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El Ogro de las Cuatro Espinas (Cuentos “disparate”)

niños

El “Ogro de las cuatro espinas” cuenta la hazaña de un niño que se enfrenta a un monstruo enfadado y amenazador. Como el pequeño es valiente y tiene buen corazón, decide ayudar al Ogro a desprenderse de las espinas que tiene clavadas, verdadera razón de su mal humor.

El pequeño duende Tití ha invitado a su amiga Ana a merendar. Ana es la mejor amiga de Tití, tanto es así que al hermano pequeño de la niña le llaman igual que el duende. No es una invitación cualquiera, porque la casa de Tití se encuentra en el corazón de un gran bosque, entre abedules gigantes donde todos los cuentos pueden suceder. La casa del duende está situada en un alto torreón: arriba, arriba, se encuentra su hogar. Una fortaleza a la que se accede escalando.

Las precauciones del duende Tití para llegar a su casa tienen justificación, ya que vive también en  este bosque el temido Ogro de las cuatro espinas. Es un ogro peligroso, de difícil convivencia, pero aún así no ha querido el duende dejar de invitar a su amiga Ana a merendar.

Y la pequeña niña valiente acepta la invitación pese al largo viaje, el difícil acceso y pese al Ogro de las cuatro espinas.

Si quieres saber qué ocurre no dudes en encargar un cuento personalizado visitando CUENTOS “DISPARATE”  o enviando un correo a una de estas dos direcciones: cgm_1999@yahoo.com / cristinagmontero@cuentosdisparate.es


Querida Lola:

 

Querida Lola, cómo me gustaría verte sonreír más a menudo. Cuando ríes iluminas a quien te observa, tus ojos grandes se hacen más grandes, y la boca crece hasta ocupar casi toda la cara. Parece que tu rostro cambia de color, es más brillante, y la nariz se arruga para dejar paso a esa sonrisa que tanto me gusta. Pero son pocas las ocasiones en las que ríes de esa manera despreocupada que corresponde a los niños de tu edad. Esa carcajada limpia libre de grandes preocupaciones, sin rastro de sombras.

¿Por qué entonces has dejado que algunas sombras ensucien esa luminosidad? Cuando no ríes tus ojos grandes se hacen más grandes, pero también se hunden en tu rostro, que palidece. Me gustaría poder moldearte la cara con mis manos, cambiar la dirección de tus labios, levantarlos hacia arriba, para que sonrían. Me gustaría tener una varita mágica y posarla en medio de tu frente, para absorber como una mamá hada todas tus preocupaciones, hacerlas desaparecer.

Quizás no tenga una varita mágica, pero tengo todo el amor del mundo, que nos convierte a todas las madres en las hadas más eficientes.

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