Archivo de la etiqueta: Grandes disparates

El laberinto de Fran Rivera

camellos

No me cae especialmente bien Fran Rivera. Me refiero a que como personaje público (no lo conozco personalmente) no me despierta grandes simpatías. Pero esta noche he soñado con él y tengo que reconocer que se ha portado estupendamente, y ha demostrado tener una gran paciencia conmigo. Supongo que al Fran real le gustará que lo defina como un “perfecto caballero”, pero eso sí, ha sido un sueño.

Esta noche me he colado en su casa, que como ocurre siempre en mis sueños, comienza siendo una casa de dimensiones más bien pequeñas para convertirse, a cada paso que doy, en una lugar inabarcable. La casa de Fran Rivera en esta ocasión ha acabado convirtiéndose en un castillo con unos terrenos kilométricos. No he hablado con nadie, pero la sensación que he tenido es de ir acompañada de un grupo de gente, y de que la visita era como una excursión. Y Fran nos ha atendido siempre con unos modales exquisitos, pese a que nos hemos presentado sin avisar.

Y no ha perdido el buen talante cuando me he colado en su granja de camellos. Curiosamente los camellos andan a dos patas; en realidad tienen cuerpos humanos y cabeza de camellos y nos miran desafiantes. Sé, porque mi subconsciente me lo ha comentado, que se trata de una granja experimental súper secreta, pero el torero no se ha molestado en absoluto con nuestra intromisión y, aunque algo desconcertado, nos ha explicado por qué los camellos son medio humanos y el jefe de todos ellos es de color gris. No me acuerdo de la explicación, pero sí de la cara de resignación de nuestro anfitrión.

Al acercarnos a la fachada del castillo no he podido resistirme a entrar en un laberinto subterráneo, que se está preparando para ser una atracción turística. Un laberinto que hay que sortear a modo de gymkana. Pero no está todavía listo y hay allí varios animales salvajes, campando a sus anchas. Como yo ya he entrado, el caballeroso Fran Rivera se interna también en un laberinto de pasillos, cuevas, y pasajes secretos para protegerme de posibles encuentros con leones, panteras y serpientes venenosas. Un encanto.

¿Que si he conseguido salir del laberinto? Creo que no, lo último que recuerdo es una pared de ladrillo y un pavo real.

Anuncios

Sueño verbal

– Lo que he soñado.

-¿Lo qué o el qué?

-He soñado con ello.

-¿Lo qué?

-Será el qué.

-¿El qué has soñado o qué has soñado?

-He soñado que mantenía un diálogo de besugos.


Los zapatos del torero

zapatos_toreroMe han encargado esta noche organizar el homenaje a un brillante torero retirado. Podría ser el padre de mi cuñada, podría ser. Y yo he aceptado encantada. Pero como se trata de un sueño “disparate” la cosa se ha complicado y no he disfrutado demasiado del sentido homenaje.

Primero ha adquirido mucha fuerza, desconozco la razón, la obsesión por dormir. Parece que siempre eran las dos de la mañana y me tenía que levantar a las ocho, pero entonces me liaba con los preparativos del acto y mis horas de sueño parecían acortarse. Volvía a mirar el reloj y seguían siendo las dos de la mañana: “Si me acuesto ya, podré dormir seis horitas por lo menos”. Esto ha sido constante.

La segunda constante en la organización del homenaje ha sido la biografía del torero. Por más que yo preguntaba e intentaba informarme, nadie me ayudaba. Y a mí, estaréis de acuerdo, me parece importante tener estos datos para ordenar trofeos, capotes e incluso grabar un vídeo en la línea de lo que me han pedido organizar, un homenaje como Dios manda.

Los zapatos del torero: No me disgustan las manoletinas de los toreros. Tienen su áquel, son de cuero negro adornadas con un lazo negro, y con una suela especial para evitar resbalar delante de la cara del toro. Pero de ahí a que sean lo más importante, hay un gran paso. Y la tercera constante de mi disparatado sueño ha sido recopilar por lo menos cien pares de manoletinas, de distintos colores además, para exponerlas con motivo de tan importante evento. Y encima son las dos de la madrugada, y tengo solo seis horas de sueño por delante.


Boicoteando según qué

guirnalda-con-vasos-de-plastico

Lo conocí hace más de un año, en la Feria del Libro de Madrid. Somos compañeros de agencia literaria y se organizaba una cena con varios autores a la que acudimos con entusiasmo. Se llama Juan Luis Marín, y no me cayó nada mal, aunque no hablamos demasiado, estaba sentado en una esquina cerca mía. Poco tiempo después se animó a escribir en un blog que sigo devotamente, por su estilo directo, su manera gamberra de criticar gamberradas y por tener la sensación de pertenecer a ese imaginario muy mío de “nos gustan las mismas cosas”. Escritores los dos, quizás de la misma generación atónita. Lo leo, me lee, y gracias a varios “retuiteos” y “me gusta” y comentarios varios no se ha desmadejado del todo ese pequeño hilo de seda que se formó allá por.

