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La clínica

abandono

Surrealista cabría añadir. He pensado un buen rato cómo nombrar el lugar con el que soñado esta noche. Me he decidido por clínica, pero… ha sido algo más.

Porque para empezar no se accede a ella de manera normal: está en otra dimensión. Mi sueño de hoy ha comenzado con una excursión de un grupo de niños de unos diez años a un bosque. En el bosque se han puesto a jugar al escondite entre unas ruinas. Uno de los chicos se ha sentado sobre una piedra (podría ser una mesa, una lápida, algo rectangular). La piedra se ha vestido con un mantel que me ha recordado la casulla de un sacerdote y entonces sí, el chico ha accedido a otra dimensión, a la clínica.

Comentaros que el cuerpo pesa más ahora y, aunque es un niño de diez años quien ha accedido a la clínica, soy yo quien nota ese peso. Por eso creo que mi subconsciente ha decidido liberarlo de esa sensación y el niño ha cambiado de sexo y edad. Ahora pasea por la clínica una chica, adolescente, con rasgos asiáticos. Viste un camisón de hospital, verde y, salvo el peso de su cuerpo al andar, la dificultad de llegar a alguna parte, su aspecto es bueno, sano,  su cara alegre.

Hemos llegado (siento que mis brazos tiran de ella) a una sala con luces fluorescentes. Exponerse a esa luz le resta el fastidioso peso. Ya hemos terminado, podemos salir de la clínica. Siento que soy el niño de diez años y acompaño a la niña fuera. Por el camino de vuelta nos cruzamos con otros niños de diferentes edades, con batas verdes, semitransparentes. ¿Son niños que han conseguido salir, no? Mi subconsciente me transmite cierto optimismo.

De nuevo ruinas, bosque, una excursión.

Normalmente no tengo necesidad de explicar mis sueños. Generalmente porque en el fondo lo tengo más o menos claro, y si no, no me importa. Con este sueño sólo me ha rondado todo el tiempo una pregunta: ¿Era ese niño la llave?

 

 

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Combustión espontánea

fuego

¿Os habéis preguntado alguna vez si es real o posible la combustión humana espontánea? Yo tampoco. Pero esta noche he soñado con este fenómeno extraño.

Supongo que si alguien arde por dentro no sobrevive, pero en mi sueño una amiga ha sido objeto de este desagradable suceso, y se recupera de sus heridas en el hospital. Parece muy grave, no obstante.

He estado toda la noche con mis idas y venidas a un hospital ciertamente muy bonito, de los que casi podrían salir en una revista de decoración. Recuerdo mucho blanco y un jarrón de cristal con flores. Y a cada visita la situación era menos traumática; comenzamos con la combustión espontánea para pasar a unas pequeñas quemaduras por tomar el sol.

Y así he terminado mi sueño, con mi amiga en la playa tomando el sol. Y protección solar máxima, por supuesto.

Que mal me sienta el calor.

 

 


De mal humor

Unos renos pequeños esperándome en la puerta. Renos de verdad. Una comadreja en la parte de atrás, retorciéndose cual serpiente (recordemos mi ofidiofobia). No puedo entrar si estos animales tan comunes en la ciudad donde vivo, renos y comadrejas, me acechan. Esto me pone de mal humor.

Una comida interminable en la que interrumpen, a cada momento, conocidos míos, pero esos conocidos que en realidad poco te importan, que quieren brindar. Brindan por tu nuevo bebé, que se llama Sol, o Victoria, Olivia quizás. Yo sólo quiero irme a dormir la siesta con mi bebé imaginario. Esto me pone de mal humor.

Tener que llevar al hospital a un amigo tuyo que te asegura que le han envenenado: “Porque me siento ahumado, como el salmón, y eso es muy raro”. Si yo te contara las cosas que sueño no creerías que es tan raro. Al fin y al cabo en el hospital de mis sueños no hay médicos, sino ahumadores profesionales esperándonos con cara de satisfacción. Empiezo a estar de muy mal humor.

Menos mal que al final de la noche he conseguido cortar y pegar. Selecciono un trozo de texto de un documento, le doy a Ctrl+C. Luego voy a otro documento y ¡zas!, si le doy a Ctrl+V aparece el texto por arte de magia. ¡Con qué poco me conformo para ponerme de buen humor!

 


Pesadillas

1. Entro en una habitación, es un decorado. El decorado es de papel, y yo me convierto en papel, en una figura de papel. Entonces puedo mirar detrás de las paredes; hay fotos escondidas, me deslizo sobre ellas y entro en una cueva. Salgo de nuevo, estoy en el decorado, abro una ventana pero no hay nada; el papel se convierte en hormigón. Una luz me susurra, las luces pueden susurrar y provocarte frío en la nuca, porque son fantasmas. Un fantasma de luz y papel me quiere revelar algo, pero no logro escucharle, estoy demasiado asustada, se me ha erizado la piel.

2. Le han amputado las manos pero lo lleva muy bien. Es admirable cómo lo ha aceptado; tenemos que aprender de ella. No hay nada que la pare, aunque a veces sangra. Pero nos ha preparado una cena en su casa y todo lo ha hecho ella. Puede cocinar sin manos. Le han implantado unas manos nuevas pero a veces sangra.

3. Por la noche no se puede hacer una mudanza, es difícil mover los muebles a oscuras. Pero todos parecen convencidos de que es lo mejor: “Todos” es todo el pueblo; han venido a ayudarnos con el traslado. Pero no mueven nada, no embalan cajas, sólo esperan, esperan al huracán que nos llevará muy lejos.

4. Si le hubieran quitado el suero de la cabeza podría haberse desplazado con mayor rapidez; habría escapado de aquello, pero yo no puedo correr por los dos. Los pasillos de ese hospital son más estrechos de lo normal, y los cables de la anestesia se alargan y se enredan. Si le hubieran quitado el suero de la cabeza le habría salvado, pero su paso es cada vez más lento, se tropieza, ya no me llega su voz.

5. Quinto punto para decir que me he despertado exhausta.


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