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Atacada con un palo de golf

Concretamente un putt (o putter), el palo que se utiliza casi exclusivamente en el green, para meter la pelotita en el hoyo. Menos mal, porque si me dan en la cabeza con un drive, no lo cuento. Estaba yo tranquilamente en mi cama cuando alguien, lo dejo en el anonimato por seguridad, se ha acercado con dicho palito escondido en la espalda. He vislumbrado el putt y he tenido los reflejos suficientes para saltar y esquivar el golpe.

– ¿Por qué me haces esto?

– No queda más remedio, es el destino.

Y yo, que en realidad estaba en la habitación de un hotel (ya sabéis, en mi casa que no es mi casa), he creído que el/la atacante quería robarme, y le he ofrecido llevarse los muebles de la suite. Pero no, no era un robo, era el destino, ser golpeada con un palo de golf.

– ¿Por qué me haces esto?

– No queda más remedio, tienes el título de la peor jugadora de golf de la historia.

– ¿Y no me salvo por ser la biógrafa oficial de Tiger Woods?

– No, eso es peor.

La suite del hotel se hace cada vez más grande y yo acabo el sueño corriendo por sus dependencias interminables para evitar ser atacada con un palo de golf, con un putt para ser más concretos.

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Extraterrestres jugando al golf.

 

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Extraterrestres jugando al golf

Esta noche me he ido a jugar al golf, a practicar un poco. Pero no he ido a practicar a un campo de golf al uso, sino a una sala cerrada en la que había mucha gente conocida, y casi no he podido dar ni una bola. Cada vez que me preparaba, intentando encontrar la postura perfecta para lanzar la bolita, alguien me interrumpía ofreciéndome un canapé o una copa. Sí, es que la sala en cuestión era campo de prácticas y catering a la vez. Cansada de no poder jugar con tranquilidad me dispongo a recoger los palos de golf e irme pero… siempre hay un pero. Antes de poder casi reaccionar los camareros comienzan a desnudarse y a quitarse también la piel, ya que en realidad son unos temibles extraterrestres que se disponen a desintegrarnos con sus pistolas láser (¿por qué me gustarán tanto las pistolas láser?).

Entonces ya no soy yo sino mi cuñado Richard (tengo un cuñado que se llama Richard) y los marcianos me disparan y me convierten en uno de ellos; o le convierten a él en uno de ellos, y le encierran en una cúpula de la que no puede escapar. Pero él escapa, y se monta disfrazado de humano en un coche volador, una nave espacial con forma de Peugeot 508. Eso ha sido lo más divertido, porque el coche disparaba rayos láser a otras naves; ha sido como jugar a un videojuego mientras dormía. Al final Richard el marciano consigue volver a ser humano cuando un amigo suyo le toca el dedo índice durante diez segundos y le transmite de nuevo energía humana. Y es feliz y se come una perdiz.

¿Y yo mientras? Vuelvo a ser yo, encerrada en la sala donde los extraterrestres juegan al golf. Tengo que escapar de allí, siempre con mi bolsa a cuestas, nadando en un mar lleno de rocas. Un mar un poco gelatinoso porque dentro hay otra criatura monstruosa a la que no puedo despertar con mis brazadas. De manera que con mucho cuidado llego a la orilla, no sin antes ver nacer a unas águilas de unos huevos que flotan en el mar. Cuando por fin alcanzo la meta, me pongo a charlar con un chico, al que le hago mucha gracia porque soy pelirroja y le recuerdo a su hermana. Y así termina el sueño, riéndome mientras águilas marinas sobrevuelan mi cabeza… mi cabeza pelirroja.

Y mi marido dice que duermo como un bebé.

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Si Borges se enterara de esto.


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