Esta noche he soñado con él. Nos lo hemos pasado bien, aunque ahora me avergüenzo un poco de lo que hemos hecho. Nos hemos encontrado en una convención de publicidad. Como los anuncios eran una mierda, todos de productos de limpieza además, y nos aburríamos, hemos decidido beber cava en vasitos de plástico y emborracharnos. Volaba el cava, los vasitos y nosotros por las butacas de la sala donde proyectaban los anuncios.

Nos han echado, claro, de allí. Y hemos pensado que estaría bien acudir a esa casa tan blanca, ¿te acuerdas?, sí, la que se sostiene sobre el espigón del puerto, ¿estás loco? No te atreves… La casa en cuestión tiene un gran muro que hemos utilizado para hacer escalada. Y escalar, y escalar, y luego llegar a la cocina para hacer un pastel. Y entrar en el cuarto de los niños y robar juguetes. “No te atreves…”

¿Y que más? No sé, quizás, me duele todo el cuerpo después de escalar sin parar.


Para un roto y un descosido II

macarenaMi amigo Antonio es muy simpático, pero eso no lo convierte en actor profesional. Sin embargo me lo he encontrado esta noche en un casting para hacer una película. Resulta que Antonio, además de trabajar como abogado, hace sus pinitos como actor. Me lo cuenta mientras nos cruzamos con Macarena García, a la que saluda amigablemente mientras yo me quedo un poco cortada: “Luego ensayamos la escena”. Parece que optan a ser los padres del protagonista.

¿Y yo que hago ahí? Pues no sé, probar suerte, vivir una nueva experiencia me imagino. Parece que la película es un dramón; cuando llega el director y me pregunta por mi experiencia le comento: “No tengo ninguna, pero soy madre y me puedo hacer idea del sufrimiento del niño”. Y me quedo tan ancha.

Al final no le han dado el papel ni a Macarena ni a Antonio (ni a mí, por descontado); pero no parece importarles, porque aquí mis “amigos” sirven para un roto y un descosido y han montado un negocio de rehabilitación de casas antiguas y este verano están a tope.

Sueños relacionados:

Si Borges se enterara de esto.

Para un roto y un descosido.


Desayunos robados

desayunos

Mato por un desayuno, y anoche me acosté sin cenar. No digo más.

Esta noche he soñado con mi vecino y sin embargo amigo JAs (José Ángel Silva para los profanos) con el que de hecho tengo que quedar para ver un nevo proyecto en el que andamos trabajando. En el sueño me ha citado para desayunar y ver algunos dibujos en su ordenador. Supongo que esta noche he pasado mucha hambre, de otra manera no se explica las gamberradas en las que nos hemos embarcado.

Cuando llego a su casa veo que me espera fuera, sentado en su coche, listo para salir a alguna parte:

– “He pensado que podemos desayunar fuera”.

Me ha parecido una buena idea, aunque tenía un poco de prisa por ver los bocetos de lo que espero sea una preciosa página web. Pero el hambre me ha podido. Visualizaba croissants calentitos con mermelada de fresa, Mmmmm.

Me subo en el coche y lejos de aparcar en una cafetería observo que nos hemos plantado delante de una casa cercana a la nuestra.

– “¿Y ésto? – pregunto.

– Vamos a saltar la valla. De esta casa sale una pareja todos los días con una gran sonrisa, deben de desayunar súper bien. Veamos su despensa.

JAs tiene razón, el desayuno que nos hemos “pimplado” ha sido espectacular. Café recién molido y bollitos suizos con mantequilla. La experiencia ha sido tan positiva que nos hemos aficionado a repetirla. Asaltamos jardines, entramos en portales y tenemos el vicio cogido a forzar cerraduras. Vaya desayunos, en alguna ocasión incluso dejo notas del tipo: “Gracias, la próxima vez las galletas de esta marca mejor integrales”. Llega ya a tal punto nuestro sibaritismo con los desayunos que estudiamos previamente a nuestras “víctimas”; si compran el pan en tal o cual panadería, si tienen niños o no (porque una Pantera Rosa de vez en cuando apetece), si son felices en definitiva. Y nosotros, felicíiiiisimos con los desayunos robados.

Sueños relacionados:

“¡Qué hambre!”


A %d blogueros les gusta esto: