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La montaña mágica

hotelbudapest

Que digo yo que a Thomas Mann desde el otro mundo y a editores varios no les importará que copie el título para este post.

Es que hoy he soñado con una montaña, y era mágica. Se componía de una suerte de pasadizos a modo de parque temático. La montaña-parque temático-hotel. Una pesadilla para mí si estoy despierta porque no soy muy amiga de islas mágicas, warners y eurodisneys o similares.

Pero ser huésped de la montaña mágica ha sido entretenido, chulo, y muy raro. Uno de los pasadizos parecía un arroyo, al salir, una fila de niños te felicitaban por haberlo cruzado; uno de ellos era un dispensador de jabón humano, le tocabas la nariz y salía jabón de manos. Muy práctico para quitarte el lodo del arroyo y pasar a otro pasadizo.

En la montaña mágica hay cielo, aunque estés dentro de ella, y hay sol y pájaros volando. Eso lo he observado mientras me llegaba un sobre de manos de un chico, un botones que se parecía a Zero (“El Gran Hotel Budapest”). En el sobre hay una nota con una invitación fascinante, la posibilidad de acceder a una excursión a cualquier parte del mundo que dura dos días. Aunque elijas un destino lejano te trasladas, mágicamente, en un segundo.

Hay varias opciones para elegir: un recorrido en barco por el canal de Panamá, un viaje en globo por alguna parte de Irlanda (visualizo verde y costa), incluso visitar la Atlántida como lo hicieran Pierre Aronnax y el capitán Nemo en “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

Yo quiero consultar con mi marido la mejor opción, pero no lo encuentro y, mientras lo busco, me voy quedando sin opciones porque otros huéspedes reservan su excursión. Al final sólo puedo acceder a un tour por una caseta de feria typical spanish. ¿En serio?

Sueños relacionados:


Albert Rivera y los Suajilis

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Mucho he tardado en soñar con Albert Rivera. Teniendo en cuenta que ahora, por ser “presidenciable”, lo veo en todas partes, o que por verlo en todas partes es “presidenciable”, era cuestión de tiempo soñar con él. Qué poco me gusta por cierto la palabra presidenciable, pero no se me ocurre nada mejor.

Albert, Alberto, no sé cómo se dirá su nombre en suajili, pero con suajilis nos hemos topado esta noche Albert y yo. Supongo que necesito viajar y mi subconsciente me ha llevado a Kenia esta noche. No he podido disfrutar del paisaje, del país, de su gente, de nada. Me acompañaba el presidenciable. La relación con el político un misterio, creo recordar que viajábamos en el mismo avión y nos hospedábamos en el mismo hotel. Y el resto del viaje se me ha pegado como una lapa y me ha ido contando su programa electoral. Me encanta escuchar a Albert Rivera, pero en pequeñas dosis, y desde luego no me gusta escucharlo contemplando un atardecer africano.

En alguna expedición para integrarnos de lleno en la cultura suajili (si es que esto sucede, porque no ha sido un viaje convencional sino soñado) tenía a Albert Rivera en mi cogote hablándome de la llamada que esperaba de Rajoy. Al rato un amable autóctono le ha tirado el maldito móvil al río Mara para hacerlo callar.

Algún día viajaré a Kenia.

La foto que ilustra este sueño es de Kondoa, en Tanzania, pero refleja a la perfección lo poco que he podido ver en mi visita a África.


Microsueños

Últimamente tengo sueños cortos, como muchas veces sin sentido, otras razonablemente relacionados con mi subconsciente. Todos ellos microsueños que me divierten en la mayoría de los casos, por su absurda ocurrencia, por su capacidad de sorprenderme, por su corta duración:

– Ir a París dando un paseo desde mi casa no está mal. Teniendo en cuenta que vivo en Sevilla descubrir que París está tan cerca es algo muy excitante y organizo una excursión con toda mi familia. Pero ellos no me quieren acompañar.

– En uno de mis sueños he encontrado a un fisioterapeuta al que le cuento que me sigue doliendo mi lesión de hombro y, ni corto ni perezoso, me quita todos los huesos de mi cuerpo (indoloro pero raro) y me dice que me olvide de ellos, que no los necesito.

– He pasado muchos nervios cuando me he presentado a un concurso de talentos y he hecho un baile penoso ante un jurado presidido, no me preguntéis por qué, por unos personajes disfrazados con máscaras venecianas. Supongo que la superpoblación de “talent shows” en televisión y las últimas noticias del pánico escénico de Pastora Soler y Joaquín Sabina han tenido que ver con haber soñado algo así.

– Lo que me provoca mucho vértigo es acudir a un hotel al que se accede a las diferentes plantas escalando. Para bajar, caída libre gracias.

– Y nervios y vértigo a la vez me provoca colarme en un concierto de Alanis Morissette (¿dónde te metes?) e interrumpirla en medio de un concierto aludiendo a mi destreza (soñada) con el violín. Quiero tocar el violín junto a sus músicos y convencerla de que la cartulina con la que me he fabricado las entradas valen igual que las oficiales. Les he puesto purpurina y todo.

Yo sé por qué he soñado con Alanis. Después de mucho tiempo he recuperado un CD de su MTV Unplugged que he escuchado millones de veces.  Y lo pongo en el coche a todo volumen, y canciones como Uninvited, I was Hoping, o That I would be Good, además las grito junto a ella.

