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Arroparé al frío como se merece

de maelo terkim

Porque llega a destiempo y desorientado. Quiere regalarme su serenidad color gris y yo le haré un hueco entre mis sábanas, necesitada de ese desahogo.

Me gusta el frío por su efecto anestesiante, y porque provengo de un lugar helado, más allá de las nubes; el lugar donde viví miles de años antes de nacer.

Arroparé al frío como se merece, con tranquilidad, sin aspavientos, con una colcha fresca, porque llega a destiempo y desorientado.

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Perdiendo cosas

cotillon_ano_nuevo

¿No habéis soñado alguna vez con que perdéis cosas continuamente? Pues yo sí, esta noche. Y a cada cosa que iba perdiendo la situación se hacía más surrealista. Menuda novedad.

He estado en una fiesta, una especie de fin de año del pasado. Quizás en vez de coger un autobús o ir en coche, he viajado a través del túnel del tiempo y me he presentado en un cotillón de esos a los que iba hace ya muuuuuchos años con gran entusiasmo. Ahora los recuerdo con cierta pereza: salir tan tarde de casa, siempre lloviendo, con vestiditos de tirantes. Sí, mucha pereza.

Supongo que a la fiesta soñada he acudido con la conciencia de mis treinta y siete años porque, pese a encontrarme sin duda en el pasado, he acudido con dos abrigos superpuestos, un bolso pequeño con lo estrictamente necesario, y zapatos planos por aquello de la comodidad.

Y allí estaba, toda mi pandilla, con las caritas de pipiolos de entonces, con las parejas de entonces, y con las borracheras de entonces. Y yo no he podido disfrutar de todo aquello porque he perdido primero mi lápiz de labios, después el bolso, más tarde un abrigo, después el otro. Surrealista ha sido llamar a la puerta del túnel del tiempo para regresar sin lápiz de labios, sin bolso, sin abrigos, sin zapatos, si vestidito de tirantes… ¿Hacía frío esta mañana, no?

 


El silencio II

Y pensar que cuando abrí los ojos estábais todos, pero yo seguía atormentada por ese silencio que me ha acompañado toda la noche. Pensar que era sólo cuestión de abrir los ojos, de un movimiento casi automático, pero que a veces es imposible realizar, abrir los ojos, porque pesan los párpados y el miedo paraliza.

Y pensar que ahora estoy arropada por vosotros, y si vuelvo a cerrar los ojos nada más que habrá silencio. Y un martilleo (mudo) en la cabeza, toda la noche, todo el silencio. He sentido el frío que arde, el que te paraliza los sentidos, el que te impide abrir los ojos; la oscuridad silenciosa se alimentaba de mi conciencia.

Me gusta el frío y el silencio, pero el frío cálido y el silencio buscado.

Me he acordado de esta canción mientras escribía, no me preguntéis por qué:

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Nostálgica sin remedio, viajera incansable sin abrir los ojos

soñando

Y recorrí el mundo sin salir de un pasillo a oscuras. A través de los olores lo recorrí, y tanteando texturas, las de la pared, las del algodón, las texturas aterciopeladas de dos vidas dormidas.

Me quedé un rato sentada en el pasillo oscuro y percibí un intenso olor a colonia; entonces viajé a una madrugada, miles de madrugadas, en las que sentía frío, frío por quedarme sola, durante horas, en el colegio, rodeada de niños y tremendamente sola. Horas interminables, días tan largos.

Como el pasillo encierra todo el mundo, es muy extenso, y me puedo levantar y andar sin temor a llegar al final. Pero aún así tengo miedo de toparme violentamente con la salida, así que voy tanteando, con mis brazos extendidos, las paredes del pasillo. Y toco una pared rugosa, y viajo de nuevo, esta vez a un dibujo de otra pared que quizás ya esté derruida, pero que yo tocaba con el dedo para quedarme dormida. Un dibujo hecho con una gota de pintura, acumulada caprichosamente en un rincón del cabecero.

Avanzo hacia un lugar donde parece que no hace tanto frío. Entro en una habitación cálida, y me acurruco en el suelo para dejar de pensar.


Ocurrió en invierno II

Y si hablo de un rojo como la nieve blanca no penséis en un cadáver ensangrentado y tumbado boca abajo en un campo nevado. Más bien habría que evocar el rojo como color optimista que abriga al frío de las montañas blancas, en forma de manta. Una manta roja, o un objeto decorativo propio de la Navidad, o unas uñas pintadas de rojo. Una mujer con un jersey de cuello alto negro y las uñas pintadas de rojo, algo que gustó mucho a Lola la primera vez que vio a su madre, meditando entre la nieve blanca. Los colores a veces engañan, yo he soñado de nuevo con el color rojo, aunque me dormí abrazada a un edredón color azul Francia.

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