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Agosto

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En la película “Agosto”, basada en la obra homónima de Tracy Letts, el personaje de Julia Roberts le comenta a su hija adolescente: “Si conociéramos nuestro futuro, no nos levantaríamos del sofá”. Viaje en carretera, camino del entierro de su padre.

Desconozco si en la obra de teatro en la que se basa la película (duelo magistral entre Roberts y Meryl Streep, aunque me quedo con Chris Cooper), existe esta conversación o esta frase; la he recordado en numerosas ocasiones. Vivimos tranquilos, ajenos a ciertas cosas: “Si conociéramos nuestro futuro, no nos levantaríamos del sofá”.

Esta noche he soñado que tapizaba varios sofás, me he despertado agotada. Todavía tengo las manos dormidas de utilizar la grapadora, estirar telas.

Comienza agosto.

SUEÑOS RELACIONADOS:

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Nostalgia en espiral

Suelo visualizar el trayecto recorrido en mi vida de forma lineal, incluso cuando he cambiado de dirección; si tuviera que trazarlo en un papel lo haría con una regla, línea recta, a la derecha, a la izquierda. Cuestión de orden, como siempre. Pero hay emociones que rodean esas líneas en forma de bucle, como la nostalgia, que podría casi hacer desaparecer la línea recta si pintara encima de ella.

En mis sueños, de vez en cuando, viajo en el tiempo y siento lo que he vivido hace diez, veinte años como si hubiera sucedido ayer. Me imagino dando pasos atrás sobre la línea ya trazada, lápiz en mano y, en según que tramos, voy pintando encima espirales que me producen un nudo en la garganta.

A veces siento nostalgia del futuro. Avanzo, esta vez en línea discontinua con un rotulador negro para volver a pintar en bucle. Lo bueno es que las líneas del futuro, cuando me repongo, las puedo borrar con una goma a prueba de tinta negra.

En mi último sueño he cambiado de ciudad tan sólo abriendo una puerta. No hay líneas, y casi no hay pasos, sólo puertas y una sensación de absoluta ingravidez. En mi cama, esta mañana, un lápiz. Si pudiera romperlo.

 

 


Pipe

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Mi hermano Pipe tiene cinco años en mi sueño. En mi sueño Pipe es ese niño “tirando a pelirrojo” con el pelo rizado y la cara llena de pecas, con la mirada cargada de intención, entre la pillería y las ganas de comerse el mundo.

Pipe cree que ha echado el freno de mano en esa carrera hacia el futuro, quizás porque corría muy rápido y hubo un momento en el que no sabía hacia dónde se dirigía. Pero esta noche ha vuelto a tener cinco años, se ha perdido en el túnel del tiempo y ha aparecido en mi vida como el niño que fue. Lo he acogido con ternura, como a un hijo más que como a un hermano. Y hemos andado, hemos vuelto a coger impulso.

Me sorprende haber sentido tan cercano el recuerdo de ese tiempo; le he tocado la nariz, y el pelo rizado y la mejilla llena de pecas. Y me ha pedido que le acompañe de nuevo al futuro, porque se ha perdido en el túnel del tiempo. Yo no sé tú, Pipe, pero hoy te siento más fuerte que nunca.


Futuro

Estamos todos unidos por un hilo invisible; cuando sientas la necesidad, tira de él.


Un viaje en el tiempo

Esta noche he retrocedido dos años en el tiempo. Pero plenamente consciente, la Cristina de 2012 se ha levantado una mañana en el año 2010. Lo primero que he hecho ha sido recorrer la casa y comprobar que la decoración es distinta; faltan los cojines que compré el verano pasado y cómo no, los cuadros están todos fuera de su sitio (me encanta descolgar y colgar cuadros, cambiarlos de lugar). En el cuarto de la pequeña todavía está la cuna y entiendo que no debo recogerla en el colegio sino en la guardería.

Me divierto, me divierto con estos sueños. ¿Y si me acerco al teléfono y marco el número de teléfono de mi abuela, lo cogerá? No me atrevo a hacerlo. Miro el almanaque y observo que tengo un cumpleaños al que asistir. Me acuerdo de cuándo fui a ese cumpleaños hace dos años; llegué tarde, ¿me ocurrirá lo mismo esta vez?

Empiezo a preguntarme la razón por la que estoy aquí, por la que he retrocedido dos años justos en el tiempo. ¿Será temporal? ¿Es que tengo algo que evitar para cambiar el futuro?

Ya están mis hijas en casa, son más pequeñas y nos arreglamos para ir al cumpleaños. No llego tarde, simplemente no llego porque me voy parando con todo aquél con el que me cruzo por la calle para contarles que vengo del futuro, que estoy reviviendo el año 2010. Nadie me cree pero no me importa. Me divierto, pero lo que no tengo claro es si llamar por teléfono a mi abuela, como descuelgue y oiga su voz me da un patatús.


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