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La casa del árbol

arbolLa casa del árbol con la que he soñado esta noche es una casa construida en un árbol, pero tan grandes, la casa y el árbol, que hay pasillos incrustados en la roca, estancias suspendidas en el cielo.

En la casa del árbol viven dos niños gemelos, niño y niña, y yo a veces soy el niño y otras la niña. En otras ocasiones soy la testigo soñadora que los ayuda. En la casa del árbol viven también los padres de los gemelos. Mamá es una princesa, papá un malvado príncipe al que todos tememos.

Después de que el malvado príncipe mate a su esposa, los niños tienen que escapar montados en un globo. El globo está hecho de hojas y ramajes, y gracias a que yo soplo con la fuerza de un gigante, se eleva por el árbol, por la roca, por los pasillos y estancias que suben al cielo.

Mi subconsciente ha dado un salto en el tiempo; unos treinta años después hemos visitado la casa del árbol, justo después de que el malvado padre haya muerto viejo y decrépito. Soy uno de los gemelos. Estamos recorriendo las habitaciones cuando un escalofrío en forma de mujer roza mi espalda. He podido ver a la princesa, cambiada, más mayor. No he podido averiguar si es un fantasma, un espejismo o es que ella ha vuelto a la casa del árbol porque nunca murió. El escalofrío me ha despertado antes de descubrir qué ocurrió.

 

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Una sombra

Esta noche he asistido a una fiesta preciosa. Era una boda, celebrada en un jardín, era mi boda, una boda ficticia, celebrada en un jardín. No había novio, pero parece que a mí este hecho aparentemente importante no me quitaba el sueño. Lo fundamental en esta fiesta han sido mis sensaciones, sensaciones agridulces provocadas por varios factores: los invitados,  que sonreían y hacían sonrojar mis mejillas; las farolillos que colgaban de los árboles, con sus luces intermitentes; una banda de música, una banda particular, cuatro chicos vestidos de negro cantando canciones de los años cincuenta; mi traje, un traje precioso, pintado sobre mi cuerpo.

Una bonita fiesta, una boda sin novio al que no echo en falta en absoluto. Yo a quien estoy esperando es a mi padrino; en este sueño es un buen amigo que se ha ofrecido a llevarme al altar, pero no llega. Y yo le echo de menos, curioso. Deambulo por mi fiesta como si ésta fuera un escaparate, y cuando, a lo lejos, diviso a mi amigo, él no me ve, no me habla, no me sonríe, porque soy una sombra.

Es otra boda a la que acudo, soy un fantasma en la boda de otros. Curioso.

Por eso paseo por el jardín encantado desnuda, con un vestido precioso pintado sobre mi cuerpo, y no tengo frío.


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