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¡Dientes, dientes!

dientesNo he querido parafrasear a una famosa tonadillera al titular este sueño… o sí, no lo he podido evitar. Pero yo no me refiero a enseñar dientes cual ordinario espécimen enfadado. Yo es que esta noche he vuelto a soñar que se me caían los dientes.

¿Cuántas veces lo habré soñado? Muchísimas; lo que más recuerdo es la sensación de las muelas sueltas en la boca, tener que escupirlas. Me importa poco la estética, el verme sin molares y premolares, incluso paletas. La sensación extraña es la caída, mover con la lengua una muela y que caiga en un santiamén.

Hay muchas teorías sobre por qué soñamos con este fatídico hecho: inseguridad, malas decisiones, previsión de malas noticias e incluso aviso de que algo falla en el sexo. Nada de esto parece que esté asociado a mi sentir últimamente, pero ahí está, esta noche me he quedado sin incisivos, cúspides y bicúspides.

Y mientras tanto he ido a Ikea, que se ha convertido en un parque de atracciones. ¿La temática? La deco, claro está. En una de sus mesas Hemnes había niños celebrando un cumpleaños, rodeados por un globo gigante de E. T. dando vueltas por la estancia. Ahí he escupido yo el primer premolar. También podías ver una película acomodado en sillones Ektorp. No sabía cómo sentarme y me he resbalado; me he partido la paleta en el aterrizaje. Muy divertido el parque Ikea, con talleres para crear tus propios peluches, cursos de cocina… por el restaurante mejor no me acerco.

Al despertarme esta mañana me he ido casi volando a mirarme en un espejo. Todo en su sitio, pero qué necesidad de beber agua y escupir…

 

 

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Pesadilla poco confortable

PULPO

Esta noche he perdido los cojines de mi casa. Yo no los he perdido, porque soy muy ordenada, pero han desaparecido. No me importaría, os confieso, que me ocurriera algo así, porque a veces me dan ganas de tirarlos por la ventana y renovar.

Pero también han desaparecido los de los sofás, y las almohadas. No nos podemos sentar, y dormir tampoco. De manera que he tenido que salir en busca de los cojines, porque eso es lo que se hace en los sueños, cambiar de escenario y esperar a que salgan en escena. Y los cojines han aparecido en una playa, custodiados por unos pulpos gigantes que duermen apaciblemente mientras toman el sol. Duermen, apaciblemente, pero son una auténtica amenaza. Pulpos gigantes, bestias capaces de engullirte de una atacada si intentas cogerles algún cojín.

Me acompaña mi hija Martina que, pese a mis advertencias, quiere tocar a los pulpos, se acerca a ellos, corretea a su alrededor, se tumba a su lado, y se acomoda en una almohada rellena de plumas de oca… ¿Que si se han despertados las bestias? No lo sé, he huido de allí aterrada, con mi hija en brazos protestando, y hemos puesto rumbo a Ikea.


La “solucionadora de problemas”

No hay nada más gratificante que trabajar para ayudar a los demás. Pero claro, en un sueño, no sientes gratificación sino cierta angustia por superar las trabas que van surgiendo. Me explico, hoy me he convertido en becaria de una compañía “solucionadora de problemas”. No sé si suena raro pero así ha sido y ése era el nombre. Lo gracioso es que me he enterado de que necesitaban a alguien, a un becario, mientras me tomaba un refrigerio en una cafetería llamada Ikea. Una Ikea hecha a la medida de mis sueños, una tienda de decoración pequeñita, cafetería, pub, club deportivo y lo que hiciera falta.

“Yo me ofrezco, quiero solucionar problemas como la que más”. Entonces me presento ante la compañía, y casi sin preguntarme el nombre me envían a Vietnam, a la guerra de Vietnam, a trabajar de voluntaria: “Es un pequeño entrenamiento, viajas en el tiempo y nos cuentas tus impresiones”. La experiencia, buenísima, nada estresante. El siguiente paso es viajar a un país indeterminado y evitar que me corten los brazos, a mí y a todo aquel al que pueda, valga la redundancia, llevar en brazos. Suena duro, de hecho las imágenes que tengo todavía en mi cabeza lo son, pero he rescatado a muchas personas de los hachazos sin grandes problemas. Más tarde debía cargar con una bicicleta estática en una mudanza; bien, la bicicleta algo pesada, pero bien. Pero por donde no he pasado es por el estrés de tener que escribir informes en un sistema diferente al Word. He tocado todas las teclas del ordenador y, cuando he comprendido que era incapaz de abrir un documento nuevo, les he dicho a los de la compañía: “Ahí os quedáis”.


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