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Arresto domiciliario

esposas

Hoy me han detenido por saltarme el confinamiento. Ha sido una detención amable, y ahora os cuento por qué.

Todo ha empezado con un intento de ir al supermercado. Me dejado el coche aparcado muy lejos de dónde tenía que ir, no sé por qué. Conforme iba avanzando hacia mi destino, andando, me he dado cuenta de la estupidez. Porque además luego he de volver cargada de bolsas. Pero estoy a medio camino, prefiero no volver a por el coche.

Pero nunca llego a mi destino, no termino de llegar, el camino es cada vez más largo. Y no llego, no llego. ¡Qué angustia! Lo que sí llego es al centro de una ciudad extraña; a lo lejos un supermercado, pero cuando por fin me acerco es una farmacia y yo no necesito nada de la farmacia.

Mientras callejeo me encuentro a varias personas conocidas; toman café en bares (a una distancia prudente, pero, ¿qué hace un bar abierto?), también asisten a una función escolar, con mascarillas, pero aún así es raro.

De repente me encuentro con un chico muy agradable que me pregunta adónde voy, y yo ya estoy tan perdida que no puedo justificar qué hago por allí. Me explica muy amablemente que, para respetar el número de personas que pueden andar por la calle, me va a llevar a una casa un rato. Y la casa resulta ser la de unas amigas mías (gemelas, para más detalle). El chico me esposa a la puerta de una habitación, que por cierto es horrenda. Que casa más fea, parece que me haya trasladado de golpe a los años setenta, y todo es color café con leche, más leche que café.

El chico es voluntario de la policía, una especie de observador comunitario. Está haciendo méritos porque estudia para ser detective. Me deja allí durante unas horas, esposada a una puerta y sentada en el suelo. Menos mal que puedo charlar con las gemelas.

Me duele la muñeca izquierda.


Que vivan los lunes

aznar

Días tranquilos y apacibles donde los haya. Días ordenados que provocan sueños tranquilos y apacibles donde los haya.

Pero ¡ay! del domingo, al que precede a un sábado de cervezas, comida con amigos y cena mexicana en familia, y al que precede a un viernes de día del deporte en el colegio de los niños, cena con amigos y bares. Ese domingo sueñas fragmentos de sueños. Fragmentos muy locos en los que he hecho infinidad de cosas, como irme a Granada a estudiar Farmacia.

-¿Y qué haces con los niños mientras?

-Ah, no sé, sólo sé que me corresponde matricularme.

En esta aventura he dudado entre vivir con un amigo (que terminó Derecho hace siglos pero en mi sueño se anima con lo de Farmacia) o con mi abuela (que resucita en mis sueños de vez en cuando). Pero acabo viviendo sola en un coqueto apartamento.

No sé si he terminado la carrera; me he visto de repente viajando en avión con José María Aznar, casi casi me cae bien en el sueño, pero sólo casi, ni en sueños se muestra simpático. Acaba hablándome de Robespierre, no me preguntéis por qué.

He estado también esta noche en República Dominicana, quizás he llegado hasta allí en el avión junto a Aznar. La idea del viaje es encontrar y zambullirse en la piscina más grande del mundo.

Esta noche también le he dado el pecho a mi hijo de tres años, y he ordenado después una biblioteca. Dadme algo para ordenar, que seré feliz. Lo he ordenado por autores, creo que no es un sistema muy práctico pero es lo que hay. Es una biblioteca muy cálida instalada en mi cerebro, con lo que sólo seré yo, y a lo mejor Mateo, quien la visitará.

El sueño del lunes será diferente, o no… pero, ¡que vivan los lunes, las carreras terminadas hace tiempo, el pecho ya vacío que todo tiene su momento y que Aznar no me cuente cuentos!

 

 


Carcajadas y mucho más

Me he reído con todas mis ganas en el sueño de hoy; ha sido otro disparate total, esta vez con banda sonora incluida, la canción de Jason MrazI´m yours“, que siempre me pone de buen humor. Pero he dado un paso más al buen humor porque todo me producía ganas de reír a carcajadas, con el estómago.

Cantando “But I won´t hesitate no more, no more. It cannot wait, I´m yours” a pleno pulmón (sigo cantando mal), me he encontrado a una amiga mía del colegio. Se llama Ángel, y no la veo desde que terminé COU. Nos vamos juntas a un bar de copas y nos ponemos al día, además de ponernos pedo. Pero luego, ya recuperadas, me lleva a una farmacia que por lo visto es muy peculiar: “Tú entra y pide pastillas para dormir”. Sí que son peculiares las personas que me atienden, que para empezar no tienen ni idea de medicamentos. Y yo me muero de la risa; cuando ya tengo mi bote de pastillas tengo que hacer una cola interminable para pagar pero Ángel ya no me acompaña, además la farmacia se ha convertido en un edificio de viviendas, en una ciudad, en un país del que es muy difícil salir.

Viven en el país de las cruces verdes unos animales muy peligrosos, serpientes gigantes, que tengo esquivar dentro del agua. Mi sentido del humor intacto, a mi esto me parece muy divertido y si no me rio es porque estoy buceando. Lo que es tronchante es salir de la farmacia y subirme al barco del Capitán Garfio para sobrevolar el lugar. Qué simpático este Garfio. Por cierto que hoy nada de tararear “I´m yours”, tengo todo el tiempo en la cabeza una canción de Mraz, pero otra, “My prettiest friend. ¿Estará dedicada a Campanilla?


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