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Y yo buscando la nieve

A la derecha mi despacho, a la izquierda el de él. Mi despacho parece luminoso; tiene esas cristaleras que tanto me gustan y llegan al suelo. Aparentemente las vistas la ciudad, aparentemente puedo divisar una panorámica privilegiada de esos tejados que cubren las ideas, las cabezas pensantes, el bullicio que no logro escuchar desde las alturas. Él también tiene vistas preciosas.

– “¡Yo también tengo vistas preciosas!”

No hay puertas y me grita desde su lado izquierdo. Y yo me asomo un poco más a mis ventanas gigantes, y cuando tengo pegada la nariz al cristal, las vistas de los tejados desaparecen. Sólo puedo ver un patio interior oscurecido por la polución, estrecho, como una fosa. Da vértigo y me enfado, no estoy yo para espejismos. Y me enfado porque él me grita desde su “habitáculo” que está nevando.

– “¡Ven a ver los copos de nieve!”.

Para cuando llego al lado izquierdo creo ver la nieve caer, y para cuando quiero tocarla nos damos cuenta de que no son fractales perfectos; desde el cielo vienen volando trozos de papel.

Cuando me he despertado he echado un último vistazo a mi yo soñado; estaba sentada cruzada de piernas, rompiendo los trozos de papel, que no contenían ni palabras, ni dibujos ni poesías, ni siquiera el frío de la nieve que andaba buscando.

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Espacios como fractales

Dicen, comentan los expertos en sueños que nunca se sueña con espacios desconocidos. Que aunque creamos que visitamos lugares nuevos, son siempre un reflejo de algo que ya hemos visto antes. No podemos crear imágenes nuevas en nuestro cerebro mientras soñamos. Eso se dice y se comenta.

Y es verdad que a veces sueño con lugares que reconozco perfectamente, y a veces vuelvo a adentrarme en casas que ya he visitado antes. Muchas veces sueño con casas en las que he vivido y que voy haciendo más grandes a cada paso que doy. Hoy me ha vuelto a pasar, pero os aseguro que he estado en una casa en la que nunca he estado. Podría ser, eso sí, que la falta de perspectiva me hubiera confundido, que me haya convertido en un ser microscópico y que en vez de habitaciones hubiera estado inspeccionando fractales.

Me contaron una vez que la existencia de Dios se podía demostrar con la definición de los fractales; puede que entonces haya estado buscando a Dios. Pero no lo he encontrado, y eso que he abierto todos los cajones con los que me he topado.

Por cierto, no estaba sola en esta casa pero tampoco he conseguido ver a ninguno de sus habitantes; solo los escuchaba abrir cajones como yo, pero en otras habitaciones. En la cocina he abierto un cajón donde me he encontrado gelatina de pescado resquebrajada. Y en un cajón de un armario de un pasillo he visto tornillos rotos.

Sueños relacionados:

Mi primera vida, mi primera casa.

La pequeña ciudad.

 


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