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Relojes de pared

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Con lo que me gustan los relojes de pulsera por un lado, y por otro los espejos de Sol para colgarlos en la pared. Pero no los relojes de pared. Pero se ha debido producir un cortocircuito en mi cerebro esta noche: reloj, pared, espejo, Sol, ¿me quito el reloj y lo cuelgo en la pared?

Esta noche me he dedicado a taladrar mis preciosas y recién pintadas paredes blancas para colocar relojes por todas partes. Y conforme iba colocando clavos con mi súper martillo (me encantan los martillos, pero no tanto como los destornilladores), la casa se iba haciendo cada vez más pequeña. Siempre agrando los espacios con los que sueño a cada paso que doy, pero en esta ocasión mi casa se ha reducido a un cuartito, una habitáculo que recordaba a los camarotes de los trenes. Y yo tan contenta, ordenando y colgando relojes de pared.

Es la hora.

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Sunset Park

Hasta allí me he trasladado esta noche, a la casa que comparten ilegalmente Miles Heller y compañía. Pero si ya de por sí en el libro de Auster la casita de madera tiene aires de utopía, en un sueño de los míos las cosas se “disparatan” sobremanera. En vez de cuatro personas vamos a compartir la casa, que debe ser más grande en mi sueño, dos familias. La primera familia la forma un matrimonio con dos hijos adolescentes que tienen un centro de estética muy peculiar porque, además de manicuras y esas cosas, ofrecen baños en el Océano por cinco euros (no dólares). Y la segunda familia, a la que pertenezco, sólo se que la forman unos japoneses. Yo debo ser japonesa, aunque en ocasiones sólo soy espectadora de todo lo que ocurre, como de los baños en el Océano (no en el mar) junto a los delfines. ¡Qué pena!

En nuestra casa estamos organizando una gran cena de bienvenida para el patriarca de la familia japonesa, el Señor H., que ha estado viajando durante meses con el Movimiento Okupa. Pero no podemos hacer mucho ruido, no se puede llamar la atención de la policía. Y entonces es cuando se produce ese momento divertido y muy gratificante que me ocurre en ocasiones en los sueños, esos momentos imposibles de vivir en otros lugares que no sean los rincones secretos de mi subconsciente. El Señor H. parece ser un personaje creado por los dibujantes de Hora de aventuras, y porque yo lo quiero, se alarga y se contrae a mi antojo, y es muy amable, el Señor H., a veces es mi padre japonés y otras veces el líder del Movimiento Okupa… en versión animada.


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