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Mar adentro

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No sé muy bien cuál es la razón de que a mi subconsciente, no a mí, le gusten tanto los accidentes espectaculares, mar adentro. Hundimientos básicamente, mar tragando como si de un monstruo con hambre se tratara, grandes barcos, aviones y, en esta ocasión, un puente levadizo.

Generalmente tienen lugar en un paisaje real, el que podéis ver en la foto; las vistas de casa de mis padres en el Estrecho de Gibraltar. He soñado en innumerables ocasiones con aviones partidos en dos cayendo, el mar los engulle. A veces puedo alcanzarlos con las manos, y sacarlos a flote, otras los pierdo para siempre, y siento cierto placer al observar cómo los voy perdiendo de vista. Lo dicho, es mi subconsciente a quien le gusta este triste espectáculo, porque cuando estoy despierta es algo que me aterra.

Esta noche estaba asomada a ese mar impredecible cuando un puente levadizo que recorría la costa (como si eso fuera normal), se ha soltado por uno de los lados. Había muchas personas pasando, y se han agarrado todos como han podido cuando uno de los laterales ha comenzado a hundirse. Recuerdo, una estructura de hierro, tragada por el mar como si fuera un juguete. Nadie ha caído, han inventado un baile imposible a base de saltos para mantenerse a flote. Como las hormigas, que no se ahogan si todas juntas “reman” en una misma dirección.

“Un, dos, tres, ¡salto!”. Mientras saltaban a la de tres, me acercaba en una lancha a sacarlos del puente. Pero sólo uno a uno, y durante el salto.

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Auxi

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Me ocurre en ocasiones que cuando paso el día con alguien luego me acompaña en los sueños que tengo, va apareciendo cual testigo privilegiado de las locuras que me plantea mi subconsciente. Hoy me ha ocurrido con mi cuñada, con la futura mujer de mi hermano, con la que le quedan menos de dos semanas para su boda, con la madrina de mi hijo pequeño, contigo.

Ayer compartí en Sevilla un día lluvioso con ella (y con todos) y me ha acompañado esta noche en varios sueños. A dos semanas de su boda hemos estado buscando tranquilamente un traje de novia. Sin nervios, sin prisas, porque el tiempo se estira en los sueños, y sin tener en cuenta que ya tiene un vestido precioso elaborado por su hermana. Luego la cosa se ha complicado, porque se ha visto obligada a acompañarme en un reto que no le apetecía nada cumplir: cruzar a nado el Estrecho de Gibraltar. Es algo que yo quiero hacer alguna vez en mi vida, pero ella que yo sepa no tiene esa intención. Iba nadando y diciéndome como los niños pequeños en los viajes: “¿Queda mucho?”.

-“No hables porque te vas a cansar más, y sobre todo no pienses en lo que puede haber bajo tus pies” – le contestaba yo.

Luego hemos esquivado a un dragón que ha salido de las profundidades del mar, y hemos sido rescatadas por un helicóptero sospechosamente sospechoso, con unos tripulantes que nos daban más miedo que el dragón. Después del susto le hemos dado el biberón a mi bebé y nos ha comentado, con cuatro meses, lo que le sorprende la tendencia de los políticos desde hace poco a vestir con camisa blanca, cuando en realidad sólo le queda bien a Pedro Sánchez Castejón: “A mí también me favorecen los peleles blancos”.

Antes de despedirse para dar paso al despertador, mi cuñada Auxi me ha pedido que no vuelva a soñar con ella, que ha sido agotador.


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