 


Mi piso de estudiantes

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Lo habréis oído en ocasiones, hay que pasar por esa experiencia, hay que vivir en un piso cuando estudias una carrera porque es una experiencia inolvidable. Yo lo he vivido, dos años, lo pasé muy bien, lo recuerdo, con mi inseparable Eulalia, y Christine, y Sonsoles y Silvia y Bea. Eulalia y yo estudiábamos Periodismo; éramos unas idealistas, perfil clásico de estudiante de periodismo curioso, inquieto, entusiasta, enamorado de la profesión. Ya no tenemos casi contacto, pero sé que sigue siendo ese tipo de periodista.

Esta noche he soñado con mi piso de estudiantes. Era un piso de alquiler, y muchos otros estudiantes habrán pasado por allí, pero en mi sueño seguía reservado para nosotros, para cuando quisiéramos visitarlo, para cuando quisiéramos visitar la ciudad. Estudié en la Universidad de Navarra, en la Facultad de Comunicación y, pese a que sigo al día de las novedades, publicaciones y noticias de la Facultad, no he puesto un  pie en Pamplona desde que me licencié, hace más de quince años. Pero a veces paseo por aquellas avenidas y por el Campus en mis sueños. En esta ocasión he tenido la posibilidad de “pernoctar” en el piso, pese a que nadie se encarga de su mantenimiento, por lo que he estado toda la noche preocupada por si un botiquín que me he encontrado allí tenía los medicamentos caducados. Empieza el sueño con un toque de nostalgia y acaba siendo un disparate. Después de actualizar el botiquín me he preguntado si sería muy sano cocinar con el aceite de la cocina, no fuera a ser que llevara allí intacto quince añitos. Eulalia, que digo yo que mejor me voy a un hotel.


Malamadre

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Esta noche me he escapado de mi casa. He tenido la sensación de hacer algo malo, una torpeza que se ha convertido en una pesadilla.  Porque me he ido a dormir a un hotel, con mi marido, pero me he dejado a las niñas solas en casa.

Ha sido sin querer… ya, eso no se hace, pero de verdad que no me he dado cuenta; estaba yo en el hotel tranquilamente intentando conciliar el sueño, pensando ya en el desayuno romántico que me esperaba unas horas después cuando algo remoto en mi conciencia no me dejaba dormir. Por más que le daba vueltas no adivinaba qué era lo que me tenía intranquila. Hasta que de repente, ¡las niñas!

Hay una diferencia entre “hemos dejado a las niñas en casa” y “hemos dejado SO-LAS a las niñas en casa”. De acuerdo, pueden estar durmiendo y que no ocurra nada (cuatro y ocho años) pero, ¿y si se despiertan y ven que no estamos? Y mis hijas no se parecen a Macaulay Culkin precisamente, son más bien del estilo “lloro sin más”. Todas estas cosas pensaba yo paralizada en la cama del hotel e imagino que paralizada en mi cama soñando.

Me levanto, despierto al padre de las criaturas, y le grito: “¡Las niñas!”

Hay que volver a casa antes de que noten nuestra ausencia; me cuesta arrancar pero cuando me lanzo, comienza un viaje interminable hasta mi casa a la que no termino de acercarme. No sólo quiero llegar, quiero que nadie se entere de los malos padres que somos. De manera que cuando me encuentro con personas que me interrumpen, no puedo decirles: “Perdona, no me puedo entretener contigo porque me he dejado a las niñas en casa”. Me veo obligada a ayudar a algunos camareros del hotel a terminar de preparar un catering, a mis suegros a poner una lavadora, a una amiga a ponerse un vestido ceñido, a saltar por los tejados de la ciudad de Roma, todo ello con la angustia de que no se despierten mis hijas antes de que lleguemos a casa.

Cuando llego están dormiditas como bebés, la mala madre que las parió.

Sueños relacionados:

Persecución con Ali Campbell.


Atacada con un palo de golf

Concretamente un putt (o putter), el palo que se utiliza casi exclusivamente en el green, para meter la pelotita en el hoyo. Menos mal, porque si me dan en la cabeza con un drive, no lo cuento. Estaba yo tranquilamente en mi cama cuando alguien, lo dejo en el anonimato por seguridad, se ha acercado con dicho palito escondido en la espalda. He vislumbrado el putt y he tenido los reflejos suficientes para saltar y esquivar el golpe.

– ¿Por qué me haces esto?

– No queda más remedio, es el destino.

Y yo, que en realidad estaba en la habitación de un hotel (ya sabéis, en mi casa que no es mi casa), he creído que el/la atacante quería robarme, y le he ofrecido llevarse los muebles de la suite. Pero no, no era un robo, era el destino, ser golpeada con un palo de golf.

– ¿Por qué me haces esto?

– No queda más remedio, tienes el título de la peor jugadora de golf de la historia.

– ¿Y no me salvo por ser la biógrafa oficial de Tiger Woods?

– No, eso es peor.

La suite del hotel se hace cada vez más grande y yo acabo el sueño corriendo por sus dependencias interminables para evitar ser atacada con un palo de golf, con un putt para ser más concretos.

Sueños relacionados:

Extraterrestres jugando al golf.

 


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