Archivo de la etiqueta: Fe

Un eco (Libertad V)

Hoy he soñado con ese ECO en el que llevo pensando un tiempo. Comienza un nuevo año y lo estreno con una conversación con mi hija mayor. Es adolescente y se hace muchas preguntas. Se hace preguntas desde que sabe hablar. Me pregunta de qué sirve vivir si luego seremos nada, ni recuerdo. Y de qué sirve luchar si luego seremos nada, ni un recuerdo. Le preocupa además el rumbo que toma este mundo y yo le he dicho que el rumbo ha sido siempre nefasto, pero prevalece lo bueno sobre lo malo, con lo que conseguimos restaurar el rumbo.

Como católicas ambas dos deberíamos confiar en lo que seremos después, pero mi fe a veces tiene la consistencia del humo y ahora se está convirtiendo en un ECO. Pero el ECO es suficiente, me sirve, comienza a ser válido en mi raciocinio y mi sentir.

Quizás somos demasiado soberbios pensando que debemos permanecer, si acaso sólo en el recuerdo. Y nos preguntamos, creyentes o no, ¿de qué sirve vivir si luego nada? Sirve, vivir con una misión aunque nos cueste saber cuál es, vivir para mantener el rumbo, para poder virar en el último momento, cuando parezca que nos damos de bruces. Y si nos chocamos, si alguna vez nos extinguimos, acabamos, si acaso que quede un ECO. Nadie nos recordará, pero habrá un ECO que si no desaparece también puede transformarse en vida de nuevo.

Esta noche he soñado con ese ECO. Esa palabra, por eso la escribo en mayúsculas, me viene a la cabeza continuamente. Salgo yo a pasear con mi ECO. Y la he soñado con forma, con boca y ojos, se mueve con lentitud y se escapa de la Tierra, vuela lejos. Si acaso dibujo el ECO, y el humo de mi fe lo dejo revoloteando alrededor, entiendo que no es incompatible con mi ECO. El ECO contiene tantas cosas, yo he podido vislumbrar dos: una caricia en la mejilla y el movimiento gracioso de mi nariz durante una siesta.

eco

SUEÑOS RELACIONADOS:

 

Anuncios

Contra la soberbia

¿Os imagináis que los personajes bíblicos que conocemos fueran personajes de nuestro tiempo? Que utilizaran las redes sociales o los blogs para darse a conocer o hacernos partícipes del mensaje de Jesucristo, o de Buda, o Mahoma… Otro gallo cantaría. Yo me he quedado pensando en las supuestas cuentas de twitter de algunos de ellos, creo que tendría más seguidores Santo Tomás que Abraham. Os recuerdo que Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo sólo porque Dios se lo pidió y Santo Tomás, sin el Santo por aquella época, es el artífice del “si no lo veo no lo creo”.  Yo seguiría la cuenta del segundo.

En mi educación cristiana crecí escuchando frases como la fe mueve montañas (que no deja de ser verdad, para bien o para mal), a Dios no le gustan los tibios y rodeada por algunas personas que por considerar que su fe estaba forjada en hierro podían dar lecciones a diestro y siniestro. Y he sido testigo del derretimiento de ese hierro en ocasiones, dicho sea de paso.

Mi fe ha estado formada por humo muchos años, una sustancia apenas palpable pero humo al fin y al cabo. Nada de hierro, ni de ladrillo ni de cemento. Pensaba que con humo no se construye una casa en la que habitar y dejé que me envolviera de esa manera “tibia” que tan poco gustaba. Ahora las cosas han cambiado, y esa fe está adquiriendo algo más de textura, diría que gelatinosa.

En mis conversaciones con Dios le he comentado que quizás no es una sustancia demasiado fuerte, pero he llegado a la conclusión de que es mejor ir adquiriendo cierta consistencia poco a poco, que no estamos para caernos del caballo como San Pablo. También le he advertido de que me muevo entre la obligación moral de repercutir todo lo bueno que me está pasando, y el miedo a mandarlo todo a la mierda a poco que mi vida se vea desestabilizada de alguna manera. Mientras tanto mi fe va tomando forma y aspiro al ladrillo y al cemento y al hierro, pero siempre con el miedo de no caer en la soberbia.

Me causó un mayor respecto el Papa emérito cuando explicó que hubo un momento en su vida en el que pensó que Dios había desaparecido. Él también ha dudado.

Y mientras tanto mi manera de ser creyente la vivo con tranquilidad, sin llevarlo todo al extremo. Ya he asumido que no todos estamos llamados a hacer grandes hazañas, coger un avión hacia Siria, o la India o  Irak o a tantos países para intentar acabar con otras tantas injusticias. Pero nuestra gran hazaña también pasa por nuestro día a día, por decirle a nuestros hijos que no hagan caso, en un entorno aparentemente cristiano, a comentarios como “putos moros” cuando ha sucedido lo de Charlie Hebdo, o “panchitos” hacia los sudamericanos, o “maricones”, o tantos otros insultos que estoy cansada de escuchar. Contrarrestar esto, al igual que creer que porque haya habido sacerdotes católicos pederastas (panda de desalmados),  los católicos vivimos la sexualidad de manera insana y retrógrada. Ya os digo yo que no es verdad.

El mayor pecado de católicos y no católicos, ateos y practicantes de cualquier religión es la soberbia.


Habemus nombre

zapatos_rojos

Imposible no hacerse eco de la elección de un nuevo Papa. Y más si una lo vive con cierta esperanza de que cambie “algo” en la Iglesia. Porque esa una es católica, con la fe en la punta del dedo gordo del pie, pero católica al fin y al cabo. Y anoche me quedé dormida pensando que sería un puntazo que saliera elegido un cardenal pelín desobedientón como O’Malley.

¿No me digáis que el nombre de O’Malley no da juego? Digo, por aquello de la “O” y el apóstrofo. Bueno, yo es que soy muy fan de las palabras y de repetir a veces palabrejas en voz alta. “O o, OOOO, ¿de qué me suena O’Malley?” Haciéndome esta pregunta me quedé dormida ayer, y he estado toda la noche mascullando nombres que empiezan por “O”. Una noche de sueños infructíferos, a no ser que tuviera que acudir a un concurso y recitar nombres que empezaran por “O”; un, dos, tres, responda otra vez. Ganaría seguro.

Primero me he acordado de George O’Malley, uno de los personajes de “Anatomía de Grey”, y he estado un rato recordando la expresión “hacer la O con un canuto”. Pero no era eso exactamente lo que estaba buscando. Muchos pubs irlandeses de por aquí y allí se llaman “O’Neill”, y también había una teniente con el mismo nombre. Y las horas en punto en inglés:

– What time is it?

– It’s nine o’clock in the morning.

“O, O, O, Sinéad O’Connor“. ¿Os acordáis de su archifamosa canción? Nothing compares 2U. A mí me gusta más Dolores O’Riordan. Menos mal que si O’Malley sale elegido Papa se va a cambiar el nombre que si no el twitter lo iba a petar… Bueno, lo va hacer de todas formas. Y dentro de unas horas esta noche en vela buscando nombres que empiezan por “O” (Óscar, Oswaldo, Özil) no va a tener sentido alguno. Pero, ¿alguno de mis sueños “disparate” los tiene?


A %d blogueros les gusta esto: