Archivo de la etiqueta: Fumar

El del tabaco, el Cadillac y el paquete de kleenex

conducir

Hoy he ido a un centro comercial bastante particular. Porque tenía dentro un estanco y estaba abierto sólo por eso. El resto de tiendas cerradas. Y mi subconsciente, que debe estar volviendo a pensar en fumar, me ha enviado allí. En este extraño lugar me he encontrado a una chica muy embarazada con la cara de Aidy Bryant, que me pide que la lleve en coche a casa. Por lo visto es mi vecina.

Me ha costado decidirme, pero he pensado que si me para la policía, ahora que sólo puede viajar una persona en un vehículo, entenderán que mi vecina está embarazadísima. Al salir en batería un coche que viene a toda velocidad choca contra nosotras. La carrocería del mío destrozada, la embarazada bien, gracias. El chico que conduce se baja en plan chulo y yo me obsesiono con hacer fotos a los daños antes de que se vaya… ya veis que poco práctica. Muchas fotos a mi coche pero le dejo ir sin haber hecho parte amistoso.

Además me doy cuenta de que me ha robado la cartera. Hay que localizarlo. No creo que sea difícil encontrar al dueño de un Cadillac clásico blanco, no es un coche común donde vivo.

Pero Aidy ha estado más lista que yo y ella a su vez le ha robado un paquete de kleenex. Sin puertas pero con sensación de triunfo nos vamos a casa.

En serio, estoy pensando volver a fumar.


Humo

Se diría que no fumo (de vez cuando un pitillo) porque me sienta verdaderamente mal, a corto plazo. Enseguida me duele la garganta, me marea… no me sienta bien.

Dejando de lado que es nefasto para la salud, me encanta fumar. Y esta noche he soñado que fumaba y que el tabaco no tenía sabor. Ni sabor, ni olor, pero sí el humo penetrando en mis pulmones, a cámara lenta.

humo


Lo que me gusta

derviches

Hay muchas cosas que me gustan, y otras que no. Hay cosas que me gustan y me hacen gracia, me caen bien ciertas personas, me inspiran ciertos paisajes y me animan ciertas cosas que forman parte de un imaginario personal que adopto como “cosas mías”. En la mayoría de los casos son cosas que no he tocado, que no he vivido ni conocido, pero me gustan.

Me gusta la danza de los derviches giradores turcos. Me relaja pensar en esa absorbente danza y meditación de la que no he sido testigo nunca. Y me gusta Arda Turan; me lo imagino no solo haciendo pases imposibles, si no también vestido como un danzarín sufí dando vueltas sobre sí mismo.

Me gustan las cámaras de fotos Polaroid, siempre me han gustado, y no ahora que están de moda recuperadas por los nostálgicos hipster. Tengo una pared en mi casa desnuda, esperando ser vestida por un collage de fotos hechas con una cámara Polaroid. Me encantan los collages, quien me conoce bien sabe que he sido única forrando carpetas con collages, o creando sobres para escribir cartas. Y ahora aprovecho para hacer collages con restos de esas cartas de siempre, con marcos de plata, con espejos, fotos…

Aunque nunca he estado, si me preguntan por mi paisaje favorito, es claramente el de las montañas tibetanas. Cuando me voy a dormir suelo imaginarme volando por allí. Y me gustan los niños pequeños con gafas, me caen muy bien. Y me encanta la textura, que no he tocado, de los muñequitos verdes (Curris) que vivían en las cuevas de Fraggle Rock. Y la voz chillona de la niña de las trenzas de Barrio Sésamo.

Me encantan el frío y la nieve, y el silencio. Y me gusta repetir palabras y frases. Digo varias veces seguidas, en voz alta: “Mi pie izquierdo, mi pie izquierdo, mi pie izquierdo”. Me gustan los osos polares porque fueron proclamados en peligro de extinción el año que yo nací. Me gustan los camaleones, me caen bien. Cuando era pequeña un niño mayor me enseñó uno, luego el niño murió, y sus padres seguramente no saben que yo lo recuerdo enseñándome el camaleón. Su hermana me enseñó a fumar. Me gusta fumar, pero no fumo. Me gusta el color Azul Francia.

Hay muchas cosas que me gustan, y otras que no. Pensar en las cosas que me gustan me divierte y me hace feliz.

Y a ti, ¿qué te gusta?


Fumando un cigarro con Alfonso Guerra

alfonso

Soy ex fumadora; en los últimos años he tonteado con algunos cigarros y ahora que estoy embarazada ni me lo planteo ni me apetece. A ver si sigo la racha y continúo sin fumar. Dicho esto, cómo me apetecía un cigarro esta noche en mi sueño. Tanto que no encontraba un pitillo por ninguna parte y he acabado pidiéndole uno a Alfonso Guerra, en el hall de un hotel, y me ha invitado a sentarme con él a fumármelo.

¿Y qué más? Nada más. Pero una buena charla con el humo de por medio sería cuanto menos interesante para darse la vuelta en la cama y seguir soñando, ¿verdad?


A %d blogueros les gusta esto: