Archivo de la etiqueta: Gigante

La casa del árbol

arbolLa casa del árbol con la que he soñado esta noche es una casa construida en un árbol, pero tan grandes, la casa y el árbol, que hay pasillos incrustados en la roca, estancias suspendidas en el cielo.

En la casa del árbol viven dos niños gemelos, niño y niña, y yo a veces soy el niño y otras la niña. En otras ocasiones soy la testigo soñadora que los ayuda. En la casa del árbol viven también los padres de los gemelos. Mamá es una princesa, papá un malvado príncipe al que todos tememos.

Después de que el malvado príncipe mate a su esposa, los niños tienen que escapar montados en un globo. El globo está hecho de hojas y ramajes, y gracias a que yo soplo con la fuerza de un gigante, se eleva por el árbol, por la roca, por los pasillos y estancias que suben al cielo.

Mi subconsciente ha dado un salto en el tiempo; unos treinta años después hemos visitado la casa del árbol, justo después de que el malvado padre haya muerto viejo y decrépito. Soy uno de los gemelos. Estamos recorriendo las habitaciones cuando un escalofrío en forma de mujer roza mi espalda. He podido ver a la princesa, cambiada, más mayor. No he podido averiguar si es un fantasma, un espejismo o es que ella ha vuelto a la casa del árbol porque nunca murió. El escalofrío me ha despertado antes de descubrir qué ocurrió.

 

Anuncios

La pequeña ciudad

Casi diminuta, cabría añadir. Soñé hace años con ella y me maravilla descubrir cómo la recuerdo, casi al detalle. Por eso vuelvo hacia ella de vez en cuando, y la recorro de nuevo en mi cabeza. Cuando soñé con la diminuta ciudad, estaba en construcción, y sus diminutos habitantes se desplazaban con lianas de un lugar a otro para arreglar tejados, asfaltar calles o trasladar muebles pesados. Yo los encontré “a la vuelta de la esquina”, literalmente, ocupaban una esquina de una calle perdida de mi mente. Y como con mi tamaño natural me costaba mucho ayudar a sus habitantes, me convertí en uno de ellos, me hice diminuta y volé por sus tejados a medio hacer, y sus aceras diminutas.

De vez en cuando vuelvo a la pequeña ciudad, a veces con mi tamaño, a veces reducida a la estatura estándar de la pequeña ciudad. Me asomo para comprobar sus adelantos. Ya están casi todas las casas pintadas, pero algunas calles son de difícil acceso, por lo que si soy gigante, con la punta de los dedos hago volar el autobús lleno de niños chillones y lo traslado a la puerta del colegio; intenté también deslizar con mi mano el asfalto, pero no mido mis fuerzas y hay un barrio que se ha llenado de alquitrán.

Os dejo, tendré que convertirme de nuevo en pequeñita y arreglar este desaguisado. Otro día os hablaré más de la pequeña ciudad.


A %d blogueros les gusta esto: