, que aparece de vez en cuando? Sólo de vez en cuando porque se aburre con los pequeños y tontea también con otro grupo de chicos y chicas que ya fuman, van a discotecas y se meten mano.

Y de repente ese chico te mira, te mira a ti, te dice algo parecido a un torpe piropo y sientes (seguro que habéis vivido alguna vez algo parecido) que todo lo que hay a tu alrededor desaparece, las risitas de tus amigas van perdiendo volumen para dejan paso a violines, sientes que cae del cielo confeti y que las olas del mar rompen cerca de él para llenarle de gotitas de agua salada. Bueno, olvidad lo de las olas, demasiado cursi, ya es suficiente con el confeti y los violines, y esa mirada de adolescente travieso que ha decidido fijarse sólo en ti.

Mi subconsciente me ha sacado de ese momento enviándome al futuro de golpe, creo que me ha metido en un tubo fluorescente por el que me he deslizado rápidamente. Y ya soy una mujer adulta y a mi lado está el chico adolescente que ahora tiene los mismos ojos, pero no la misma mirada. Y es, alucinad, político. Estamos en un colegio electoral, parece que le ha ido bien, yo le acompaño; los violines chirrían, que queréis que os diga. Que pereza, por favor.

De repente le rodean unos tantos, lo llevan en volandas, salen a un pasillo, los pierdo de vista, no los alcanzo. Y me acuerdo, en ese momento, de Kay Adams (Diane Keaton) en El Padrino, cuando le cierran los esbirros de Michael Corleone (Al Pacino) la puerta en las narices.

A mí me vais a cerrar la puerta, ni en sueños.

 

Anuncios

Las películas que me hicieron llorar

pelis

Soy de lágrima fácil, de hecho esta mañana me he despertado llorando. He soñado con una historia de amor truncada, con ese final no feliz que te hace soltar varias lagrimitas. Este sueño me ha hecho recordar un puñado de películas que me hicieron llorar. Pero no soltar alguna lágrima, sino llorar con hipidos y a moco tendido. Algunas son míticas, forman parte de la historia lacrimal del cine, otras son simplemente sensibleras, otras no las he podido volver a ver:

El Padrino III: Y eso que me hicieron un “spoiler” con el final que le esperaba a Sofía Coppola.

Magnolias de Acero: Ese niño pequeño que no sabe que su mamá (Julia Roberts) acaba de fallecer.

Blade Runner: Menos mal que nos quedará el unicornio de origami.

Campeón: Injusto final.

Cinema Paradiso: Poco que añadir, Cinema Paradiso.

E.T.: Yo tampoco quería que regresara a casa.

No puedes comprar mi amor:  Patrick Dempsey en un cortacésped con su enamorada… lo descubrí mucho antes de que se convirtiera en el “Doctor Macizo”.

Los Amantes del Círculo Polar: Mi preferida entre las preferidas.

El Club de los Poetas Muertos: ¡Oh, Capitán, mi Capitán!

Love Story: Llorando de principio a fin.

¿Y vosotros? ¿Con qué películas habéis tenido que recurrir a los Kleenex? Quizás os inspire esta banda sonora:


La avaricia rompe el saco

Es mi refrán favorito; siempre he fantaseado con la posibilidad de triunfar como escritora, que me hicieran una entrevista y me preguntaran por mi refrán favorito. Entonces yo contestaría: “La avaricia rompe el saco. Hay un gran número de situaciones en las que se puede utilizar”. Hoy no os voy a contar un sueño sino la razón por la que he tardado en conciliar el sueño.

Me he ido a la cama pensado por alguna razón que “la avaricia rompe el saco”. A continuación me he acordado de esa entrevista ficticia en la que me hacen el típico cuestionario de “libro favorito, comida preferida, un lugar para perderse, una ciudad para vivir…”. ¿Qué contestaríais vosotros? ¿Que vuestro libro de cabecera es El guardián entre el centeno, o El libro de arena? ¿Y sobre autores, Borges o Murakami? ¿Me pongo en plan interesante contando que a mi hija de siete años ya le he leído El principito y Donde viven los monstruos? En realidad es verdad… ¿Y se sale de la línea “voy de intelectual – me encanta leer” decir que lloré como una magdalena con El Médico, pero que nunca he podido terminar Los pilares de la Tierra? Lecturas de la infancia: El club de los cinco de Enid Blyton. Durante un tiempo tuve como libro “superpreferido” Retorno a Brideshead, de hecho conservo un oso de peluche al que llamé Aloysius. Pero ahora diría que Las aventuras de Huckleberry Finn. Y si la entrevista se fuera a publicar  en una revista especializada, de literatura, las preguntas sobre lectura serían más numerosas, podría comentar que me encanta releer libros, como Seda: “Y ya sabéis, de adulto los libros adquieren otros matices, bla, bla, bla…”. Fantaseando de esa manera no hay quien duerma y podría decir que estoy siendo avariciosa, y ya sabemos que “la avaricia rompe el saco”.

No os creáis que me he dormido pronto, con el cine he hecho el mismo razonamiento que con los libros, y me debato entre confesar que soy una friki obsesiva de El padrino o hacer un análisis filosófico de Blade Runner. Pero la verdad es lloré a moco tendido con Magnolias de acero y que la película que me encanta volver a ver una y otra vez es Hechizo de Luna: “¡Johnny tiene novia, yo no tengo novia, Jhonny tiene mano, yo no tengo mano!”. Pero claro, no puedo seguir nombrando películas en mi entrevista ficticia porque no voy a conseguir dormir y “quien mucho abarca poco aprieta”, “más vale pájaro en mano que ciento volando” y además “la avaricia rompe el saco”.

¡Ay!, pero no me puedo resistir:

-Comida favorita: ¿Contesto pasta o “japo”?

-Color: Azul Francia.

-Una ciudad para vivir: Madrid.

Esta noche he soñado que iba con un saco roto dando vueltas por ahí.

 


A %d blogueros les gusta esto: